La nueva transición: ‘regeneración económica’

IDEAS ANTE LA CRISIS | Proyectos de ‘regeneración económica’Transition Towns nació como respuesta al consumo energético
El movimiento comunitario tiene ya presencia en 34 países
Ahora abarca desde la autonomía alimentaria, a movilidad urbana o dinero local
‘Si esperamos a que actúen los Gobiernos, será demasiado tarde’
Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres
15/04/2012

Digamos que Hopkins oteó la crisis en los tiempos de las vacas gordas. Y aunque los primeros reclamos de Transition Towns fueron el cambio climático y el ‘pico’ del petróleo, el mensaje ha evolucionado ahora hacia la “regeneración económica”, empezando por lo que tenemos más cerca.
Rob Hopkins no inventó la palabra ‘transición’, pero casi. A su gentil manera, sin prisa pero sin pausa, desde un pueblo de 7.000 almas en el suroeste de Inglaterra llamado Totnes, este espigado profesor de permacultura ha puesto en marcha una silenciosa revolución que se despliega ya por 34 países y está empezando a dar una vibrante cosecha de cambio económico, energético y social al cabo de seis años.

“El sistema con el que funcionamos se encuentra en un callejón sin salida”, sostiene Hopkins. “Y el problema es que no tenemos ninguna alternativa válida sobre la mesa. En el movimiento de Transición estamos intentando crearla con un abanico de acciones: planes de descenso de consumo energético, cooperativas de energía solar, proyectos de agricultura urbana, apoyo a las economías locales, monedas complementarias. No tenemos todas las soluciones, pero al menos las estamos buscando”.

“La visión de otro mundo posible y mejor es totalmente necesaria. Es algo que te pones delante de los ojos y hacia lo que caminas.”
Rob advierte que, más que un movimiento, Transición es un “experimento”. Nada está escrito en piedra, y la única convicción que une a los ‘transicionistas’ es esta: “Si esperamos a que actúen los Gobiernos, será demasiado tarde. Si tomamos la iniciativa en solitario, será demasiado poco. Pero si actuamos comunidades, posiblemente será suficiente y a tiempo”.

En España, el “experimento” está a punto de dar un gran paso: del 20 al 22 de abril se celebra en Zarzalejo (Madrid) el Primer Encuentro Ibérico de Transición, bajo el lema ‘Construyendo el futuro que queremos’. El documental ‘In Transition 2.0’, que será presentado durante el encuentro, da testimonio del efecto multiplicador en los puntos más remotos del planeta: de Nueva Zelanda a India, pasando por Japón, Brasil o Italia (con el ayuntamiento de Monteveglio adoptando públicamente la primera y firme “resolución de transición”).

Una de las calles de Totnes. | Foto: C.F.
En Gran Bretaña, las ramificaciones del movimiento son cada vez más palpables. Tan sólo en Londres hay más de 40 grupos conectando los grandos barrios y promoviendo iniciativas de autonomía alimentaria, movilidad urbana o dinero local, como la emblemática ‘libra de Brixton’. En mayo, una ciudad de medio millón de habitantes, Bristol, dará un tremendo impulso con la adopción de la nueva divisa electrónica y complementaria que aspira a convertirse en el motor de la economía local.

“Experimentamos haciendo: no esperamos a que nadie nos dé permiso”, advierte Ben Brangwyn, co-fundador del movimiento. “No tenemos una receta mágica para el cambio, y hemos comprobado que la misma fórmula no sirve en todas las partes del mundo. Pero la red se está propagando cada vez más rápido. Del intercambio de experiencias está surgiendo un poder transformador que antes no teníamos”.

Una nueva economía

Totnes, por cierto, es un pueblo bucólico pero no ‘utópico’ en la campiña de Devon. “Todavía hay coches por las calles y no tenemos a las cabras pastando en los tejados verdes”, bromea Frances Northrop, al frente del grupo local de Transición. “Los cambios son lentos, pero el proceso está en marcha y hemos implicado a las autoridades locales. Las placas solares empiezan a ser ubicuas y el plan de descenso de consumo energético se consumará en 2030. Con Transition Streets hemos embarcado en el cambio a gran parte de la población, calle a calle, casa a casa. Y ahora contamos con el impulso de los comercios locales, que son el auténtico motor de nuestra economía”.

“Necesitamos una nueva economía que funcione para la gente y para el planeta”, retoma el hilo Rob Hopkins, artífice de la nueva cultura de la transición. “Empezamos como una respuesta directa al cambio climático y al pico del petróleo, pero el mensaje se ha ido enriqueciendo y afecta ahora a todo eso que llamamos ‘resiliencia’ desde lo local… Cómo reconstruir las economías, cómo respaldar a los emprendedores y crear empleo, cómo aspirar a una mayor igualdad”.

Ben Brangwyn, de Transition Towns. | C.F.
Aunque puestos a indagar en lo que moviliza a la gente, más allá de los mensajes de urgencia ecológica o de regeneración económica (tanto da), la respuesta es así de simple: la necesidad de conectar. “Es algo que hemos podido comprobar en todas las partes del mundo”, admite Hopkins. “La gente quiere conocer a sus vecinos, sentirse parte de algo, compartir inquietudes y vislumbrar soluciones”.

“Pero los cambios más profundos requieren tiempo y paciencia”, advierte Rob Hopkins, que puso en práctica su “experimento” en Totnes en 2006, cinco años después de haber urdido su primer plan de ‘transición’ para Kinsale (Irlanda), cuando ni siquiera se había “acuñado” aún la nueva dimensión del término.

“Transición: pasaje de un estado a otro, período de transformación”. Le contamos a Rob el significado claramente positivo -de la dictadura a la democracia- que el término tiene en España. La palabra adquiere un nuevo y poderoso significado ahora, en tiempos de crisis, “aunque cada país y cada cultura lo está adaptando a su manera y con sus propios ingredientes”.

Hopkins advierte sin embargo del riesgo de tomarse la Transición como un acto de fe: “Cuando empezamos acuñamos los doce pasos, pero ahora hemos dejado atrás esa aproximación porque era demasiado rígida y había quienes lo interpretaban como si fueran los doce mandamientos. No hay siquiera una guía, en todo caso un ‘Compañero de Transición’, y así es como hemos titulado el nuevo libro que recoge las experiencias en todo el mundo”.

Empezar. Profundizar. Conectar. Construir. Esos son en todo caso los cuatro pasos que recomienda Hopkins a quienes se atrevan a iniciar este viaje que ha de tener, eso sí, una meta tan deseable y apetitosa como un pastel de chocolate. “La visión de otro mundo posible y mejor es totalmente necesaria. Es algo que te pones delante de los ojos y hacia lo que caminas, aunque por momentos pueda parecer imposible”.

Músico en las calles de Totnes. | Foto: C.F.
Le preguntamos finalmente al fundador de Transition si esa “visión” no está tardando acaso demasiado tiempo en cuajar, si no hemos desperdiciado ya demasiadas oportunidades para cambiar a tiempo. “Está claro que la transición tenía que haber empezado mucho antes, yo diría que en los años ochenta. Pero en el fondo soy un gran creyente en el espíritu humano. Creo en la capacidad de la gente ordinaria de hacer cosas extraordinarias en momentos realmente ‘extraodinarios’ como este”.

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