La huella ecológica de Walt Disney

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ABC. Emili J. Blasco, Londres

Normalmente han sido tenidas por sensibleras y dulzonas, pero las películas de dibujos animados de Disney han constituido una sólida palanca a la hora de edificar la conciencia social en favor de la protección del medio natural. Un estudio de la Universidad de Cambridge considera que, lejos de haber supuesto un “escapismo” de los problemas del mundo, películas como “El libro de a selva”, “Blancanieves y los siete enanitos” o “Cenicienta” han extendido entre las últimas tres generaciones el anhelo del conservacionismo natural.
David Whitley, autor del estudio, publicado como libro con el título “The Idea of Nature in Disney Animation”, cree que una de las películas con más influencia fue “Bambi”. Estrenado en 1942, este filme ha sido señalado por varios activistas del ecologismo como aquello que por primera vez les hizo interesarse por el medio ambiente.

“Las películas de Disney han sido criticadas con frecuencia por irreales y por complacer el gusto popular más que desarrollar el medio de la animación de un modo que provoque más el intelecto -escribe Whitley-. En realidad, esos filmes nos han enseñado de forma muy variada cómo tener un respeto fundamental por la naturaleza. Algunos de ellos han constituido la base emocional para el activismo medioambiental. Durante décadas, los dibujos de Disney han suministrado a los niños potentes fantasías, haciéndoles capaces de explorar cómo se relacionan con lo natural”.

El estudio de Whitley, profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Cambridge, se centra en dos periodos de la historia de Disney. El primero va de 1937 a 1967, cuando la compañía estaba dirigida por Walt Disney; el segundo, de 1984 a 2005, cuando el responsable fue Michael Eisner.

Bajo la tutela del fundador la factoría Disney produjo sus clásicos, de “Blancanieves y los siete enanitos” (1937) a “El libro de la selva” (1967). Según Whitley, se trata de películas “pastorales” en las que el mundo natural es retratado como idílico y al mismo tiempo como un retiro vulnerable frente a la amenazante civilización. Con Eisner, con quien se llevaron a cabo títulos como “Pocahontas” (1995) y “Buscando a Nemo” (2003), las películas se hicieron más complejas, sugiriendo que las personas y la naturaleza pueden coexistir si la gente respeta el mundo salvaje y se da cuenta de su lugar en el orden natural.

“El arte popular con frecuencia hace más de lo que pensamos en la formación de nuestros sentimientos y nuestras ideas acerca de ciertos temas. Disney nos ha dicho más acerca del medioambiente y de la manera de relacionarse con él de lo que tendemos a aceptar”, según el autor del estudio.
Todas las películas tienen un mensaje reincidente, con variantes de unas a otras. De acuerdo con Whitley, ese mensaje sería el siguiente en algunos de esos títulos:
Blancanieves (1937). El emplazamiento en el bosque da a la audiencia la sensación de integridad y marca la separación entre la naturaleza y el mundo de los humanos, que es mostrado como opresivamente desequilibrado. Presenta también un modelo: cómo los seres humanos pueden proteger la naturaleza e incluso poner orden en ella.

Bambi (1942). El idílico reino de la naturaleza es vulnerable a las incursiones humanas. La relación entre los animales da al espectador la sensación de ser un testigo privilegiado en medio de la vida propia del medio natural, creando con ello una empatía entre la audiencia y la imagen arquetípica del mundo natural. Se sale de ver la película con el sentimiento de que debemos algún tipo de lealtad a la naturaleza.
Cenicienta (1950). La relación de Cenicienta con un extenso submundo de animales amigos demuestra que es amable y buena. Los animales ayudan a subvertir la autoridad de la opresiva civilización humana, que se ha separado de la naturaleza y que está representada por las ominosas hermanastras. Frente a ellas, Cenicienta es una “amorosa pastora” que protege a los animales.

El libro de la selva (1967). Mow-gli, el niño encontrado por la pantera Bagheera, no sólo muestra su aspiración de proteger el reino animal, sino también su deseo irrenunciable de formar parte de él.

La Sirenita (1989). Sugiere una básica división entre los seres humanos y el mundo natural que, al menos parcialmente, puede ser superada. La película persuade a los espectadores de que el mundo humano y el natural son comparables y equivalentes.
Pocahontas (1995). La decisión de la india Pocahontas de quedarse entre los miembros de su propia tribu enseña que el mundo natural no está ahí para que la civilización se aproveche de él. La reconciliación, históricamente incorrecta, con los colonos británicos implica que nuestra ruptura con la naturaleza puede ser superada.

Tarzán (1999). El impacto humano en el medio ambiente es visto como especialmente destructivo en el intento del cazador de gorilas Clayton de explotar el mundo natural para obtener ganancia económica.

Buscando a Nemo (2003). El tema recurrente de dejarse llevar por el instinto de protección, como le ocurre a Marlin, el pez padre de Nemo, muestra uno de los riesgos de la propia naturaleza. La película nos anima a tolerar la libertad con todos los aspectos no tan buenos que en ocasiones conlleva. El filme no une el medio humano y el natural, pero transmite un estado de interacción con resultados tanto positivos como negativos, sirviéndolo como una fábula de nuestros días.

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