Vino ribera del Támesis

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Natura

8 de marzo de 2008
Por Gustavo Catalán Deus
Deme un blanco del Támesis, por favor”. Suena raro, ¿no? Pero será una realidad dentro de una década a consecuencia del cambio climático. Las alarmas ya han sonado entre los bodegueros españoles que han comenzado a estudiar variedades de uva que sean capaces de sobrevivir a los calores y al intenso sol que se predice para la piel de toro a medio-largo plazo.

Y no sólo será el vino. También podría ocurrir con el aceite de oliva, pues en el Reino Unido han comenzado a plantar olivos procedentes de la Toscana italiana para conocer su comportamiento en un clima que tiende a ser más caluroso y menos húmedo. Ver los pequeños olivos plantados en hileras en un condado inglés como muestra el reciente documental de National Geographic, “Seis grados que podrían cambiar el mundo”, da auténtico vértigo.

Porque si la vid “ya se produce vino y champán en el sur de Inglaterra” y el olivo logran acomodo en esas tierras, también lo serán la mayoría de las hortalizas, frutas y verduras que hoy producimos y exportamos a Europa en millones de toneladas. Y si eso es posible en el Reino Unido, también será posible en otros puntos del norte de Europa, con lo que el sector debe empezar a contemplar la nueva competencia. Estas señales del cambio climático van en consonancia con otras muchas que se vienen haciendo públicas, pero que la gente piensa que son cosa del mañana o del vecino. No hace mucho hemos conocido que el calentamiento obligará a las aves del continente a mudarse de territorio 550 kilómetros hacia el noreste para final de siglo. Es decir, medio centenar de kilómetros por década, de media. Las aves pueden cambiar su hogar por su capacidad de volar, pero las viñas y los olivares están muy arraigados en la tierra … y en nuestra cultura.

Un estudio de la Universidad del Sur de Oregón (EEUU) ha detectado que en 27 regiones vitivinícolas españolas la temperatura ha subido una media de 1,2ºC. El calor y la falta de lluvia ha adelantado la vendimia 10 días. Los bodegueros españoles con más visión ya se han puesto manos a la obra. Por ejemplo, las bodegas Torres han empezado a ensayar con variedades de uva más resistentes a los cambios, a comprobar los impactos con una mayor concentración de CO2 en la atmósfera y a sembrar a más altitud. Al igual que Torres, varias decenas de prestigiosas bodegas han iniciado estudios.

Habría que tomar ejemplo de los viticultores y empezar a pensar en la adaptación a los nuevos tiempos. Aunque antes habría que tratar de mitigar el calentamiento, porque no es lo mismo lo que se nos viene encima con esos dos grados de más que son inevitables, que si la subida sobrepasara los tres, cuatro o cinco grados a los que ni los viticultores podrían adaptar sus uvas.

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