¿Qué educación habría que dar a nuestros gobernantes?

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8 de diciembre de 2008.- El problema del cambio climático es algo que asusta a los que lo estudian, pero, claro, deja indiferente a los que no saben casi de nada, mas que, quizás, de hacer dinero.

El viernes publicaba El Mundo, en su sección de Ciencia del periodico impreso, que el Sr. Berlusconi piensa que frenar el cambio climático le puede “costar” a Italia el 1.14% de su PIB.

El problema es que el Sr. Berlusconi no sabe de qué está hablando. Es el mismo problema que el de muchos economistas mediocres y empresarios, que definen la empresa, por ejemplo, una empresa de coches, como algo, no para hacer coches, sino para hacer dinero.

En primer lugar, es de sobra conocido, y reconocido por los mejores economistas, que el PIB es un indicador económico que no dice casi nada, un indicador económico que se diseñó hace un montón de décadas y que no indica la realidad económica de ningún grupo humano. Como muestra, dos botones: el PIB americano subió tras el huracán Katrina, y aumentó sustancialmente en las dos guerras mundiales. Según ésto, el Sr. Berlusconi debería, para aumentar el PIB de Italia, tratar de estimular las erupciones del Vesubio e impulsar nuevas guerras.

En segundo lugar, el Sr. Berlusconi habla del “coste”. ¿Qué quiere decir que las acciones para frenar el cambio climático pueden costar a Italia el 1.14% de su PIB? Frenar el cambio climático es estimular, a toda prisa, la puesta en marcha de nuevas tecnologías. La consecuencia de esto es el aumento sustancial de la riqueza real de un país, aunque quizás genere la reducción de beneficios de aquellas empresas que insistan en mantener tecnologías obsoletas.

Es claro que, en la Inglaterra del siglo XIX, los tejedores manuales perdieron dinero cuando se implantaron los telares mecánicos, pero a cambio aumentó de manera radical la riqueza de una enorme capa de la población inglesa. Es claro, también, que la puesta en marcha, en España, de nuevas tecnologías en los años 60 nos sacó de la miseria, aunque, es claro también, disminuyó de manera sustancial las ganancias de algunas empresas basadas en tecnología obsoleta.

Se habla, en el artículo que cito, del “miedo” de algunos en Europa a la “fuga” del carbón; de que algunas empresas lleven su producción a lugares más permisivos. ¡Pues que la lleven! Si lo hacen así dejarán sitio para que en Europa se desarrollen empresas innovadoras, las únicas que nos pueden permitir competir con la mano de obra barata de otros sitios. Es preciso que se reconozca, de una vez, que no podemos insistir en tecnologías obsoletas, que tenemos, de una vez, que ponernos a innovar.

Frenar el cambio climático significa aumentar la riqueza de los ciudadanos de los países, aunque quizá suponga la disminución de beneficios de algunas (pocas) empresas que, de cualquier forma, pueden, si quieren, invertir en modernizarse.

El problema es que muchos libros de texto de economía definen una cierta riqueza como equivalente al beneficio empresarial, y coste como aquello que lo disminuye. Si se cambia la definición de riqueza a la suma de aquella que tengan los ciudadanos, es claro que si ésta aumenta, aumenta la riqueza de los países, independientemente de la subida o bajada de los beneficios empresariales (que por otra parte aumentan cuando aumenta la riqueza del país).

Es algo que descubrió Henry Ford a principios del siglo XX, y que hay quienes se esfuerzan una y otra vez en olvidar.

Pues bien, para gobernar un país se debería exigir la mas amplia experiencia, no en ganar votos, sino en haber gobernado bien otras instituciones del mismo, empresas, ayuntamientos, organismos públicos y privados, y demostrar la capacidad de entender de un considerable montón de disciplinas. Es claro que la parálisis que demuestran algunos gobernantes a uno y otro lado de nuestro mundo ante la crisis financiera se debe a la ignorancia, al no saber qué hacer. Y ese saber que hacer debe ser del propio gobernante. No sirven ni asesores ni comités pues, casi por definición, un comité tendrá opiniones encontradas y solo se pondrá de acuerdo en unos mínimos inanes, de la misma forma que lo hará un equipo de asesores.

¿Podemos educar a nuestros gobernantes?

Antonio Ruiz de Elvira es catedrático de Física en la Universidad de Alcalá.

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