Desconcierto ante La Niña

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Por Daniela Estrada*

Mientras el episodio climático de La Niña se disipa lentamente en el océano Pacífico ecuatorial, sus consecuencias locales sorprenden a expertos de los países más afectados.

SANTIAGO, 10 mar 2008 (Tierramérica).- Todavía cuesta prever los efectos locales del fenómeno climático de La Niña, responsable de catastróficas inundaciones en Bolivia, Ecuador, Perú y Argentina y de una grave sequía en Chile. Ya hay casi un centenar de muertos y millones de damnificados.

La Niña y El Niño son las fases extremas de un fenómeno oceánico-atmosférico conocido como “El Niño Oscilación del Sur” (ENOS), que ocurre en la zona ecuatorial del océano Pacífico con una frecuencia de entre dos y siete años, impactando en muchas regiones.

La Niña se caracteriza por el enfriamiento atípico de las aguas superficiales del mar y el incremento de los vientos alisios, que viajan de oriente a occidente sobre la franja del Ecuador. El Niño, más estudiado, posee características opuestas: calentamiento de las aguas y debilitamiento de los vientos alisios.

La Niña suele provocar lluvias intensas en Colombia, Ecuador, el altiplano de Bolivia y Perú y el noroeste argentino, y déficit pluviométrico en Uruguay, sur de Brasil, noreste de Argentina y centro de Chile.

Según el jefe del Departamento de Meteorología y Climatología de la gubernamental Dirección Meteorológica de Chile, Jorge Carrasco, el actual episodio de La Niña se inició entre mayo y junio de 2007 y se espera concluya entre junio y agosto de este año, para ingresar a un periodo neutro.

Para pronosticar el comportamiento de los eventos cálidos o fríos de ENOS se cuenta con los registros históricos y los modelos climáticos estadísticos y dinámicos generados en centros de Estados Unidos, Europa y Asia, que tienen gran capacidad computacional, dijo Carrasco a Tierramérica.

La información generada por estos últimos está disponible para todo el mundo a través de Internet.

“Casi todos los países (de América del Sur) tienen un conocimiento bastante cabal de la pluviometría asociada a la presencia de El Niño y La Niña en sus respectivos territorios, sobre todo Perú, Ecuador y Colombia”, aseguró Carrasco.

No obstante, “hay que tener en cuenta que la interacción de la atmósfera con el océano no es lineal y eso hace que un evento de El Niño o La Niña nunca sea idéntico a otro”, declaró a Tierramérica Rosa Compagnucci, profesora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

“Aunque se pueda pronosticar con relativa antelación y bastante certeza la ocurrencia de un evento –y en algunos casos hasta su posible intensidad– resulta más difícil determinar el impacto local”, añadió.

La Niña en curso ha tenido también una manifestación atípica en Chile. Los expertos señalan que deberían haber ocurrido lluvias en la central región de la Araucanía durante este verano, que no aparecieron. En todo el país ya se han declarado 144 comunas en emergencia agrícola por efectos de la sequía.

En Bolivia, La Niña también sorprendió a los meteorólogos, pues en vez de impactar en el altiplano –en los departamentos occidentales de La Paz, Potosí y Oruro– abrazó a todo el territorio, especialmente a Pando (norte), Beni y Santa Cruz (oriente), que ya habían sufrido duras inundaciones un año atrás por cuenta de El Niño.

“Ésta es la primera vez que hacemos un seguimiento más exhaustivo de La Niña, pues acerca de anteriores tenemos información más bien general”, dijo a Tierramérica Gualberto Carrasco, jefe de la estatal Unidad de Climatología del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) de Bolivia.

“A corto plazo es importante fortalecer el sistema de alerta temprana”, admitió el meteorólogo del Senamhi, dependiente del Ministerio de Desarrollo Sostenible y Planificación.

“Una de las dificultades que atraviesa Argentina es que el ente oficial de pronósticos, el Servicio Meteorológico Nacional, ha visto reducido notoriamente su plantel científico. Si se forman nuevos meteorólogos habrá más difusión de estos eventos de alto impacto socioeconómico”, planteó Compagnucci.

Jorge Carrasco asegura que la información generada por la Dirección Meteorológica de Chile se entrega periódicamente a las autoridades competentes. Pero reconoce que se podría hacer un mayor esfuerzo para informar de forma sencilla a la población sobre los pronósticos de sequías e inundaciones, para que ésta se prevenga mejor.

“Existe suficiente información en términos de diagnóstico y predicción (de los episodios del ENOS). Los modelos no son 100 por ciento seguros, pero en general tienen buen acierto a tres meses. Por lo tanto, hay datos disponibles para la toma de decisiones tanto a nivel gubernamental como personal”, enfatizó.

El profesor de meteorología de la Universidad de Chile, Patricio Aceituno, agregó que “hoy se discute cómo preparar programas” para adaptarse y mitigar el cambio climático causado por la humanidad. “Habría que insertar esos programas en planes permanentes de mitigación y manejo de situaciones climáticas extremas, como sequías e inundaciones”, señaló a Tierramérica.

“Sobre los cambios que van a ocurrir en los próximos 50 años (por el recalentamiento planetario) todavía hay incertidumbre, pero puedo apostar, con 100 por ciento de seguridad, que en los próximos 10 años va a haber una inundación o sequía importante”, expresó.

Los expertos chilenos advierten que sobre el ENOS actúa otro fenómeno, la “Oscilación Decadal del Pacífico” (PDO, por sus siglas en inglés), que se manifiesta durante décadas y que determinaría la frecuencia de La Niña y El Niño.

Estudios indican que la fase positiva de la PDO, que se viene manifestando desde mediados de la década del 70, está terminando. Es probable que dé paso a su fase negativa, en la cual los eventos de La Niña serán más frecuentes que los de El Niño.

Pero otras líneas de investigación plantean que desde 2008, “cuando empieza el nuevo ciclo de aproximadamente 11 años de actividad solar, irá aumentando la probabilidad de ocurrencia de El Niño, llegando a un máximo de probabilidad en 2012, año en que, de acuerdo a pronósticos de la (agencia espacial estadounidense) NASA, se espera el máximo de actividad solar”, aseguró Compagnucci.

* Con aportes de Marcela Valente (Argentina) y Bernarda Claure (Bolivia).

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