¿Un mundo nuclear feliz?

12 Giugno 2007 · Nucleare / Nuclear

Radiación, fiabilidad, reprocesamiento y redundancia.
por Karen Charman

images-2.jpg

WORLDӢWATCH | 2007

En 2006 se cumplió el 20 aniversario del mayor desastre nuclear
mundial. A las 01h23 a.m. del 26 de abril de 1986, el reactor
Número Cuatro de la planta nuclear de Chernóbil en el norte de
Ucrania explotó y ardió sin control durante 10 días, liberando a
la atmósfera 100 veces más radiación que las bombas de Hiroshima
y Nagasaki combinadas. Al menos 19 millones de hectáreas
fueron gravemente contaminadas en Bielorrusia,Ucrania
y Rusia.

Los vientos y las lluvias esparcieron la lluvia radiactiva
sobre la mayor parte de Europa, que se llegó a detectar tan lejos
como en Alaska.

Aproximadamente 7 millones de personas vivían
en las zonas contaminadas de la antigua Unión Soviética en el
momento del accidente (unos 5 millones todavía siguen allí).
Más de 350.000 fueron evacuadas y 2.000 pueblos demolidos.
Productos alimenticios radiactivos de Bielorrusia y Ucrania continúan
apareciendo de vez en cuando en los mercados de Moscú,
y agricultores de 375 explotaciones en Gales, Escocia e Inglaterra
todavía tienen que acomodarse a ciertas restricciones debidas
a la contaminación radiactiva de Chernóbil.

El equipo de operarios y los 600 hombres del servicio de incendios
de la planta, que fueron los primeros en responder al desastre,
recibieron la más alta dosis de radiación, entre 0,7 y 13 Sieverts
(Sv). Según Chernobyl.info, un centro de información de Naciones
Unidas en Internet, esto equivale a entre 700 a 13.000 veces más
radiación en sólo unas horas que la máxima dosis de 1 milisievert
a la que, según la Unión Europea, las personas que viven cerca de
una central nuclear deberían estar expuestas en un año. Treinta y
uno de aquellos que llegaron primero a la escena murieron en 3
meses.

Un total de 800.000 “liquidadores” “principalmente reclutas
militares provenientes de todos los rincones de la antigua Unión
Soviética” participaron en la limpieza hasta 1989, y las agencias
gubernamentales en Bielorrusia, Ucrania, y Rusia han informado
de que 25.000 de entre ellos han fallecido desde entonces.

En cualquier escala, Chernóbil fue una horrenda catástrofe
y se ha convertido en el icono del lado satánico de la energía
nuclear. Aún así, la controversia ha perseguido desde el principio
el debate sobre los impactos medioambientales y sanitarios de
Chernóbil. Los dirigentes soviéticos primero esperaron que nadie
se percatase del accidente y, más tarde, hicieron todo lo posible
para esconder y minimizar los daños. Como resultado de todo
ello, ha sido imposible efectuar una evaluación completa y precisa
de las consecuencias. El historiador y experto en Chernóbil
David Marples ha escrito que las autoridades de la antigua Unión
Soviética clasificaron como secreto toda la información médica
relacionada con el accidente, al tiempo que negaban que las
enfermedades entre los trabajadores encargados de la descontaminación
fueran resultado de su exposición a la radiación.

Investigadores independientes han tenido dificultades para localizar a
un número importante de evacuados y a aquellos que trabajaron
en la descontaminación; y han tenido que reconstruir las piezas
para llegar a sus conclusiones a través de entrevistas con suministradores
de material médico, ciudadanos, funcionarios en las
áreas contaminadas, otros implicados, y aquellos trabajadores
de la descontaminación que pudieron encontrar.

En septiembre del 2005, un informe sobre los impactos sanitarios
de Chernóbil del Foro ONU Chernóbil (7 agencias de la
ONU, mas el Banco Mundial y funcionarios de Bielorrusia,Ucrania,
y Rusia) asegura que sólo 50 muertes pueden ser atribuidas a
Chernóbil y que, en ultima instancia, 4.000 personas más morirán
como resultado del accidente. El informe del Foro Chernóbil reconoce
que 9 niños murieron de cáncer de tiroides y que 4.000 niños
contrajeron la enfermedad, pero establece la tasa de supervivencia
en el 99%. Se niega cualquier vínculo con problemas de fertilidad
y se estima que los problemas de salud más significativos se deben
a la pobreza, estilo de vida (por ejemplo, tabaquismo, dietas pobres),
y problemas emocionales, especialmente entre los evacuados. Marples
constata que la totalidad de la evaluación del Foro Chernóbil
constituye “un mensaje de confianza”. La realidad sobre el terreno ofrece otra imagen.

En Gomel, una ciudad de 700.000 habitantes en Bielorrusia a menos de 80 kilómetros del reactor destruido y una de las áreas más severamente
contaminadas, el documental El Corazón de Chernóbil informa de
que la incidencia del cáncer de tiroides es 10.000 veces más elevada
que antes del accidente y que, en 1990, se había multiplicado por
30 a lo largo de Bielorrusia que recibió la mayor parte de la lluvia
radiactiva.

Chernobyl.info asegura que los nacimientos con defectos
congénitos en Gomel han aumentado hasta un 250% desde el
accidente, y la mortalidad infantil es un 300% más alta que en el
resto de Europa. Un doctor entrevistado en El Corazón de Chernóbil
afirma que sólo el 15 o 20 % de los bebés nacidos en la
Maternidad de Gomel están sanos. La directora ejecutiva del Proyecto
Internacional Niños de Chernóbil Adi Roche asegura que es
imposible demostrar que Chernóbil causó los problemas: “Todo
lo que podemos decir es que las malformaciones se han incrementado,
las enfermedades se han incrementado, y los daños
genéticos se han incrementado”.

Refiriéndose a una unidad para niños abandonados, Roche añade, que “sitios como éste no existían
antes de Chernóbil, así que su propia existencia habla por si
sola.” Marples, quién ha hecho numerosos viajes a la región de
Chernóbil en los últimos 20 años, informa de que la crisis sanitaria
en Bielorrusia hoy en día es tan grave que se habla abiertamente
de una “hecatombe demográfica”.

La larga vida de los radionucleidos y el hecho de que estén
migrando a través de los ecosistemas de las regiones contaminadas
hasta las aguas subterráneas y las cadenas alimenticias, complican
aun más la tarea de predecir el impacto del desastre. Pero,
dado que la campaña global en favor de la construcción de nuevos
reactores nucleares, está cobrando impulso, es oportuno preguntarse
si otro Chernóbil puede producirse en otra parte del
mundo.

images1.jpg
Aquí no puede pasar

Nadie quiere más Chernóbiles.Pero la pregunta que hay que hacerse
es, ¿podemos garantizar ese resultado sin haber desmantelado totalmente
la energía nuclear? El Instituto de Energía Nuclear (NEI, en
inglés), que ejerce de cámara de comercio y brazo propagandístico
de la industria nuclear norteamericana, dice que un accidente del
tipo de Chernóbil es muy poco probable en Estados Unidos debido
a “diferencias clave en el diseño del reactor estadounidense, en las
regulaciones, y en la preparación para las emergencias”. La seguridad
está garantizada, dice el NEI, con la estrategia de “defensa en profundidad,”
que se apoya en una combinación de sistemas de
seguridad múltiples, redundantes, y que funcionan de forma independiente;
barreras físicas tales como el receptáculo de acero del reactor
y el clásico revestimiento de hasta 140 centímetros de cemento
reforzado con acero de la bóveda, que impediría que la radiación
escapase; un permanente mantenimiento preventivo y correctivo;
una permanente formación del personal técnico; y una supervisión
gubernamental permanente. Un argumento clave en favor de la
energía nuclear estos días es el alegato de que los reactores nucleares
son seguros y resistentes.

El parque nuclear de EE UU ha incrementado sustancialmente
su “factor de capacidad” (para un periodo dado, el rendimiento
de una unidad generadora como porcentaje del
rendimiento total posible, si fuera explotada con plena capacidad)
desde 1980.

No obstante, David Lochbaum, director del Proyecto
de Seguridad Nuclear en la Unión de Científicos Responsables
(UCS, en inglés), señala que desde el accidente en 1979 de la
Isla de las Tres Millas en Pensilvania central, 45 reactores (de las
104 unidades operando en EE UU) han sido cerrados durante más
de un año para restaurar los márgenes de seguridad. Ingeniero
nuclear de carrera, Lochbaum abandonó la industria tras 17 años
de ejercicio cuando un compañero y él fueron incapaces de convencer
a su empleador y a la Comisión Reguladora Nuclear (NRC)
de que se ocupasen de cuestiones de seguridad en la central de
Susquehanna, al noreste de Pensilvania (el problema de la central
y otros a lo largo y ancho del país fueron corregidos después
de que ellos acabasen testificando ante el Congreso).

Durante los últimos 10 años, Lochbaum ha estado en UCS revisando la
seguridad de las centrales nucleares del país y advirtiendo sobre
sus preocupaciones a la NRC. Él no comparte la confianza de la
industria en la seguridad del actual parque nuclear.

Las centrales de energía nuclear son sistemas increíblemente
complejos que realizan una tarea relativamente simple: calentar
agua para crear vapor que mueva una turbina y genere electricidad.
Lochbaum explica que los problemas de seguridad de las centrales
nucleares tienden a seguir una curva de bañera: el mayor número
sobrevienen al comienzo de la vida del reactor, luego, tras unos
pocos años, cuando la central “ha sido domesticada” y el personal
se ha familiarizado con sus necesidades específicas, los problemas
bajan y se estabilizan hasta que la planta comienza a envejecer.

La mayor parte del parque nuclear de EE UU ha entrado, o
está a punto de entrar, en sus años crepusculares. Y desde finales
de los 90, la NRC ha permitido a los reactores incrementar la
cantidad de electricidad que generan hasta un 20%, lo que excede
la capacidad para la que fueron diseñadas. Tales “incrementos de
potencia” propulsan mayores volúmenes de agua refrigerante a
través de la planta, provocando un mayor desgaste de las tuberías
y de otros equipos.

La agencia también ha otorgado exten-siones de licencias por 20 años a 39 reactores y la mayoría de los restantes se espera que las soliciten antes de que sus licencias iniciales de 40 años expiren. Al mismo tiempo, Lochbaum dice, “la NRC está recortando la cantidad y frecuencia de las pruebas de
seguridad así como las inspecciones”. Las pruebas, que antes se
realizaban cuatrimestralmente, ahora se realizan anualmente; y
aquellas que antes eran anuales, ahora sólo se llevan a cabo
cuando se cierran los reactores para el reabastecimiento de combustible,
más o menos cada 2 años.

La NRC mantiene que está suministrando una vigilancia
adecuada para garantizar la seguridad pública y prevenir accidentes
serios. Gary Holahan, un funcionario de la Oficina de
Regulación del Reactor Nuclear de la NRC, explica que la ampliación
de la potencia, que eleva la producción de energía de un reactor
entre el 7% y el 20%, requiere modificaciones de la central que
incluyan mejoras o renovación de la maquinaria, como las turbinas
de alta presión, las bombas, los motores, los generadores
principales y los transformadores. Antes de autorizar un incremento
de la potencia, señala, la NRC debe realizar una investigación
para verificar que se cumple con las regulaciones federales
y que existe “una garantía razonable” de que no se pone en peligro
la seguridad y la salud pública.

Lochbaum dice que la gestión, por parte de la NRC, de los
grandes incrementos de potencia, ilustra los problemas de su
imprevisión. En un pequeño folleto titulado “Chasquido, crepitación,
y estallido: la Experiencia del Incremento de Potencia en el
BWR (Reactor por Agua en Ebullición)”, asegura que la Unidad 2
del reactor Quad Cities en Illinois “comenzó literalmente a sacudirse
y desmembrarse en el nivel de potencia más alto”, tras haber
funcionado durante casi 30 años en la potencia asignada por su
licencia original. Una vez que el incremento fue aprobado, el
desecador de vapor desarrolló una grieta de 2,7 metros, y el componente
fue remplazado en mayo de 2005. A comienzos de abril
de este año, Lochbaum cuenta que el personal de Quad Cities
encontró una grieta de 1,5 metros en el nuevo desecador de
vapor, y todavía no saben exactamente lo que ocasiona el problema.
Después de que el problema fuese advertido por primera
vez, el fabricante General Electric (GE) supervisó 15 de sus otros
reactores de agua en ebullición en todo el mundo, que habían recibido
también un 20% de incremento de potencia, y encontró
problemas “todos relacionados con la vibración”en 13 de ellos.

A pesar de las objeciones de la Junta de Servicios Públicos de
Vermont, y de uno de sus propios comisarios, la NRC otorgó
recientemente un aumento de potencia del 20% al reactor Vermont
Yankee que tiene ya 33 años. Stuart Richards, vicedirector
de la División de Inspección de la NRC, dice que la comisión
aprobó el aumento de potencia después de que una novedosa inspección
piloto, que incluyó 11.000 horas de trabajo de revisión
técnica, no encontrase ningún problema de seguridad relevante.
“No es la edad de la central, sino la condición física de sus componentes
y la calidad del mantenimiento de las instalaciones de
la planta lo que importa”, añade. Adicionalmente, la potencia se
va a incrementar en etapas supervisadas por la NRC.

Pero nada
de esto reconforta a Lochbaum, quien señala que esta planta de
una sola unidad ha tenido un pésimo mantenimiento la mayor
parte de su vida operativa, lo que hace de ella especialmente un
pobre candidato para una práctica que, ya se sabe, somete a graves
tensiones a los reactores. Las solicitudes para el aumento de
potencia de otros 6 reactores están pendientes, y la NRC espera
otras 9 hasta 2011.

La NRC asegura estar haciendo hoy en día un buen trabajo con
la regulación de la industria, al identificar las áreas que puedan estar
más necesitadas de atención. “La agencia, y la industria en su conjunto,
durante los últimos 10 o 15 años han desarrollado cada vez
mejores instrumentos para determinar qué es susceptible de riesgo
y qué es menos susceptible de riesgo”, explica Richards. “Así pues,
en algunos casos, allí donde en el pasado habíamos requerido más
mantenimiento o vigilancia, estos requisitos son menos constrictivos
ahora, porque los componentes han demostrado ser menos
significantes. En otros casos, efectuar demasiado mantenimiento
puede ser perjudicial, porque se necesita que los componentes sirvan
a sus tareas, y no pueden ser sometidos a continuos tests hasta
el extremo de que se les cause degradación”.

Lochbaum dice que el fallo de esa lógica queda bien ilustrado
por una cuasi omisión en la planta de Davis-Besse, en Ohio.
En el año 2002 se descubrió que el ácido bórico, que había estado
escapándose del reactor durante varios años, había perforado
un orificio de 15 centímetros en la cubierta del recipiente del
reactor, dejando una fina capa de acero inoxidable abultando
hacia fuera a causa de la presión. La existencia de ácido bórico se
había detectado en la tapa del recipiente en 1996, 1998, y de
nuevo en 2000, y el personal de la NRC redactó una orden en
noviembre del 2001 para cerrar Davis-Besse durante una inspección
de seguridad. Aun así, la NRC permitió que el reactor
continuase operando hasta febrero de 2002, cuando los trabajadores
de la planta descubrieron casi accidentalmente el orificio.
Si la tapa del reactor hubiese ardido, el reactor probablemente
podría haberse fundido.

Lochbaum y el antiguo comisario de la NRC Peter Bradford
dicen que el incidente de Davis-Besse y otros indican que la agencia
parece más interesada en los intereses económicos a corto plazo
de la industria nuclear, que en llevar a buen término su misión de
proteger la seguridad y la salud públicas. Bradford apunta a un
informe interno de la NRC de 2002 que revelaba que casi la mitad
de los empleados de la NRC creían que serían penalizados si manifestaban
sus preocupaciones por la seguridad y que, de entre aquellos
que informaban de los problemas, un tercio aseguraba sufrir
acoso como resultado de ello. Varios críticos dicen que la cultura
de la seguridad de la comisión ha cambiado desde la época en que
el senador Pete Domenico “probablemente el mayor paladín de la
industria nuclear en el Congreso” dijese al presidente de la NRC
en 1998 que recortaría el presupuesto de la agencia en un tercio si
no modificaba su “actitud antagonista” hacia la industria.

Dada la situación legal y el parque de reactores envejecido,
Lochbaum teme que ocurran otros accidentes serios. Él utiliza la
analogía de una máquina tragaperras pero, en lugar de naranjas,
plátanos y cerezas, la combinación ganadora es un suceso desencadenante:
como una tubería rota, un incendio, un fallo en la
maquinaria o el error humano. “A medida que las centrales envejecen
comenzamos a ver alguno de estos fallos más a menudo, lo
que sugiere que es sólo una cuestión de tiempo que ocurra un
accidente grave”, concluye.

Los partidarios de la energía nuclear argumentan que los
novísimos y avanzados diseños son mucho más seguros. A diferencia
de las centrales actuales, con sus múltiples sistemas de
refuerzo, los nuevos diseños de “seguridad pasiva”, tales como el
Reactor AP1000 de Westinghouse de Agua a Presión (PWR, en
inglés) y el Reactor Avanzado de Agua en Ebullición (ABWR) de
General Electric (GE); y el Reactor de Agua en Ebullición Económicamente
Simplificado (ESBWR), dependen de la gravedad
más que de un ejército de bombas para impulsar el agua hacia
arriba, hasta el recipiente del reactor y a través del sistema de refrigeración.
Como los sistemas son más pequeños, hay menos componentes
que dañar.

El físico Ed Lyman, un colega de Lochbaum en el sindicato
UCS, que ha estado estudiando los nuevos diseños, es escéptico
con los argumentos de la seguridad de los diseños pasivos. Lyman
explica que fueron los drásticos recortes en los costes, particularmente
de las tuberías y del inmensamente costoso hormigón armado
de acero, lo que motivó los nuevos diseños de Reactores de Agua
Ligera (LWR), no la seguridad.

Se pensó que si la potencia de los
reactores era más baja, un sistema basado en la gravedad podría descargar
agua en el núcleo del reactor sin necesidad de circulación forzada,
ni de kilómetros de tuberías y maquinaria complementaria.
Numerosas pruebas realizadas sobre el Sistema de Agua por
Gravedad para el AP600, el predecesor más pequeño del AP1000,
demostraron que el sistema funcionaba, y la NRC certificó el
diseño. Sin embargo, la tendencia actual en reactores es de unidades
más grandes, con mayor potencia. El coste del AP600 no
fue lo suficientemente bajo como para obviar la pérdida en capacidad
de generación, con lo que no se vendió ninguno. El AP600
se metamorfoseó en el AP1000. Los nuevos diseños con “seguridad
pasiva” de GE siguieron una trayectoria similar, empezando
por un modelo de 600-megavatios, el Reactor Simplificado de
Agua en Ebullición (SBWR). El siguiente diseño de la compañía,
el Reactor Avanzado de Agua en Ebullición (ABWR), tenía 1.350
megavatios, y su ESBWR 1.560 MW.

La NRC certificó recientemente el AP1000. Lyman encuentra
preocupante que la agencia confiase más en la modelización
computerizada que en los datos experimentales, para demostrar
que la refrigeración por gravedad iba a funcionar en estos diseños
mucho mayores. También está alarmado por el hecho de
que las estructuras de los contenedores de los nuevos reactores
PWR son menos robustas que las del actual parque industrial.

Gary Holahan, de la NRC, reconoce que la agencia se sirvió de los
tests del AP600 y de modelos informáticos para el AP1000, pero
asegura que tras una revisión exhaustiva por el personal técnico
de la comisión y del Comité Consultivo en materia de Seguridad
de Reactores, se determinó que no eran necesarias pruebas adicionales.
Tampoco tiene la NRC ninguna preocupación sobre la
delgadez de la cúpula de contención del AP1000, en comparación
con la de los reactores PWR ya existentes.

Un creciente numero de partidarios de la energía nuclear y
varios informes periodísticos describen los nuevos diseños de
reactor, tales como el Reactor de Lecho de Bolas Modular, como
“a prueba de accidentes” o de “fallo sin riesgo” “tan seguro, en la
practica, que el lecho de bolas no necesita (o tiene) una estructura
contenedora. Lyman lo refuta. El lecho de bolas se modera
mediante el uso de helio en lugar de agua y utiliza pastillas de
combustible de uranio recubiertas por carburo de silicio, materiales
cerámicos y grafito. Él cuenta que los ensayos llevados a cabo
en el reactor AVR de pruebas en Alemania (el primero que se haya
construido) demuestra que los modelos habían subestimado el
grado de temperatura que las pastillas podían alcanzar. Cuando
alcanzan una temperatura crítica, las pastillas se descomponen
rápidamente, lo que podría conducir a una gran pérdida de radiación.
“Así pues, carecen de la capacidad para predecir o entender
cómo funcionan estos reactores o la tecnología de combustible
para poder asegurar que son resistentes a la fusión”.

A base de Residuos

En los Reactores de Agua Ligera, que constituyen la mayoría del
parque de reactores mundial, se carga el combustible de uranio
dentro del reactor y se bombardea con neutrones, para así desencadenar
la reacción en cadena de la fisión nuclear. Poco después,
todo el material susceptible de fisionarse en el combustible de uranio
se ha usado o “gastado”. Pero el bombardeo de neutrones ha
hecho que el combustible sea 2,5 millones de veces más radiactivo,
de acuerdo con lo que afirma Marvin Resnikoff, un físico
nuclear que trabaja con Radioactive Waste Management Associates
en Nueva York. Se calcula que para el año 2035, las centrales
nucleares estadounidenses habrán producido cerca de 105.000
toneladas métricas de este combustible usado que resulta tan
mortífero que debe ser aislado del medioambiente durante decenas
o centenares de miles de años.

Un informe publicado por una
agencia gubernamental de Nevada ha valorado la toxicidad de este
combustible: diez años después de haber salido del reactor, una
pequeña porción de este combustible desprotegido emitiría suficiente
radiación para matar a alguien que estuviese a 1 metro de
distancia en menos de 3 minutos.

Ningún país ha sido aún capaz de afrontar con éxito el problema
de sus residuos nucleares de alta actividad procedentes de la primera
generación de reactores. Sin mencionar el de hacer planes para deshacerse
de los residuos añadidos por la enorme expansión de las nuevas
centrales nucleares. La mayor parte de los países están de acuerdo
en que la mejor solución, la más segura y barata, es el almacenamiento
en estratos geológicos profundos, y en la actualidad varios
países se encuentran en distintas fases del proceso de elección y
desarrollo de emplazamientos para sus residuos.

Steve Frishman, que
trabaja en la Agencia de Proyectos Nucleares de Nevada, considera que
son los finlandeses los que más han avanzado en este campo, ya que
han elegido un depósito permanente que se encuentra ubicado en
un lecho de rocas cristalinas situado en Olkiluoto, el cual ya alberga
dos reactores operativos y otro en construcción. El lugar ha sido
sometido a ensayos exhaustivos para comprobar que será efectivamente
capaz de aislar los residuos acumulados a una profundidad
de entre 420 y 520 metros. Se espera que este depósito sea abierto
hacia el año 2020.

Los suecos también planean construir su depósito en un profundo
emplazamiento de granito subterráneo, aunque aún no se
han decidido por el asentamiento final. Ellos planean encapsular
el combustible nuclear usado en capsulas de cobre herméticas
que serán recubiertas de arcilla de bentonita. Esta arcilla se
hincha y crea por sí misma una protección contra el agua. Frishman
considera ésta una precaución añadida ya que, si bien a 500
metros de profundidad, donde se planea colocar las capsulas de
cobre, habrá algo de agua, esta agua no está oxigenada y por ello
es poco probable que pueda llegar a corroer los contenedores,
incluso en el caso en que entrasen en contacto. El plan de los suecos
acarrea unos costes enormes, pero ellos aseguran que los
resultados, y no los costes, son los que guían sus decisiones.

Todas estas estrategias parecen ser bastante cautas y nos hacen
esperar que el problema de los residuos (que se ha de solucionar
independientemente de lo que suceda con la energía nuclear) no
se convierta en un problema insuperable. Pero, en todo caso, la
estrategia de EE UU resulta menos esperanzadora. Argumentos
políticos, y no científicos, fueron los que decidieron al Departamento
de Energía estadounidense a elegir como emplazamiento la
Montaña Yucca, una cadena de piedras toba volcánicas, situada en
el límite del campo de pruebas nucleares de EE UU en el desierto
de Nevada, a unos 145 kilómetros al noroeste de Las Vegas.

Nevada
fue elegida, por defecto, en una enmienda presentada a la Ley sobre
Política de Residuos de 1982 (conocida con posterioridad como la
Ley “Jode-Nevada”), que prohibía al Departamento de Energía
tomar en consideración emplazamientos de granito.
Aparte del hecho de que la Montaña Yucca se encuentra en
la tercera región de más actividad sísmica del país, esta montaña
es tan porosa que, en sólo 50 años, los isótopos procedentes de
pruebas atmosféricas de bombas atómicas se han filtrado a los
acuíferos subterráneos. Pero, dado que la montaña fue declarada
como el único depósito posible en todo el país, Frishman dice que
“la Agencia de la Energía ha intentado solucionar de manera técnica
todos los problemas. Y, cuando no lo consigue, cambia las
reglas.” El último intento legislativo fue propuesto por la Administración
Bush y, entre otras cosas, proponía aumentar el actual
límite legal del depósito de 70.000 toneladas métricas de residuos
de alto nivel de radiactividad; suprimir el Fondo de Residuos
Nucleares de la supervisión presupuestaria federal (este es un
fondo de dinero recaudado por las centrales nucleares durante
años de los impuestos a los usuarios para construir el depósito);
y dejar exentos de regulación a los metales del fondo de los contenedores
metálicos. De esta forma, metales como el zinc, el
cromo y el molibdeno podrían contaminar libremente las aguas
subterráneas de esta área.

Basándose en la inestabilidad geológica de la región, el Estado
de Nevada lucha encarnizadamente contra este depósito. En el año
2004, un tribunal federal desestimó una medida sanitaria establecida
por la Agencia para la Protección del Medio Ambiente
(EPA), que se aplicaba sólo a los primeros 10.000 años, porque
la Academia Nacional de las Ciencias considera que las dosis de
radiactividad más altas se producirán con toda probabilidad
hasta 200.000 años después de que los residuos hayan sido depositados
en el lugar. Debido a esto, la NRC no pudo otorgar la
licencia al depósito. Desde entonces la EPA ha propuesto nuevas
medidas sanitarias que, parece ser, ignoran por completo la decisión
del tribunal ya que permiten que la exposición a radiaciones
de los habitantes que residen cerca del Valle Amargossa pase,
de una media de 15 milirems anuales durante los primeros 10.000
años, a una media de 350 milirems por año.

Por ultimo, Frishman no cree que la Montaña Yucca pueda
cumplir ningún criterio basado en la salud. Es más, dice que, sea
cual fuere el criterio que se adopte finalmente, éste será irrelevante,
una vez que se autorice la licencia y que los residuos sean colocados
en el depósito: “El lugar es el criterio”.

Reprocesamiento

La industria de la energía nuclear nunca pensó que los retos legales
que les presentó Nevada tendrían tanto éxito, y es por ello que
los partidarios de la energía nuclear en EE UU están pensando
más allá de la Montaña Yucca. Aseguran que, sí se desarrollan reactores
reproductores rápidos, que crean combustible nuclear
mediante la producción de más material fisible del que consumen
y, si se reprocesa el combustible usado (separando el plutonio y
el uranio que sean aún utilizables), se reduciría el volumen de residuos,
haciendo innecesario un depósito geológico.

Dado que originariamente se había creído que el reprocesamiento
iba a formar parte del ciclo del combustible, los reactores
comerciales nunca fueron pensados para almacenar todo los
residuos que creasen durante su vida operativa. En Estados Unidos
se construyeron 3 instalaciones reprocesadoras, aunque sólo
una, situada en West Valley, al oeste del estado de New York, ha
estado operativa. Tras 6 años de operaciones problemáticas, marcados
por accidentes, mala gestión de los residuos de alta actividad
y contaminación de canales fluviales, esta planta fue cerrada
en 1972.

En el año 1977 la Administración Carter prohibió el
reprocesado debido a la preocupación existente en torno a la
proliferación de armas nucleares y, después de que India asombrase
al mundo entero anunciando su primer ensayo de la bomba
atómica, hecha de plutonio proveniente de su planta de reprocesado.

Según la UCS, a finales de 2003, en el mundo se habían
almacenado aproximadamente 240 toneladas métricas de plutonio
separado, suficiente como para fabricar 40.000 bombas
atómicas. Si se reprocesase el depósito de combustible usado en
EE UU se añadirían 500 toneladas mas.

Actualmente, Francia, Reino Unido, Rusia, India y Japón
reprocesan combustible usado, y la Administración Bush presiona
para que se reavive el reprocesado en Estados Unidos. Ya se
han destinado 130 millones de dólares a desarrollar un “ciclo
integrado del combustible usado” y, hace poco, se han anunciado
otros 250 millones de dólares destinados mayormente a
desarrollar UREX+, una tecnología que se dice combatirá las
preocupaciones derivadas de la proliferación, dejando el plutonio
separado muy radiactivo, lo que impedirá que pueda ser
usado por ladrones potenciales. Además, el Congreso de EE UU
ha ordenado a la Administración que prepare un plan para en
2007 elegir una tecnología que reprocese todo el combustible
usado proveniente de reactores nucleares comerciales, y para que
se empiece a construir una planta de pruebas a escala de ingeniería
de demostración.

Ed Lyman, de la UCS, dice que es un “mito” la afirmación de
que el reprocesado del combustible nuclear usado reduce el volumen
de residuos nucleares: “Todo lo que el reprocesado hace es
coger el combustible usado, que es compacto, y diseminarlo
“embadurnar” en docenas de sitios diferentes”.

Las actuales técnicas
de reprocesamiento utilizan el acido nítrico para disolver
el conjunto del combustible y separar el plutonio del uranio.
Pero también dejan libres numerosos productos de fisión extremadamente
radiactivos, así como residuos líquidos de alto nivel
que se solidifican en cristales. En el conjunto del proceso, una gran
cantidad de gas radiactivo se descarga en el medio ambiente,
además de que queda un remanente de residuo líquido que resulta
muy caro de aislar. Lyman asegura que: “es por eso que se vierte
en el océano, esta es la práctica en Francia y en Reino Unido”.

Matthew Bunn, director en funciones del Proyecto de Gestión del
Átomo de la Universidad de Harvard, ha presentado una serie adicional
de argumentos en contra del reprocesamiento.
– En primer
lugar, reprocesar combustible usado no anula, ni reduce, el espacio
necesario dentro de un depósito permanente, dado que la talla del
depósito está determinada por la pérdida calorífica de los residuos,
no por su volumen.
– En segundo lugar, el reprocesamiento incrementaría
sustancialmente los costes de gestión de los residuos nucleares
y no tendría sentido en términos económicos, a no ser que
el uranio alcanzase un precio de 360 dólares por kilo, un precio que
no se alcanzará en décadas, o quizás jamás.
– En tercer lugar, en esta
nueva era de violencia extrema y terrorismo, los riesgos de proliferación,
que no son tenidos en cuenta por las nuevas tecnologías de
reprocesamiento, son más apremiantes que nunca.
– En cuarto lugar,
el reprocesamiento es una tecnología muy peligrosa, con un largo
historial de accidentes terribles, incluido el primer accidente mundial
previo a Chernóbil (una explosión que tuvo lugar en 1957 en
una planta reprocesadora cerca de Khystym, en Rusia), así como
otros accidentes que se han producido en Rusia y Japón, en fechas
tan recientes como en los años 90.
– En quinto lugar, las nuevas tecnologías
“avanzadas” de reproceso, UREX+y el piroprocesamiento,
resultan ser complejas, caras en sus inicios y, con pocas probabilidades
de aportar mejoras sustanciales a los métodos de reprocesamiento
existentes.
– Para finalizar, Bunn afirma que la precipitación
mostrada por la Administración Bush en apuntarse al reprocesamiento
de combustible nuclear usado, resulta prematura e innecesaria
dado que el combustible usado puede permanecer almacenado
durante décadas en contenedores secos dentro de las centrales
nucleares, mientras se trata de encontrar mejores soluciones.

Solución busca problema

Al final, el caso de la energía nuclear depende de la evaluación de
los costes y beneficios comparados con los de las energías alternativas.
Muchos observadores creen que se va a producir una
crisis ecológica, social y económica, a menos que encontremos una
manera de retardar y, si es posible, de revertir el cambio climático;
desacostumbrándonos a usar los cada vez más escasos, caros
y conflictivos combustibles fósiles.

La energía nuclear, que hasta
hace poco era la energía paria, debido a sus altos costes y su comprobado
potencial de accidentes serios, es ahora considerada
como la solución indispensable. El lado oscuro de la energía
nuclear (su herencia medioambiental, los altos costes, el peligro
de accidentes y la expansión de las armas atómicas) se está desestimando.

No existe ningún sistema energético que no acarree
costes, pero existen alternativas que previenen la existencia de estas
graves desventajas.

Nuestras limitaciones de espacio no nos permiten una revisión
exhaustiva de las alternativas, pero las perspectivas no han
sido nunca tan brillantes. A modo de ejemplo, un informe publicado
por la Nueva Fundación Económica (NEF) en 2005 afirma
que una amplia combinación de fuentes de energías renovables
que incluyese tecnologías micro, pequeñas, medias y a gran escala,
aplicadas de manera flexible podría muy bien “satisfacer todas
nuestras necesidades”. Además de la energía solar y eólica, esta
“˜mezcolanza”™ (mix) incluiría energía mareomotriz (producida
por las mareas), energía de las olas, energía hidráulica, energía geotérmica,
biomasa y biogás. En lugar de depender exclusivamente
de grandes suministradores de electricidad como las centrales
nucleares, o de alguna fuente de energía renovable, que no siempre
están disponibles, la fundación dice que la clave está en establecer
una red extensa, diversificada y descentralizada de fuentes
de energía que serían también mucho menos susceptibles de
sufrir amplios fallos de suministro. El coste total en capital de establecer
un sistema tal no ha sido calculado y variaría ampliamente,
dependiendo de si se aplica de una vez, o
incrementalmente, a base de tecnologías de transición.

Según el
informe de la NEF, un kilovatio hora de electricidad nuclear
“incluyendo los costes de construcción y de operación, pero no
la gestión de los residuos, seguros de accidentes ni la prevención
de la proliferación de armas nucleares” cuesta 15,6 céntimos de
dólar, lo que resulta considerablemente más elevado que el de
otras fuentes energéticas.

Gobiernos y mercados comienzan a reconocer el potencial de
las energías renovables y su uso está creciendo rápidamente.
Según el informe Renewables 2005 del Worldwatch Institute la
inversión global en energías renovables en 2004 ascendió a cerca
de 30.000 millones de dólares. El informe también destaca que las
energías renovables, sin incluir la hidráulica, generaron el 20% de
la cantidad de electricidad producida por los 443 reactores nucleares
de todo el mundo en 2004. Las energías renovables suponen
el 20-25% de la inversión global en el sector energético, y la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)
predice que, en los próximos 30 años, un tercio de la inversión en
nuevas fuentes de energía en los países de la OCDE irá a las energías
renovables.

El gurú de la energía alternativa Amory Lovins asegura que
la inversión en renovables es actualmente de “un orden de magnitud”
mayor que la destinada a la construcción de nuevas centrales
nucleares. Lovins ha estado predicando alternativas de bajo
coste, incluyendo la conservación de energía, durante más de
tres décadas, y la materialización de su visión de un sistema energético
sostenible, basado en las energías renovables, está quizás
más próxima que nunca.

Lovins argumenta que las tendencias actuales para relanzar de nuevo la energía nuclear son un gran
paso hacia atrás y que, contrariamente a las tesis de que necesitamos
considerar todas las opciones contra el calentamiento global,
la energía nuclear dañaría de hecho estos esfuerzos, dados los
altos costes y el largo proceso que requeriría poner en marcha centrales
nucleares suficientes para desplazar a los combustibles fósiles.
“En la práctica, mantener viva la energía nuclear implica desviar
inversión pública y privada, de los recursos más baratos y predilectos
del mercado “cogeneración, renovables y eficiencia”, a
los más costosos y contestados del mercado. Su mayor coste por
unidad de CO2 neto desplazado significa que cada dólar invertido
en la expansión nuclear, empeorará el cambio climático,”
explica Lovins en su ensayo de 2005 “Energía Nuclear: La Economía
y el Potencial de la Protección del Clima”.

Duplicar la actual potencia de la energía nuclear mundial
reduciría la emisión global de carbono solamente en una séptima
parte de la cantidad necesaria para impedir los peores efectos
del calentamiento global. Investigadores del Instituto de Tecnología
de Massachussets (MIT) destacan que, incluso para alcanzar
este inadecuado resultado, se necesitaría establecer un cementerio
nuclear permanente del tamaño de la Montaña Yucca cada 3
o 4 años para tratar la cantidad adicional de residuos radiactivos
“un enorme y costoso desafío. Dados los inconvenientes de la
energía nuclear y el crecimiento y las promesas de las alternativas
más limpias, menos costosas y menos peligrosas, el argumento
en favor de la energía nuclear se tambalea peligrosamente.
Despojado del pretexto de que la energía nuclear es la respuesta
al cambio climático, su defensa carece de argumentos.

Karen Charman es una periodista independiente
especializada en cuestiones ambientales

Seguici in Facebook