Chernóbil no acabó con la pesadilla nuclear

7 Marzo 2007 · Nucleare / Nuclear

Ch.niñosjpg.jpgLa imagen de dos niños con deficiencia mental en Chernóbil, Ucrania, realizada por el fotógrafo holandés Robert Knoth, obtuvo el premio “Mención Honorable” dentro de la categoría de Retrato del año 2005 de los World Press Photo.

por José Santamarta Flórez
Director de World Watch
http://www.nodo50.org/worldwatch

La noche del 25 al 26 de abril de 1986, a la 1 y 23 de la madrugada del sábado, en el reactor número 4 de Chernóbil, tuvo lugar el mayor accidente de la historia nuclear. Los efectos de la radiactividad han superado todas las previsiones, y la verdadera magnitud de los daños se va conociendo catorce años después. Ya han muerto más de 30.000 personas, y al menos 7 millones han sido contaminadas por la radiactividad. Según la OMS morirán
500.000 personas a causa del accidente de Chernóbil.

La catástrofe de Chernóbil afectó gravemente a Bielorrusia, Ucrania y Rusia, causando pérdidas incalculables, y daños terribles a las personas, a la flora y a la fauna. Más de 160.000 km2 están contaminados. El accidente de Chernóbil fue una de las mayores catástrofes ambientales, y sus costes superan los 250.000 millones de dólares, según un estudio oficial del gobierno ruso, revelado por el Wall Street Journal.

Los cuatro reactores existentes en Chernóbil eran del modelo RBMK-1.000, un
peligroso modelo de agua en ebullición, moderado por grafito. Todavía hay en
funcionamiento varios reactores nucleares del tipo RBMK, y su cierre ha sido
pospuesto por razones económicas, a pesar de sus riesgos, puestos de
manifiesto en la catástrofe de Chernóbil. En Chernóbil funcionaban 4
reactores, y se estaban construyendo dos más.

Curiosamente el accidente se produjo al realizar un experimento relacionado
con la seguridad, en el que se pretendía demostrar que la electricidad
producida por el alternador a partir de la inercia de la turbina sin vapor
podría usarse para alimentar ciertos componentes del sistema de
refrigeración de emergencia, durante periodos cortos, hasta que pudiera
disponerse de los generadores de emergencia. Inicialmente se preveía
experimentar con una reducción de la potencia, desde 3.000 megavatios
térmicos a 1.000 MWt, pero sin embargo el reactor no pudo estabilizarse con
suficiente rapidez, y la potencia se redujo a sólo 30 MWt. Al acumularse una
energía en el combustible del orden de 300 cal/g, se produjo una
disgregación del combustible seguida por una explosión. Dos o tres segundos
después ocurrió una segunda explosión, causada probablemente por la
liberación de hidrógeno cuando el vapor oxidó al zirconio de las varillas
del combustible.

ChNiños.jpgUno de los aspectos de aquella tragedia que más se repite es el efecto que la radiactividad liberada en el accidente de Chernóbyl ha provocado en el paisaje, en las costumbres y también entre la población adulta e infantil, de las regiones afectadas.

La violencia de la energía desprendida provocó la elevación de la losa
soporte del reactor, de dos toneladas, haciendo inoperativo el sistema de
contención. La entrada de aire facilitó la combustión del grafito. Fueron
necesarios nueve días de heroico esfuerzo para poder controlar el incendio
posterior a la explosión del reactor. Para controlar el fuego y contener la
radiactividad, los helicópteros lanzaron sobre el núcleo del reactor más de
5.000 toneladas de plomo, boro y otros materiales.

Posteriormente se construyó un gigantesco sarcófago, hecho con 410.000 metros cúbicos de hormigón y 7.000 toneladas de acero; el sarcófago fue terminado en noviembre de 1986 y hoy debería ser sustituido por otra estructura. El reactor dañado permanecerá radiactivo como mínimo los próximos 100.000 años.

El accidente fue detectado el lunes 28 de abril de 1986, a las 9 de la
mañana, en la central nuclear sueca de Forsmark, unos 100 kilómetros al
norte de Estocolmo, donde los contadores Geiger registraban niveles de
radiactividad 14 veces superiores a lo normal. Primero se pensó en un escape
en la propia central (las primeras noticias de las agencias de prensa
hablaban de un accidente en una central sueca), pero un exhaustivo control
mostró que la central funcionaba perfectamente y que la radiactividad venía
de lejos. Cuando los suecos reclamaron una explicación, las autoridades
soviéticas respondieron con evasivas.

Doce horas después de la primera alerta de Forsmark, un comunicado del consejo de ministros de la URSS leído en la televisión reconoció que se había producido un accidente en Chernóbil. La población de la zona no fue informada en los primeros días de la gravedad de la situación, lo que agravó los efectos.

Chniñas.jpgLa cantidad de radiactividad que se escapó del reactor fue unas 200 veces mayor que la desprendida conjuntamente por las bombas atómicas lanzadas en 1945 por Estados Unidos en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

En el accidente de Three Mile Island, en Pensilvania (Estados Unidos), en
1979, se liberaron 17 curios. En Chernóbil, según las autoridades
soviéticas, fueron 50 megacurios (50 millones de curios) de los más
peligrosos radionucleidos, a los que hay que añadir otros 50 megacurios en
gases radiactivos inertes. Las cifras reales fueron mayores que las
declaradas por el gobierno soviético. Para la OCDE las emisiones ascendieron
a 140 megacurios. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el
accidente de Chernóbil se emitió 200 veces más radiactividad que la liberada
por la suma de las bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en
1945, aunque el gobierno de Ucrania afirma que fue 500 veces más.

Consecuencias

Toda la población en un radio de 30 kilómetros fue evacuada. Aún hoy cerca
de 375.000 personas aún no han podido regresar a sus hogares, según la OMS.
La ciudad de Pripiat, que contaba con 50.000 habitantes antes del accidente,
hoy está abandonada, y en la llamada zona de exclusión de 30 kilómetros
alrededor de Chernóbil sólo habitan 556 ancianos que no tienen otro lugar a
donde ir o no se han adaptado a vivir fuera de sus pueblos de origen.

Un total de 105.000 km2 presentan una contaminación superior a un curio por
km2, y según la AIEA hay 825.000 personas viviendo en áreas con más de 5
curios/km2. Según las Naciones Unidas un área del tamaño de Holanda ha
quedado inutilizable permanentemente para usos agrícolas.

La mayoría de las 31 personas muertas inmediatamente, trabajadores de la
central y bomberos que acudieron a apagar el incendio, están enterradas en
el cementerio de Mitinskoe. Pero la radiactividad, a no ser que se reciban
dosis extremadamente altas, mata lentamente y no hay dosis admisibles por
debajo de las cuales ésta deja de ser peligrosa.

Cerca de 800.000 personas, los liquidadores, participaron en la construcción
del sarcófago que envuelve el reactor o en las tareas de descontaminación y
limpieza, recibiendo altas dosis de radiactividad, superiores en un 7% de
los liquidadores a más de 250 mSv (milisievert), aunque muchos superaron los
500 mSv; la dosis máxima admisible reconocida internacionalmente para la
población normal es de 5 mSv/año. Según el gobierno de Ucrania, más de 8.000
liquidadores han muerto, y otros 12.000 están seriamente afectados por las
radiaciones. En Rusia el 38% de los 300.000 liquidadores padecen
enfermedades a causa de las radiaciones recibidas, según el propio gobierno
ruso.

Una de las consecuencias de la catástrofe de Chernóbil fue la absorción por
el organismo de miles de personas de grandes cantidades de yodo-131 y
cesio-137. El yodo-131, aunque tiene una vida corta, se acumula en la
glándula tiroides, causando hipertiroidismo y cáncer, sobre todo en los
niños. El cesio-137 tiene una vida media de 30 años, por lo que sus efectos
aún se harán notar.

El ADN de las células germinales que transmiten la información genética fue
dañado por la radiactividad, algo que no ocurrió ni en Hiroshima ni en
Nagasaki, según un estudio dirigido por Yuri Dubrova, del Instituto Vavilov
de Genética General con sede en Moscú, publicado en la revista Nature
coincidiendo con el décimo aniversario de la catástrofe. Las secuelas de
Chernóbil perdurarán durante varias generaciones. Según la OMS (Organización
Mundial de la Salud) en 1995 el cáncer de tiroides en Bielorrusia era 285
veces más frecuente que antes de la catástrofe, y las enfermedades de todo
tipo en Ucrania eran un 30% superiores a lo normal, debido al debilitamiento
del sistema inmunológico causado por las radiaciones.
En la región de Gomel, en Bielorrusia, los cánceres de tiroides entre la población infantil se han multiplicado por cien, y el número de casos no para de aumentar.

Las leucemias, cuyo periodo de latencia es más largo, empiezan a aparecer, sobre
todo entre los liquidadores; la tuberculosis es una de las enfermedades que
más ha crecido entre las personas afectadas.

Las aberraciones cromosomáticas, precursoras de leucemias y cánceres, han
sido igualmente detectadas, al igual que enfermedades del sistema endocrino,
nervioso, digestivo y cardiovascular, así como las cataratas. Según el
profesor Alexander Ivanovich Avramenko, jefe del Departamento de Protección
de la Salud de Kiev, “œla morbilidad general ha aumentado un 30%, la
hipertensión se ha triplicado, la isquemia cardíaca se ha incrementado un
103%, las úlceras un 65,6%, la diabetes un 61%, y los ataques cardíacos un
75%. Los patrones clínicos están cambiando para muchas enfermedades debido a
la depresión del sistema inmunitario”.

S-43.jpg Con motivo del 20 aniversario del accidente nuclear de Chernóbil, Greenpeace ha organizado en más de 30 países de todo el mundo, entre ellos España, una exposición de fotografías que muestra la situación actual de la zona y de los habitantes que se quedaron allí después del desastre

Los niños están entre los más afectados, y son muchos los que padecen
cánceres de tiroides, hígado y recto. Las malformaciones entre los recién
nacidos se han duplicado en los últimos años. Según Dillwyn Williams,
profesor de histopatología en la Universidad de Cambrigde y uno de los
mayores expertos mundiales en cáncer de tiroides, el 40% de los niños
expuestos a altos niveles de radiación cuando tenían menos de un año
desarrollarán cáncer de tiroides. Miles de personas contraerán cánceres a
consecuencia del accidente de Chernóbil en los próximos 30 años. Williams es
presidente de la European Thyroid Association. En una conferencia de la OMS
sobre las consecuencias sanitarias de Chernóbil en Ginebra, Williams señaló
acerca de la incidencia del cáncer de tiroides en Bielorrusia y Ucrania que
“he hecho algunas sumas y la respuesta me aterroriza”.
La mayor incidencia de los casos de tiroides en Gomel están concentrados en
una zona situada a más de 200 kilómetros de Chernóbil, lo que significa que
los planes de emergencia en caso de accidente nuclear deben ser rediseñados.
En la conferencia de la OMS, en que participaron unos 500 científicos
procedentes de 40 países, se criticaron duramente las recomendaciones de la
Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), cuyo único interés es
promocionar a cualquier precio la energía nuclear. Chernóbil, y sus
consecuencias, son la mejor demostración de las falacias de la AIEA, cuya
inutilidad fue puesta de manifiesto por el programa nuclear de Irak, en
teoría bajo su control.

Los efectos de Chernóbil causarán a largo plazo decenas de miles de muertes,
y algunos autores calculan que pueden producirse más de un millón de casos
de cáncer, sobre todo en Bielorrusia, Ucrania y Rusia.

Aguas radiactivas

El río Pripiat llevó la radiactividad a su afluente, el río Dnieper (el
tercer río europeo por su caudal) y que tras recorrer 800 kilómetros y seis
grandes embalses, desemboca en el Mar Negro. El agua contaminada por los
residuos radiactivos puede llegar a afectar a unos 30 millones de personas,
según un informe elaborado por 59 científicos de 8 países, bajo la dirección
del italiano Umberto Sansone: más de 9 millones beben agua contaminada, y
otros 23 millones de personas comen alimentos regados con aguas radiactivas
o peces con niveles inaceptables de radiactividad. Las balsas y pequeños
embalses construidos para retener las aguas contaminadas a la larga
agravaron el problema, pues fueron rebasadas al caer las primeras lluvias
intensas.

Los peces del lago Kojanovskoe, en Rusia, presentan niveles de radiactividad
60 veces superiores a los límites de seguridad de la Unión Europea, llegando
a alcanzar los 40.000 bequerelios de cesio-137 por kilogramo (el límite de
la UE es de 600 bequerelios por kilogramo). La única alternativa es la
completa prohibición del consumo de pescado en la región.

El agua contaminada es posiblemente la mayor amenaza diez años después del
accidente. El accidente depositó 380 terabequerelios (380 x 1012
bequerelios) de estroncio y plutonio en la zona alrededor del reactor. “œNo
se puede parar el flujo del agua”, afirma Sansone.

Pero los problemas de Chernóbil están lejos de haber acabado. El 11 de
octubre de 1991 se produjo un incendio en el reactor nº2, y los reactores 1
y 3 siguieron funcionando, debido a la crisis económica que sufre Ucrania
desde la desmembración de la URSS. Aún hoy 400 kilogramos de plutonio, más
de 100 toneladas de combustible nuclear y otras 35 toneladas de polvo
radiactivo, permanecen dentro del maltrecho sarcófago de plomo, boro y
cemento que envuelve la central y que necesita ser reparado o sustituido con
urgencia. El sarcófago, diseñado en teoría para aguantar 30 años, necesita
ser reparado o sustituido con urgencia, al tener 200 m2 de grietas y graves
problemas de estructura. Cerca de 12.000 personas trabajan en la zona
contaminada, y siguen recibiendo dosis inadmisibles de radiactividad.

Desastre económico

Chernóbil no sólo fue un desastre para la vida y la salud de millones de
personas. Fue, también, un gran desastre económico, y muchos creen que fue
una de las causas determinantes de la caída del régimen soviético en la
antigua URSS. Sólo las tareas de limpieza en los tres primeros años
alcanzaron los 19.000 millones de dólares, y ya han superado los 120.000
millones de dólares.

El gobierno de Bielorrusia estima que sólo en su país en el horizonte del
año 2015 el accidente habrá costado más de 230.000 millones de dólares. El
coste total, según el Research and Development Institute of Power
Engineering, alcanzará los 358.000 millones de dólares (el coste de unas
cien centrales nucleares), cifra resultante de sumar los costes del
tratamiento médico, descontaminación, traslados y realojamiento de la
población afectada, electricidad que se ha dejado de producir y limpieza de
las zonas afectadas. Con lo que costará el accidente de Chernóbil se podrían
haber sustituido todas las centrales nucleares del mundo por centrales de
ciclo combinado de gas natural (el 80% de la potencia) y aerogeneradores
eólicos (el 20% restante), y aún sobrarían 200.000 millones de dólares.

La energía nuclear, como reconocen ya hasta los sectores más conservadores,
es una ruina total. Ningún argumento a favor de la energía nuclear resiste
un examen profundo, y los países ricos, que gastan cada año miles de
millones en investigación nuclear, harían mejor uso si los consagraran a las
energías renovables.

Ya hoy Bielorrusia gasta el 25% de su PIB en superar los problemas causados
por Chernóbil, Ucrania destina el 6% de los gastos estatales y Rusia el 1%,
cifras ambas muy inferiores a las que serían necesarias. La crisis económica
forzó a Ucrania a mantener en funcionamiento uno de los cuatro reactores
existentes en Chernóbil, y el gobierno sólo las ha cerrado tras recibir
4.400 millones de dólares por parte de EE UU y la Unión Europea. En el año
2000 la Comisión Europea aprobó la concesión de un préstamo Euratom de 585
millones de dólares para acabar de construir dos reactores atómicos que
suplirán a la vieja central nuclear. Este préstamo a 20 años viene a sumarse
al concedido por el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) de
otros 215 millones de dólares para acabar, modernizar y poner en servicio la
unidad 2 de la central nuclear de Khmelnitsky (K2) y la unidad 4 de la
central nuclear de Rivne (R2).

La crisis de la energía nuclear

Hoy la industria nuclear está sumida en una profunda crisis. Al comenzar el
año 2004, había en el mundo 441 reactores nucleares comerciales en
operación, con una potencia instalada de 360 Gigavatios (1 GW=1.000 MW). La
energía nuclear, presentada hace 30 años como la alternativa al petróleo y
al carbón, hoy sólo representa el 6% del consumo mundial de energía
primaria.

Hoy sólo se están construyendo 32 centrales, con una potencia de 26,4 GW, el
menor número desde hace 30 años, respondiendo a pedidos de años anteriores.
La cifra de pedidos es insuficiente para mantener una industria nuclear, que
sólo se mantiene gracias al despilfarro de recursos públicos.

La potencia instalada en 2003 (360 GW) es sólo un 9% superior a la de 1990
(329 GW), cifra doce veces inferior a los 4.450 GW previstos por la AIEA en
1974 para el año 2000. La energía nuclear, agobiada por problemas de
seguridad, almacenamiento definitivo de los residuos radiactivos, costes
disparatados, alternativas mejores como las turbinas de gas, el aumento de
la eficiencia y las energías renovables (sobre todo la eólica), y la
oposición de una opinión pública bien informada, no tiene ningún futuro, a
pesar de los esfuerzos realizados para diseñar nuevos reactores más seguros,
utilizando para ello enormes recursos públicos.

Mientras, un total de 101 reactores con una potencia instalada de 32.680 MW
han cerrado definitivamente. La vida media de operación es inferior a los 18
años, muy alejada de los 40 años prevista por las empresas constructoras. La
central nuclear de Vandellós en la provincia de Tarragona, donde el 19 de
octubre de 1989 se produjo un accidente en un reactor de tipo grafito-gas,
es la única central nuclear que hasta ahora se ha cerrado en España, pero es
probable que pronto se cierren Zorita y Garoña, dos centrales llenas de
achaques y con deficientes medidas de seguridad. El nuevo gobierno del PSOE
prevé abandonar la energía nuclear en los próximos 20 años.

Muchos de los programas nucleares sólo enmascaran la decidida voluntad de
hacerse con armamento nuclear. Los casos más conocidos son Israel,
Suráfrica, Irak, Irán, Corea del Norte, Pakistán y la India, pero lo cierto
es la que los llamados usos pacíficos de la energía nuclear siempre han
estado ligados desde su origen a los usos militares.

Situación actual

Estados Unidos: no ha habido encargos de nuevos reactores desde octubre de
1973 que no hayan sido cancelados. En los últimos 35 años las compañías
eléctricas han cancelado 120 reactores, con una potencia de 132 GW. Las 104
centrales nucleares existentes en 2003, con una potencia (98,2 GW) inferior
a la cancelada, producen el 20% de la electricidad. Se han cerrado 22
centrales nucleares, y no hay ninguna en construcción.

Francia: cuenta con 59 centrales nucleares, otras 11 cerradas y ninguna en
construcción. La deuda de la empresa pública Electricité de France asciende
a cerca de 25.000 millones de euros. La sobrecapacidad instalada, los
problemas de seguridad y de residuos y los costes de la deuda, hipotecan el
futuro de un sector nuclear mantenido con las subvenciones públicas directas
e indirectas.

Japón: cuenta con 54 centrales y una capacidad de 43,7 GW. En 1999 se
produjo uno de los mayores accidentes nucleares en una fábrica de
combustible nuclear. En diciembre de 1995 el reactor rápido de Monju sufrió
un grave accidente. La creciente oposición, los costes crecientes, varios
accidentes graves y la falta de lugares, en un país que sufre frecuentes
terremotos, hipoteca el futuro nuclear.

Antigua URSS: el accidente de Chernóbil y la crisis económica casi han
acabado con la industria nuclear en Rusia, país que firmó un contrato con la
Siemens para el desarrollo de un nuevo tipo de reactor, el VVER 640. Unas 50
centrales nucleares en construcción o en avanzado proyecto fueron
paralizadas después de Chernóbil. Los reactores en funcionamiento en Rusia,
Ucrania, Lituania y Armenia plantean graves problemas de seguridad, al igual
que los de la misma tecnología existentes en Bulgaria y Eslovaquia.

Alemania: los 6 reactores existentes en la Alemania oriental, después de la
unificación, fueron cerrados, y los 5 en construcción abandonados. Desde
hace 30 años no se encarga ninguna nueva central. El movimiento antinuclear
siempre ha sido potente. El gobierno de socialdemócratas y verdes prevé
cerrar las 19 centrales nucleares existentes en los próximos años.

Canadá: la construcción de nuevos reactores está paralizada, tras cancelarse
varios proyectos en la provincia de Ontario.

Reino Unido: una prueba de lo ruinosos que son los programas nucleares fue
la imposibilidad de privatizar las centrales nucleares inglesas. No hay
planes para construir ninguna nueva central nuclear en el futuro.
Suecia: tras el referéndum de 1980 los planes son cerrar las 12 nucleares
suecas antes del año 2010. Ya se ha cerrado una.

Corea del Sur: en 2003 había 18 centrales nucleares y actualmente construye
2 nuevos reactores. En 1988 tuvo lugar la primera manifestación antinuclear
en la historia del país. En enero de 1996 el municipio de Yonggwang retiró
la autorización para construir dos centrales nucleares.

España: la moratoria definitiva desde enero de 1995 de 5 centrales nucleares
que nunca funcionarán (Trillo II, Valdecaballeros I y II y los dos grupos de
Lemóniz) ha costado a los consumidores más de 10.000 millones de euros. El
negocio siempre fue la construcción, aunque nunca funcionasen las centrales
nucleares. Ya se encargará el estado de hacer pagar a los consumidores. Los
planes del PSOE de Zapatero son cerrar paulatinamente las 9 centrales
existentes.

Bélgica: los 7 reactores producen el 57% de la electricidad del país. No hay
planes para aumentar el parque nuclear.

Taiwan: las 6 nucleares producen el 32% de la electricidad. Los planes para
construir dos reactores en Yenliao se han retrasado. En septiembre de 1994
un policía murió en una manifestación antinuclear.

China: tiene 8 centrales nucleares en funcionamiento y 3 en construcción.
Tiene un reactor de 288 MW de tecnología propia en Qinshan y otros 2 de 906
MW cada uno de tecnología francesa en Daya Bay, cerca de Hong Kong, donde
más de un millón de personas (el 20% de la población) han firmado una
petición pidiendo el cierre de los dos reactores por razones de seguridad.
En 1994 comenzó la construcción de 2 nucleares en Qinshan de 600 MW cada
una, y tiene planes ambiciosos para alcanzar los 20 GW en el año 2010, y a
tal fin mantiene relaciones con empresas francesas, rusas y canadienses.

India: cuenta con 14 pequeñas centrales nucleares (suman 2.503 MW) con un
impresionante historial de accidentes y mal funcionamiento, y actualmente
construye otras 8. Posee un importante programa nuclear de uso militar
dirigido contra Pakistán y sobre todo China.

México: cuenta con dos reactores de 654 MW cada uno en Laguna Verde, a pesar
de los recursos energéticos del país.

Argentina: la central Atucha 1 se inauguró en 1974 y Embalse (600 MW) en
1983. Los refugiados nazis Ronald Richter y Walter Schnurr jugaron un papel
clave en el programa nuclear argentino y en el contrato con la firma alemana
KWU, del grupo Siemens.

Brasil: los nazis Alfred Boettcher y Wilhelm Groth están en el origen del
programa nuclear brasileño, y sobre todo en el absurdo y leonino contrato
que Brasil firmó con la Kraftwerk Union (Siemens) para adquirir 8 centrales
nucleares. El programa se paralizó, pero el país siguió pagando a la
Siemens. Hoy sólo funcionan la nuclear de Angra 1 y Angra 2.

Cuba: en 1992 se paralizó por falta de fondos la construcción de la central
nuclear de Juraguá 2 reactores de la obsoleta y peligrosa tecnología
soviética. Desde entonces cada cierto tiempo se vuelve a hablar de ellos, la
última vez a raíz de la visita de Putin a Cuba en diciembre de 2000.

Pakistán: Kanupp, el reactor de 125 MW de tecnología canadiense inaugurado
en 1972, está ligado al programa que permitió hacerse con la bomba atómica.
El conflicto con la India convierten a la zona en la “œmás peligrosa del
mundo”, y no es descartable una guerra nuclear entre India y Pakistán.

Italia: en el referéndum de noviembre de 1987 se decidió abandonar la
energía nuclear, cerrando las centrales en funcionamiento o en construcción,
como Garigliano (150 MW), Latina (153 MW), Trino (260) y Caorso (860 MW).
Austria: en 1986 se decidió clausurar definitivamente la central nuclear de
Zwentendorf.

Referencias
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*World Health Organization (1995). Health Consequences of the Chernobyl
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*Revista World (varios números).
*Signos Vitales. Informes anuales del Worldwatch Institute. (Gaia Proyecto 2050,
Madrid).

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