Luces y sombras de Kyoto

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Por Stephen Leahy
TORONTO, noviembre 2007 (IPS) – Las emisiones de gases invernadero de 40 países industrializados se ubicaron cerca del máximo histórico en 2005, pero al mismo tiempo se van superando las metas de reducción del Protocolo de Kyoto, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Las emisiones de gases invernadero, que según los científicos son parcialmente responsables del recalentamiento global, “disminuyeron entre 1990 y 2000, pero volvieron a incrementarse 2,6 por ciento entre ese año y 2005”, señaló Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc).

Se estima que los países que firmaron el Protocolo de Kyoto habrán reducido 11 por ciento sus emisiones para 2012, respecto de los niveles de 1990, si sus esfuerzos retribuyen los resultados esperados, destacó el estudio del Cmnucc.

Esto representaría un logro significativo, y más que duplicaría la meta de cinco por ciento adoptada en Kyoto en 1997.

“Para la totalidad de los firmantes del Protocolo de Kyoto, reducciones de 15 por ciento son posibles si se planifican y ponen en práctica nuevas políticas”, afirmó De Boer. “Pero no debemos ocultar que en varias naciones las emisiones continúan en aumento y que deben hacer más para controlarlas.”

Aunque las medidas adoptadas en Kyoto parecen un gran éxito, la causa de gran parte del total de las reducciones fue el colapso de las economías de los países ex comunistas de Europa central y oriental.

En Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Rumania y Rusia, las emisiones cayeron entre 20 y 25 por ciento respecto de los niveles de 1990.

Pero con el inicio de la recuperación económica volvieron a aumentar, lo que contribuyó a elevar los niveles en 2005.

En Alemania se verificó un descenso de 19 por ciento respecto de 1990, en buena parte a causa de la severa recesión en la ex República Democrática luego de la unificación.

El estudio señala entre los pocos casos exitosos a Gran Bretaña (que redujo 15 por ciento sus emisiones), Dinamarca y Suecia (alrededor de ocho por ciento en ambos casos).

Los totales se dispararon en los países de Europa meridional que debieron afrontar prolongadas olas de calor e incendios forestales.

Las emisiones aumentaron 53 por ciento en España, 43 por ciento en Portugal y 26 por ciento en Grecia respecto de 1990. El panorama seguramente empeorará cuando se computen los datos de 2006 y 2007, a causa del récord de incendios que se produjeron en el verano de esos años.

Estados Unidos contaminó 16 por ciento más que en 1990, mientras que el incremento llegó a 25 por ciento en los casos de Australia y Canadá, el único entre esos tres países que es firmante del Protocolo de Kyoto.

La publicación de los datos ocurre a dos semanas de la conferencia de las partes de la Convención Marco sobre cambio climático, de la cual el Protocolo de Kyoto es parte. La reunión se celebrará en Bali, Indonesia, del 3 al 14 de diciembre.

Esta conferencia, a veces denominada Kyoto II, establecerá una estrategia de dos años para alcanzar un nuevo acuerdo internacional de reducción de emisiones más allá de 2012, fecha en que el Protocolo de Kyoto quedará sin efecto.

Ese acuerdo ha recibido numerosas críticas, muchas de ellas alimentadas por el incesante cuestionamiento de la industria del carbón y del petróleo a los fundamentos científicos del cambio climático.

Los cuestionamientos incluyen acusaciones sobre el potencial del Protocolo para llevar a las economías nacionales a la bancarrota.

Pero sus defensores afirman que, aunque lejos de ser perfecto, el Protocolo continúa siendo la mejor y única herramienta para limitar las emisiones de gases invernadero.

“Kyoto no produjo reducciones que puedan demostrarse”, escribieron los economistas británicos Gwyn Prins y Steve Rayner en la revista Nature.

El Protocolo, agregaron, generó un “mercado global de carbono”, en el cual los países ricos que se exceden en sus emisiones pueden compensarlas invirtiendo en proyectos que ayuden a controlarlas en las naciones pobres y comprar certificados de reducción.

Pero el precio es muy bajo para estimular bajas significativas o inversiones en investigación y desarrollo de fuentes alternativas de energía.

De hecho, señalaron Prins y Rayner, “hubo desde 1980 un recorte de 40 por ciento, a nivel mundial, en los presupuestos gubernamentales para investigación y desarrollo en el sector energético”.

Mucho más se gasta en ese rubro en el sector militar: 80.000 millones de dólares al año sólo en Estados Unidos.

Proponen, en cambio, un enfoque en el que cada país elija la estrategia que mejor se adapte a sus circunstancias para limitar las emisiones.

Calificar a los productos de consumo según la contaminación que su fabricación origina, destinar fondos para adoptar tecnología más limpias y hacerlas más eficientes son mejores alternativas que la adopción de metas abstractas de reducción, afirmaron.

“No tenemos tiempo para comenzar de nuevo”, dijo Jonathan Pershing, director del programa de clima y energía del Instituto de Recursos Mundiales, centro de estudios ambientalista de Estados Unidos. Adoptar el Protocolo de Kyoto demandó una década de negociaciones.

Aunque Prins y Rayner reclamaron a la comunidad internacional el coraje para deshacerse de ese acuerdo, Pershing consideró que “simplemente no es posible iniciar un nuevo proceso desde cero”.

El presidente del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático, Rajendra Pachauri, señaló que el mundo sólo tiene dos o tres años para llegar a un consenso sobre cómo reducir sustancialmente las emisiones.

Según Pershing, el Protocolo de Kyoto está lejos de ser lo ideal, pero se ha invertido mucho en él. Sin embargo, son necesarias mejoras y agregados, entre ellos incentivos a la inversión en nuevas tecnologías, agregó.

“Estamos trabajando contra reloj. Tenemos mucho menos tiempo del que pensamos”, advirtió Pershing.

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