La moda apuesta por lo verde

1189202418_0.jpg Marks & Spencer

Natura / El Mundo. Sept 2007

TANA OSHIMA

Comienza la temporada otoño-invierno en los escaparates y los diseñadores ya han decidido qué colores se llevarán la próxima primavera. Pero esta vez son muchas las firmas que han impuesto el color verde unánimemente. Y no por capricho de los gurús de la moda: el respeto por el medio ambiente también ha llegado a la industria textil y ha llenado las pasarelas de tejidos orgánicos y reciclados. Lo ecológico ha dejado definitivamente de ser cosa de grupos marginales y se ha convertido en el estandarte de lo ‘chic’.

Atrás han quedado los años en los que los materiales naturales eran vistos como símbolos de lo ‘hippie’ y andrajoso. Si en los años 70 los tejidos orgánicos se impusieron en el nuevo espíritu de mayo del 68, en la actualidad la ropa ecológica se ha extendido incluso entre los diseñadores de lujo. Es lo que Armani ha dado en llamar “ecológicamente correcto”, a lo que se han sumado otras firmas de la alta costura como Versace o Stella McCartney.

En los talleres del ‘ecolujo’, los tejidos fabricados con almidón de maíz se alternan con los de algodón de cultivo ecológico o seda de Comercio Justo, que aúna criterios ambientales con los solidarios. Lo ‘verde’ está de moda, y prueba de ello han sido las pasarelas de las últimas temporadas. Desde Milán a Nueva York, están cada vez más presentes algunas materias primas como la fibra de soja, el cáñamo o incluso las algas, así como las telas elaboradas a partir de cajas de huevos o papel reciclado.

Pero la tendencia también está en la calle, en los escaparates más accesibles: los calzados de Timberland (con sus zapatos de caucho reciclado), Nike y Reebok, los vaqueros de algodón ecológico (cultivado sin pesticidas ni contaminantes químicos) de Levi’s, la ropa deportiva de Patagonia y Decathlon o las prendas de Gap, Zara, Marks&Spencer y H&M (algodón biológico) también incluyen propuestas respetuosas con el medio ambiente. ¿Una simple cuestión de moda?

Algunos de los gigantes textiles no se limitan a diseñar ropa poco contaminante. Sus objetivos van más allá de la prenda y abarcan el concepto de huella de carbono, mediante el cual intentan reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente el CO2, en todo su proceso de fabricación.

Es el caso de la empresa española Inditex, dueña de Zara y principal mayorista de ropa en Europa. El emporio español ha decidido utilizar biocombustibles, energía eólica y bombillas de bajo consumo tanto en sus tiendas como en sus fábricas para reducir su impacto ecológico, según anunció su director ejecutivo, Pablo Isla, el pasado mes de julio. El objetivo es sustituir, en un plazo de tres años, la mitad de su energía por fuentes renovables y recortar en un 20% el consumo energético de las 3.200 tiendas que tiene repartidas a lo largo de 65 países.

En la misma línea que numerosos fabricantes europeos, Inditex se ha propuesto también analizar su huella de carbono, es decir la cantidad de emisiones de CO2 generadas durante la producción. Por su parte, el lujoso centro comercial británico Marks&Spencer, galardonado recientemente con el premio ambiental OLGA (Online Green Awards) por su esfuerzo por reducir sus emisiones de CO2, pone a disposición del público los datos sobre su huella de carbono (‘http://ms.footprint.wwf. org.uk’), calculada en colaboración con la ONG conservacionista WWF.

Una de las últimas iniciativas del gigante británico, precedida por su colección de ropa de Comercio Justo y su campaña de reciclaje de electrodomésticos, ha sido el lanzamiento de uniformes escolares fabricados con plástico reciclado, es decir, a partir de botellas de refrescos que han sido rescatadas de la basura para producir tejidos aislantes. Algo que, hace unas décadas, difícilmente podría haber estado a la venta en una tienda de lujo.

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