La meta de Kioto aparece en el horizonte

Cumplir con lo firmado en el protocolo de Kioto, un objetivo que hasta el 2007 parecía imposible, es ahora una meta real para España gracias a que, durante el año 2009, se ha producido el mayor descenso de emisiones de gases de efecto invernadero: un 8,2% respecto al año anterior.

La menor actividad industrial como consecuencia de la crisis económica “con una caída del PIB del 3,1%-, un menor consumo de electricidad “con una caída del 4,4%, la mayor de las últimas décadas-, y la reducción del uso del vehículo privado y del transporte de mercancías “con una caída del 5,1%, sin parangón en la historia reciente de España- son algunas de las circunstancias responsables de la disminución de emisiones.

No son las únicas. El aumento de las energías renovables en el mix energético, especialmente de la energía eólica, que cubrieron el 23,4% de la generación de electricidad ha supuesto un aporte fundamental.

Evaluar si al menos una parte de la reducción de emisiones producida en 2009 se ha debido a los resultados de las estrategias y políticas puestas en marcha en los últimos años por el Gobierno para los sectores difusos es algo más difícil. Aunque se presupone su influencia, los programas para incentivar la eficiencia y el ahorro energético no han tenido una dotación suficiente para apreciarse de manera significativa.

El Protocolo de Kioto establece un aumento máximo de emisiones para los países que lo firmaron del 15% respecto a los niveles medidos en 1990. Con la reducción conseguida España se sitúa en torno al 22%, siete puntos por encima del límite.

El reto, por tanto, es continuar ese descenso y, para ello, la clave estará en el sector del transporte, donde la reducción de emisiones se ha debido principalmente a la crisis, que ha reducido desplazamientos y ha provocado un aumento en los precios de los combustibles.
Los datos no contemplan un cambio positivo en las tendencias de la movilidad y la cuestión será comprobar si las medidas adoptadas por las administraciones locales, regionales y estatales son lo suficientemente eficaces como para que cuando la actividad económica repunte se sigan reduciendo las emisiones y se mantenga la eficiencia energética.

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