Otra vez el carbón

14 Settembre 2007 · Energia

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Por Mark Sommer

Las tecnologías para volver más limpio el carbón mineral son caras e inseguras. ¿Por qué no destinar esos recursos a acelerar el desarrollo de energías renovables?, reclama en esta columna exclusiva el periodista estadounidense Mark Sommer.

ARCATA, California, Estados Unidos, 25 jun 2007 (Tierramérica).- Con las temperaturas y los precios del petróleo en constante aumento, las naciones industrializadas hambrientas de energía están a la búsqueda de alternativas a una economía basada en el petróleo. Algunas se vuelven al carbón, el combustible que propulsó la primera revolución industrial.

Varios países industriales, como Estados Unidos y China, siguen siendo altamente dependientes del carbón como la mayor fuente de energía para los hogares, los comercios y la industria. A diferencia del petróleo, el carbón es abundante, con reservas suficientes para durar muchas décadas con las actuales tasas de consumo.

Pero cuando es quemado, incluso el carbón de alta calidad, es una de las fuentes de energía que producen más temperatura. Y en el caso de China se utiliza un carbón con alto contenido de azufre, el más sucio de todos y el que está impulsado su revolución industrial del siglo XXI, pero al mismo tiempo contamina la atmósfera y hace que las ciudades chinas se parezcan al Londres de las novelas de Charles Dickens.

La mitad de toda la electricidad generada en Estados Unidos y dos tercios de la generada en China provienen del carbón.

Los partidarios del carbón propician la construcción de cientos de usinas eléctricas a carbón en Estados Unidos, y el ritmo es todavía más rápido en China. Representantes de la industria dicen que los espectaculares avances tecnológicos han reducido mucho las partículas tóxicas que antes arruinaron las ciudades industrializadas y que todavía contaminan el aire de naciones en desarrollo.

Reglamentaciones estrictas ahora frenan las prácticas mineras más destructivas, aquellas que desfiguraron los paisajes y contaminaron muchas tierras, emponzoñadas un siglo después del cese de la extracción del mineral.

Pero los críticos dicen que aunque se han hecho progresos, las minas a cielo abierto y la remoción de las cimas montañosas son prácticas industriales habituales, mientras que los gases de efecto invernadero emitidos por la quema de carbón, como el dióxido de carbono, son una de las principales contribuciones al calentamiento global.

Brian Schweitzer, gobernador de Montana, estado productor de carbón del noroccidente de Estados Unidos, aboga por un proceso que capte los gases invernadero y los aísle para siempre en depósitos subterráneos. Pero la tecnología que defiende Schweitzer no ha sido aún suficientemente probada, y su alto costo desalienta a los inversores. Cómo mantener los gases invernadero encerrados eternamente en cavernas sigue siendo un problema en gran medida no resuelto.

Al mismo tiempo, la creciente conciencia sobre los peligros del cambio climático está acercando a sectores que han desconfiado por largo tiempo unos de otros. En el petrolero y sureño estado de Texas, empresarios, alcaldes y gobernadores, ambientalistas, cristianos evangélicos y casas inversoras de Wall Street se suman a una investigación para frenar la expansión de las plantas eléctricas a carbón.

Esta primavera boreal, la poderosa compañía de Texas TXU Energy, que había solicitado permiso para construir 11 usinas eléctricas a carbón, no fue sólo bloqueada sino también comprada por un consorcio de inversores que prometió no construir ocho de las 11 y aplicar estrictas medidas de salvaguardia ambiental en las restantes tres.

Laura Miller, alcaldesa de Dallas, una ciudad nunca antes conocida por su militancia ambientalista, se lanzó al combate e incorporó a su campaña contra el carbón a poderosos líderes empresariales y a otros alcaldes. “œEsto es lo que quiere el público”, dijo.

Dada la presión existente para buscar nuevas fuentes de energía, volver a un recurso tan barato y abundante como el carbón es difícil de resistir. Pero, ¿hay una solución tecnológica para el enigma del carbón? ¿Qué sucederá si la captura de carbono en cavernas fracasa, incluso en un grado modesto, y parte del CO2 inyectado en grietas subterráneas se filtra de nuevo hacia una ya sobrecalentada atmósfera?

¿Deseamos pagar el precio real de hacer más limpio el carbón que quemamos y los costos de restaurar las tierras desfiguradas por las minas para llevarlas a su estado natural? ¿Es siquiera posible tal restauración?

En la medida en que las naciones industriales comienzan a instituir determinados sistemas que obstaculizan el comercio del carbón y a aplicarle impuestos, los crecientes costos de las inversiones en esa fuente de energía se ven más claros incluso para los inversionistas de Wall Street.

Por otro lado, las fuentes renovables están en buen camino, aunque muchos dicen que no llegarán a tiempo para colmar el hueco que dejará el petróleo cuando se agote. Pero, ¿cuánto antes podrían estar disponibles esos recursos renovables si en lugar de invertir en más usinas a carbón invertimos ya en energía eólica, solar, en biomasa o en metano? Y, ¿cuánto más podríamos aprovechar de la energía que usamos si nos proponemos una mayor eficiencia y conservación?

Nos guste o no, el carbón estará con nosotros por algún tiempo, ya sea en las centrales existentes o en varias nuevas. Pero, ¿tiene sentido seguir invirtiendo en una fuente de energía que va contra un futuro libre de carbono? ¿Qué prefieren ustedes? ¿Cambiar de hábitos o cambiar de planeta?

* Mark Sommer, periodista estadounidense, dirige el premiado programa radial A World of Possibilities.

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