Lo que el viento dejará en España

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Por Tito Drago

MADRID, ago 2007 (IPS) – El parque eólico que se instalará entre las localidades de Barbate y Conil, próximas al estrecho de Gibraltar implica ubicar 273 molinos de viento sobre plataformas de poca profundidad en aguas del océano Atlántico, que apenas se divisarán desde la costa de la península Ibérica y producirán 980 megavatios, aproximadamente la misma cantidad que puede generar una central nuclear y que abastecería a unos 700.000 hogares.

Todavía no están definidas las condiciones que el Estado pondrá a la empresa privada que lo construya. Aunque aún no se ha adjudicado la obra, todo permite prever que la beneficiada será Acciona Energía, la más fuerte del sector.

Según un decreto publicado el 2 de este mes en el Boletín Oficial, esas condiciones serán dispuestas antes de finalizar este año y entrarán en vigor a partir del 1 de enero de 2008.

Las empresas deberán solicitar una reserva de zona marítima, un trámite igual al que se debe hacer para explotar minerales. Además se debe realizar un estudio sobre varios aspectos del área, entre ellos los impactos sobre el ambiente, la actividad pesquera, el patrimonio histórico, cables y tuberías submarinos y otras cuestiones que se consideren de interés.

Raquel Montón, responsable de la campaña sobre cambio climático y energía de la organización no gubernamental Greenpeace, dijo a IPS que consideran muy positivo el proyecto, que hace años vienen demandando y que es uno de los más prometedores, “aunque se puede mejorar”.

Como ejemplo señaló que, en vez de plantear que estos proyectos se adecuen a la red de distribución actual, tendría que ser al revés y adaptar esa infraestructura a la energía generada pro el parque eólico.

La producción de esta energía es más cara que la clásica, añadió, pero en vez de plantearse primar a la eólica, lo que se debería hacer es que en la tradicional se incluyese el costo que la misma afecta al ambiente.

Un costo que tarde o temprano se tiene que pagar “y que deben hacerlo las empresas que lo producen y no el Estado, o sea los ciudadanos”, apuntó.

Montón se refiere a los subsidios que el Estado se comprometió a abonar a quienes instalen parques eólicos. Greenpeace reclama que las generadoras de energía tradicional incorporen a sus costos los daños que producen al ambiente, con lo cual se elevaría el precio final de sus productos, equiparándolos a los eólicos.

Para la sociedad y el ambiente, sean cuales sean los precios que se estipulen, siempre será más barata y rentable la inversión en generadores eólicos que consumir carbón, petróleo o gas, añadió la activista.

Entre otras cosas, porque la producción eólica no expulsa dióxido de carbono a la atmósfera como ocurre con la quema de combustibles de origen fósil.

Greenpeace calcula que el potencial eólico marítimo de España ronda los 16.000 megavatios. Esta nueva tecnología ya está presente en Europa en Dinamarca, Gran Bretaña, Suecia, Holanda e Irlanda.

Los parques eólicos marinos, según la experiencia comprobada en Holanda y Dinamarca, ayudan a preservar las poblaciones de peces, al dificultar la navegación de los pesqueros por la zona que, incluso, podría serles prohibida. Además, señalan los ecologistas, tampoco afectan a las aves marinas que avistan los molinos a tiempo y no tropiezan con ellos.

El director de Acciona Energía, Esteban Morrás, manifestó que su empresa apuesta por las fuentes renovables.

Tampoco duda de que España está en condiciones de cumplir el objetivo fijado por la Unión Europea, de que 20 por ciento de la energía en 2020 sea producida por métodos renovables y entre ellos destaca los eólicos.

La instalación de molinos de viento en el mar, aunque es más cara que los de tierra, se explica porque allí los vientos son 50 por ciento más fuertes que en tierra.

Otra de las noticias positivas se refiere a la posición ambiental de las empresas. Un ejemplo es Inditex, una gran red productora y comercializadora de prendas textiles. Pablo Isla, su director, negó que las medidas ambientales dispuestas en sus locales sean para ganar fama de ecologistas.

Sus objetivos, señaló, son reducir en 20 por ciento el gasto energético en sus locales, lo cual se traduce en un aporte a la salud ambiental. Ese gasto se reduce retirando la obligación de que sus empleados atiendan al público vestidos con chaqueta y corbata, lo cual permite gastar menos en aire acondicionado y así reducir el gasto en electricidad

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