Etanol celulósico, limpio pero incierto

14 Settembre 2007 · Energia

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Por Stephen Leahy

TORONTO, jul 2007 (IPS) – Mientras a los biocombustibles se los culpa de elevar los precios de los alimentos y de ofrecer limitados beneficios ambientales, diversas personalidades se alinean detrás del etanol celulósico, uno de segunda generación. Entre esas figuras están el ex vicepresidente estadounidense Al Gore y el fundador de Microsoft, Bill Gates.

El gran beneficio que conlleva el etanol elaborado en base a celulosa es que prácticamente cualquier elemento vegetal –tallos de granos, aserrín, astillas de madera, plantas nativas perennes crecidas en tierras marginales– podría convertirse en “oro verde”, un combustible de bajas emisiones contaminantes para el sector transporte.

“El (uso del) etanol celulósico reduciría 88 por ciento las emisiones de dióxido de carbono respecto de la gasolina”, dijo Bruce Dale, ingeniero químico del Laboratorio de Investigaciones sobre la Conversión de Biomasa de la Universidad del Estado de Michigan.

Dale acaba de publicar en la prestigiosa revista Science un análisis comparando varios combustibles en base a sus emisiones de dióxido de carbono por kilómetro.

“Cualquier forma de etanol es muy superior a la gasolina a este respecto”, dijo Dale a IPS.

Según sus cálculos, la celulosa podría satisfacer el pantagruélico apetito de Estados Unidos –200.000 millones de galones estadounidenses (unos 758.000 millones de litros)– en materia de combustible líquido sin presionar al alza los precios de los alimentos, porque usará productos no alimentarios cultivados en tierras marginales.

Pero Dale también advirtió que la revolución del oro verde tendría que desarrollarse cuidadosamente para evitar errores tales como producir en Asia sudoriental biodiésel de aceite de palma, etiquetado como “diésel de deforestación” por activistas ambientales.

En los últimos años, los subsidios europeos para el biodiésel alentaron un enorme auge en la plantación de palmas aceiteras en Indonesia y Malasia. Los bosques fueron despejados y los pantanos de turba drenados para plantar cientos de miles de hectáreas.

La tala de los bosques y el drenaje de los pantanos emite mucho más carbono que lo que podría ahorrarse usando biodiésel, según varios estudios.

“Los biocombustibles para el transporte son el enfoque totalmente equivocado”, dijo Andrew Boswell, de la organización no gubernamental británica Biofuelwatch.

Vastos monocultivos de palma aceitera, soja, caña de azúcar y maíz para biocombustibles resultan en pérdidas masivas de biodiversidad y medios de subsistencia rural, impactando seriamente en el agua, el suelo y la seguridad alimentaria, dijo Boswell a IPS.

Biofuelwatch y más de 150 grupos de la sociedad civil llamaron a la Unión Europea a abandonar sus objetivos en materia de uso de biocombustibles.

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre energía presentado en mayo coincidió con estas conclusiones, y señaló que los biocombustibles son más efectivos cuando se los usa para obtener calor y electricidad, y no tanto en el transporte.

Boswell tampoco ve a la celulosa como una mejora importante en cuanto a combustible para transporte.

Convertir la biomasa en combustible significa menos biomasa para el suelo, lo que es crucial para mantener la fertilidad del suelo. Los cultivos y las plantas de procesamiento de celulosa también requieren enormes cantidades de agua. También hay asuntos de bioseguridad, dado que el proceso de celulosa usa enzimas genéticamente modificadas y cultivos genéticamente modificados como materia prima, destacó.

Además, los automóviles híbridos serán más baratos y más efectivos, aseguró Boswell.

“El etanol celulósico es simplemente el próximo gran generador de dinero para las corporaciones agroquímicas y biotecnológicas”, dijo.

Aunque grandes compañías como Dow Chemical, Monsanto, Exxon y Royal Dutch Shell, entre muchas otras, están ciertamente involucradas, ni una sola planta de celulosa comenzó a producir todavía, pese a 50 años de investigación.

“Es mucho más difícil y complejo obtener etanol a partir de celulosa”, dijo John Ferrell, codirector de la Oficina Nacional de Coordinación de Biomasa dentro del Departamento de Energía de Estados Unidos.

La semilla de maíz es en su mayor parte almidón y agua, que son fáciles de descomponer en azúcar y comenzar el proceso de fermentación que produce el etanol, dijo Ferrell en una entrevista.

La celulosa es la parte estructural de una planta y contiene mucho más que almidón y agua, como por ejemplo lignina. Las bacterias genéticamente modificadas que producen enzimas especiales pueden desglosar algunos de los materiales, pero no todos, así que hay varios pasos en el proceso, mayores tiempos de fermentación y más insumos de energía.

“Es un proceso más costoso, mientras que la producción de etanol en base a maíz es una tecnología probada y redituable”, dijo Ferrell.

La primera planta mundial de muestra pre-comercial de celulosa está operativa desde hace varios años en Ottawa. Financiada en gran parte por el gobierno canadiense y Royal Dutch Shell, la planta de Iogen Energy Corp. usa trigo, avena y cebada para elaborar 100.000 litros de etanol al año.

Iogen trabajó mucho en esto durante casi 25 años, y está por construir una planta de producción a gran escala en el central estado estadounidense de Iowa, gracias a 80 millones de dólares procedentes del Departamento de Energía de Estados Unidos, como parte de un programa especial del gobierno por 385 millones de dólares para dar el puntapié inicial de la industria naciente.

El objetivo es tener de cuatro a seis plantas de celulosa, pequeñas pero de escala comercial, operativas para 2010, dijo Ferrell.

Como los precios del petróleo son elevados, los bancos y otros inversores están ansiosos por financiar plantas de etanol elaborado a partir de maíz, pero manteniéndose apartados de la celulosa hasta que quede demostrada su eficacia. De ahí la necesidad de subsidios del gobierno, señaló.

“Es difícil captar el actual estado de la tecnología porque está en manos de empresas privadas”, dijo Elizabeth Marshall, economista del Instituto para los Recursos Mundiales que estudia la industria.

“Hay mucho humo y espejos en la industria. Todos se esfuerzan por obtener dinero”, dijo Marshall en una entrevista.

Como resultado, empresas como Iogen son herméticas y rechazan los pedidos de entrevistas de IPS.

Y los desafíos técnicos permanecen, dijo. La bacteria que produce enzimas especiales es exigente en cuanto a lo que come, y la mayoría de las operaciones requieren un alimento especializado y uniforme, como trigo, y nada más.

“Sin embargo, si funciona el balance de energía para la celulosa es mucho mejor que el etanol de cereales, que usa mucha energía solamente para cultivar (por ejemplo) maíz”, concluyó Marshall.

Los precios del maíz registran alzas históricas en Estados Unidos debido a la creciente demanda de etanol. Según el último informe sobre Perspectivas de Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los proyectos globales de importación de alimentos están aumentando, en parte debido al incremento de la demanda de biocombustibles.

Que la celulosa compita o no con los cultivos alimentarios por la tierra y el agua depende de cómo evolucione la industria. Marshall investiga las varias implicaciones de un posible futuro con una importante industria celulósica.

Pero, ¿dónde y cómo crecerán los grandes volúmenes de biomasa? ¿Cómo serán transportados y almacenados? ¿Cuánta biomasa puede ser eliminada sin producir impactos negativos sobre el suelo? ¿Cómo afectará la industria a los precios de los alimentos?

Un análisis integral de la industria es necesario para asegurarse de que genere los prometidos beneficios ambientales y minimice los impactos en los precios de los alimentos, opinó.

“Se necesitará una legislación protectora para garantizar esos beneficios e impactos”, agreg

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