“El crecimiento económico llega a un punto en el cual genera deterioro de la calidad de vida”

Conferencia magistral de Manfred Max-Neef en Madrid

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Madrid, 29/1/2007, (Ecoestrategia).- Coincidiendo con el quinto aniversario del Foro Diálogos para el Desarrollo, estuvo recientemente en Madrid el economista chileno-alemán Manfred Max-Neef, quien fue galardonado con el Premio Nobel Alternativo o Premio al correcto estilo de vida en 1983, por sus “œPrincipios de la economía descalza”, la “œTeoría del desarrollo a escala humana” y la “œHipótesis del umbral”. En el Auditorio de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), abarrotado en esta ocasión, Max-Neef presentó la conferencia “œNuevas perspectivas del concepto de desarrollo a escala humana”.

Este “œhereje del neoliberalismo” sostuvo que no existe correlación entre el grado de desarrollo económico y la felicidad de las personas, se declaró profundamente decepcionado por el modo en que se enseña la Economía y más aún de cómo se practica, y demostró que es posible un modelo económico alternativo basado en la igualdad y en la idea de satisfacer las necesidades básicas de todos sin atentar contra el equilibrio del planeta.

Influenciado por el postulado “œlo pequeño es bello” de E.F. Schumacher, y después de haber abandonado una próspera carrera en una compañía petrolera para conocer cara a cara las realidades socioeconómicas del mundo, Max-Neef ha dedicado su vida a la búsqueda del desarrollo a escala humana explicando sus ideas de manera simple, ya que a su juicio “œlos lenguajes complicados son un refugio para las mentes confusas e inseguras”.

La culpa es de Brahms

Hijo de emigrantes alemanes en Chile, Manfred Max-Neef creció en un ambiente humanista y artístico. La influencia de su padre, uno de los fundadores de la economía política chilena, lo llevaría a estudiar Economía. Al graduarse recibe una tentadora oferta laboral de la multinacional anglo holandesa Shell. Sin embargo, después de ocho años de trabajo con esta compañía petrolera renunció para dedicarse a lo que actualmente hace: conocer y responder a las necesidades de la gente.

En una entrevista concedida hace unos años a la revista Fusión, Max-Neef (quien también es músico) confesó que decidió abandonar su próspera carrera ejecutiva cierta noche, mientras estaba es su casa escuchando la Primera Sinfonía de Brahms. Al llegar al segundo movimiento de esa obra musical se cuestionó sobre su futuro y se dio cuenta de que lo que estaba haciendo en ese momento no encajaba con su proyecto vital. Por ello, buscando ser fiel a sí mismo, dejó el mundo de la empresa y volvió a la universidad.

De esta manera, al iniciar la década del 60 se encontraría impartiendo clases en la universidad de Berkeley, donde viviría muy de cerca el movimiento de protesta estudiantil contra la Guerra de Vietnam. Posteriormente se vincularía como investigador a diversas instituciones internacionales, como la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Su trabajo le llevaría a recorrer el continente americano, pudiendo conocer muy de cerca las realidades socio económicas de la región, o como él mismo dice: “œmeter los pies en el barro”, lo cual sería el germen de sus Principios de la economía descalza (una economía que debe responder a la realidad, y no una economía que fuerza la realidad para que se ajuste al modelo diseñado a priori).

En 1973 se vinculó a la Universidad de Chile, pero el golpe de estado del recientemente fallecido Pinochet lo llevó al exilio donde fue acogido por la Fundación Bariloche de Argentina y, posteriormente, por la Fundación Hammarskjöld de Suecia. En estos think tanks pondría a punto su Teoría de desarrollo a escala humana, los Principios de la economía descalza, la Hipótesis del umbral y los Fundamentos de la transdisciplinariedad.

Su meritorio trabajo le ha hecho merecedor del Premio Nobel Alternativo (Livelihood Award) en 1983 y del título de Doctor honoris causa de la Universidad de Jordania. Actualmente es miembro del Club de Roma, de la Academia Leopold Kohr de Salzburgo, de la Academia Europea de Ciencias y Artes, de la Schumacher Society de Inglaterra, de la New York Academy of Sciences, y catedrático de la Universidad Austral de Valdivia en Chile.

Humanizar la Economía

“œEl mejor proceso de desarrollo es el que mejora la calidad de vida de las personas, calidad que depende de las posibilidades que tienen éstas de satisfacer adecuadamente sus necesidades humanas fundamentales”. Es uno de los planteamientos básicos del profesor Max-Neef.

El economista criticó en Madrid las herramientas que la economía clásica utiliza, como el índice del Producto Interior Bruto (PIB), puesto que no incluye factores como la amortización del patrimonio natural o el valor de las actividades no remuneradas.
“œEl PIB, es un indicador bastante absurdo. Da la impresión de que quienes diseñaron el indicador no sabían que hay cuatro operaciones aritméticas, porque en el PIB todo se suma”, sostuvo.

Desde este punto de vista, una gran epidemia o un gigantesco accidente de tráfico serían estupendos para el crecimiento económico de un país, ya que aumentarían el consumo en transporte, servicios hospitalarios y servicios mecánicos.
Este indicador “œno nos dice la historia que hay detrás”, es decir, no tiene en cuenta si para alcanzar ese crecimiento económico ha habido un impacto ecológico negativo, explotación laboral o si se ha distribuido la riqueza equitativamente.

En su hipótesis del umbral, Manfred Max-Neef planteó que “œen toda sociedad parece haber un periodo en el cual el crecimiento económico, convencionalmente entendido, genera un mejoramiento de la calidad de vida. Ello sólo hasta un punto umbral, cruzado el cual el crecimiento económico genera un deterioro en la calidad de vida”.

Y es que, a su juicio, no existe el crecimiento sostenible: “œEn la naturaleza, todo sistema vivo crece hasta un cierto punto en el que detiene su crecimiento, pero no detiene su desarrollo. El desarrollo puede seguir infinito, pero el crecimiento no”.

Por otra parte, en su “œDesarrollo a escala humana” asegura que el desarrollo no debe ser impuesto desde arriba, sino que debe venir de la base. De esta manera elaboró un método para aprehender los verdaderos deseos y necesidades de la gente sencilla (la matriz básica de nueve necesidades fundamentales) que incluye la subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad y libertad, que a su vez se conectan con cuatro categorías a nivel de satisfacciones: ser, tener, hacer e interacción.

Para este pensador no existe correlación alguna entre el grado de desarrollo económico y la felicidad relativa de las personas implicadas, y considera que también parecen aumentar la soledad y la alienación en las sociedades desarrolladas.

Podría parecer que Max-Neef ha perdido la fe en la Economía. Pero es todo lo contrario, desde el campus de la Universidad de Valdivia apuesta por una “economía a escala humana” que representa un retorno a la sensatez y al sentido común. Es la economía que se fortalece a niveles locales y regionales, donde la gente realmente está, sin caer en el deslumbramiento con el gigantismo y con lo macro como fines supremos.

La conferencia de Manfred Max-Neef en el Foro Diálogos para el Desarrollo puede verse en http://www.forodialogos.org

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