Cuando las ciudades pagan a los campesinos por cuidar sus tierras

El Mundo. Febrero 2007
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Pablo Martínez de Anguita es profesor de Desarrollo Rural en la Universidad Rey Juan Carlos y en la Universidad de Yale. En este artículo narra su experiencia a la cabeza de un proyecto de desarrollo sostenible mediante un particular sistema de financiación.

Los bosques montañosos centroamericanos desaparecen por el continuo avance de la frontera agrícola. Una forma de preservarlos y contribuir a superar la pobreza rural es dar valor de mercado a productos y servicios ambientales que hasta el momento no lo tenían. Este sistema de financiación de la conservación está comenzando a aplicarse en algunos territorios a partir de la regulación del ciclo hidrológico en países en desarrollo.

La desaparición de los bosques en áreas tropicales va acompañada de la aparición de fenómenos como deslizamientos e inundaciones o las pérdidas de cantidad y calidad de las aguas. En concreto, en Centroamérica el avance de la frontera agrícola está haciendo desaparecer los bosques que correctamente gestionados podrían suponer una enorme fuente de riqueza económica y ecológica para sus habitantes. A esta situación bastante generalizada se le suma el hecho de que la concentración y el crecimiento de la población suelen implicar un mayor deterioro ecológico. Una forma de conservar los bosques es la puesta en valor de sus productos, en especial del agua.

Los sistemas de Pago por Servicios Ambientales (PSA) constituyen una solución novedosa que puede permitir invertir una situación de desabastecimiento y degradación mediante una lógica de mercado transformando zonas de alto valor y riesgo ambiental a causa de altas presiones demográficas. El objetivo de un sistema PSA consiste en articular el cobro de un servicio que realiza la naturaleza, en este caso la regulación del ciclo hidrológico y el suministro de agua potable, a quienes desean adquirirla, empleando dichos fondos en la conservación de los bosques productores y en el desarrollo sostenible de los habitantes de la cuenca hidrográfica que permitirán la conservación.

El PSA se financia con una lógica de mercado, a través de cobros a los demandantes de servicios ambientales y pagos de actividades verificables a los productores. Esta lógica es opuesta a las subvenciones y las donaciones. Si existe la demanda de un recurso y la oferta capaz de satisfacer dicha demanda, el mecanismo de un PSA consiste en coordinar los flujos financieros ya sea a través de pagos directos o de modo indirecto, a través de un Fondo de Servicios Ambientales creado a tal efecto.

Un grupo de profesores de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y de la Escuela Nacional de Ciencias Forestales de Honduras estamos estudiando la aplicación de este tipo de mecanismos de conservación en la ciudad de Siguatepeque, Honduras, cuyos habitantes, ante la falta de agua potable, están dispuestos a pagar por ella a los campesinos del valle del río Calan, que viven mayoritariamente bajo el umbral de la pobreza de un dólar al día, y cuya cuenca, hoy contaminada, podría abastecer de agua a la ciudad.

La metodología es relativamente sencilla. Tras levantar la información social y ambiental básica de la cuenca, y con ayuda de un Sistema de Información Geográfica, se han cartografiado los puntos críticos que contaminan el agua, ya sea por la presencia de letrinas o zonas de excretas próximas al río, o por la utilización de agroquímicos pesados en la agricultura. Una vez establecido un plan de ordenación territorial para lograr que el agua vuelva a ser potable, se propone a cada agricultor un contrato o servidumbre ecológica por el cual el agricultor acuerda limitar y ordenar voluntariamente ciertos usos de su propiedad para conservar los recursos naturales que hay en la misma a cambio de recibir una compensación procedente de los fondos recaudados en la ciudad. De este modo, los campesinos pobres comienzan a recibir una pequeña parte de sus ingresos por su labor de ‘cuidadores’ de la naturaleza.

Este contrato diversifica los ingresos de los agricultores que no dependen así al 100% de su cosecha. Como proveedores de un servicio ambiental, entran en una dinámica en la que una parte de su producción, la potabilidad del agua, está garantizada por el sistema PSA.

El sistema es sencillo. En una cuenca es relativamente fácil identificar productores y consumidores del recurso. El éxito del sistema PSA se basa en que su puesta en práctica beneficie directamente a los habitantes de las cuencas y bosques de modo que puedan ser receptores de los pagos en concepto de Servicios Ambientales por sus nuevas prácticas de conservación. Al mismo tiempo, los habitantes de las ciudades y pueblos ven abastecida su ciudad por agua de calidad.

Si se consigue establecer con éxito este sistema, quedará abierto un nuevo camino para la financiación del desarrollo rural en países pobres que podrá ser utilizado si se dan las condiciones adecuadas por ONG y entidades de desarrollo para superar la miseria rural a través de la conservación de la naturaleza.

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