Podríamos vivir bien

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‘Segura’, el quebrantahuesos abatido a tiros en pleno huelo. (Foto: Fundación Gypaetus)

Antonio Ruiz de Elvira, 30 de abril de 2008, El Munfo.- Llevo dos años tosiendo sin parar. No consigo dormir más de 5 horas. No es un problema mío. Cuando voy a la farmacia a pedir expectorantes abren un cajón a rebosar de ellos. Ayer salí un momento a una calle estrecha. Cada vez que pasaba un coche me daban arcadas. Me compré unos filtros que voy a tener que llevar en la cara, como una máscara, siempre que tenga que andar por calles con tráfico.

Las noticias por todo el mundo son que la energía se hace cada vez más cara y que los alimentos empiezan a escasear. Quedan 3.000 tigres, unas cuantas águilas y en España un par de parejas de quebrantahuesos. Ayer mataron a una de esos quebrantahuesos.

Imaginemos que se han quemado todas las obras que tenemos de Miguel Ángel, de Velázquez o de Picasso. Un día recibimos la noticia de que un loco acaba de hacer añicos la última estatua, el último cuadro que quedaba. ¿Qué pensaríamos?, ¿no lloraríamos a lágrima viva?

Vivimos muy, pero muy bien. Yo sólo veo coches de a 60.000 euros por las calles. El otro día el mecánico que arreglo mi lavadora me habló de su coche de 40.000 euros. Las playas se llenan en los puentes, lo mismo que los aviones que van al Caribe.

Seguimos obedeciendo aquel mandato bíblico tan espantoso de “todo lo que hay en la Tierra será de vuestro dominio”, y seguiremos haciéndolo hasta que vivamos en un mundo compartido en exclusiva por tres alimañas: cucarachas, ratas y nosotros. Un mundo de hormigón, la pesadilla del Trantor de Asimov, pero no dentro de decenas de millones de años. No, ya mismo.

Es el mundo que quiere la mayoría. Estamos en lo que se llama una democracia. Si la mayoría quiere vivir en medio de la basura, ¿tiene razón la mayoría?

La noticia de que el ejército de Napoleón estaba a 20 km la recibió Wellington en medio de un baile en Bruselas. El colapso del imperio español se consumó en medio de fiestas, banquetes, misas y Te Deums solemnes.

Se puede definir a un ser vivo como una máquina termodinámica que se mueve para buscar la energía que necesita para funcionar. Sin energía no hay vida. Los campos españoles, sin tractores ni fertilizantes, dan para diez millones de personas, nunca para cuarenta y cuatro. Tres de cada cuatro debemos desaparecer si no capturamos energía suficiente. ¿Quiénes seremos?

Tenemos toda la energía que queramos. Viene del sol. Pero es ‘cara’. No es ‘competitiva’. Tarda 7 años en amortizarse. ¿Cuánto tarda en amortizarse un televisor de pantalla plana?, ¿un sofá?

El otro día hablaba con la alcaldesa de un pueblo muerto de La Mancha. Le sugerí que se lanzara por la senda de las energías renovables. Me dijo que eran muy feas. Había elegido especializarse en ser pobre. En dejar pasar las oportunidades. Como España en general. El ministro de Industria habla de apoyar las energías renovables. ¿Cuándo? ¿Mañana? ¿El ‘mañana’ mejicano? En vez de innovación, insistir en hacer casas de VPO y autovías, en dar dinero para “usos sociales”; en mantener la fiesta sin pensar en la necesidad. En vez de naturaleza, coches y escopetas para abatir quebrantahuesos.

Hay países que se han especializado en ser ricos. En elegir siempre lo que da dinero. Dinero no para ahora, sino para un largo plazo. Se han especializado en innovar.

¿Para cuándo lo dejamos? ¿Para ‘mañana’?

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