El “œsíndrome químico” sale del armario en España

Rafael Carrasco / ECOticias.com, 11/02/2010,

Fatiga permanente, dolor de articulaciones, disfunción mental o dolor de garganta. Le llaman síndrome químico o intolerancia química múltiple y es una severa dolencia que condiciona toda la vida de millones de pacientes, cada vez más, pese a lo cual, en España, la Administración ni siquiera reconoce la enfermedad. Ahora, afectados de toda España han decidido “œsalir del armario” y han redactado un manifiesto cívico sobre el derecho a exigir protección y el “œno uso de ciertos productos contaminantes” en lugares de trabajo, escuelas o edificios residenciales.

En Estados Unidos, se calcula que el 16% de la población sufre intolerancia a los químicos de uso común. En nuestro país, no se sabe cuántas personas sufren esta dolencia o síndrome porque la Administración sanitaria no ha hecho ninguna estadística ni estudio epidemiológico ni presta una atención especial a estas personas. La Fundación Alborada está preparando un estudio sobre la incidencia en España, pero seguramente tardará años en concluirlo dadas las limitaciones económicas de esta entidad privada y la complejidad de la enfermedad y de los enfermos.

Ana Cárdenas es una de esas “œvíctimas de la química”. Trabajaba en la Seguridad Social de Sabadell (Barcelona) y su oficina, como otras muchas, fue fumigada con un cóctel contra plagas compuesto, básicamente, por pesticidas organofosforados, según ella y otros compañeros, “œsin tener en cuenta las malas condiciones de ventilación de la oficina”. Aunque en 1999 cesaron las fumigaciones, la contaminación del ambiente era tal que, dos años después del último rociado, un estudio medioambiental llegó a la conclusión de que la instalación seguía contaminada. “œEn cinco o seis oficinas “explica la afectada- empezó a haber problemas de salud con la gente de nuestra oficina, de las cuales, dos están incapacitadas y otras dos han muerto sin que se les haga siquiera una autopsia para ver cuantos contaminantes había en su cuerpo”. Ana tiene más suerte: sus dolores y disfunciones “œsólo” la tienen incapacitada para trabajar.

El manifiesto redactado por enfermos como ella, que será enviado a numerosas instituciones públicas y privadas, reivindica su derecho a respirar aire sano y libre de productos nocivos, así como saber, “œde forma clara y detallada”, qué tipo de productos de limpieza, ambientadores, pinturas y demás químicos se han utilizado o se van a utilizar en los lugares de trabajo, las escuelas de sus hijos, los centros administrativos o cualquier otro lugar público “œpara poder enterarme de sus componentes y potenciales peligros para mi salud antes de inhalarlos irremediablemente”. “œSe nos ha tachado de enfermos, demasiado sensibles, débiles, simuladores, exagerados o incluso faltos de “œcordura” -lamenta la doctora Pilar Muñoz Calero, presidenta de la Fundación Alborada, y afectada ella misma de sensibilidad química-. Todo ello por no ser capaces de adaptarnos a múltiples venenos que por innecesarios y excesivos no tendrían ni siquiera que existir”. “œYa somos demasiados afectados “advierte-. Médicos, químicos o biólogos ya sabemos las múltiples vías de derivación que recorren los productos químicos que introducimos en nuestro organismo desencadenando cáncer, depresiones, alteraciones hormonales, agresión, hiperactividad y otras múltiples manipulaciones”.

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