El primer estudio español desvela una elevada presencia de DDT en la sangre

Barcelona, 19 sep 2005 (La Vanguardia).- El 43% de la población canaria tiene en su organismo niveles apreciables de DDT, un pesticida organoclorado que fue prohibido en España en 1978 por su peligrosidad. Un estudio del grupo de investigación en medio ambiente y salud de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ha confirmado, por primera vez en España en un informe de carácter general, la elevada presencia de este contaminante en nuestro organismo. Los expertos juzgan que los datos son extrapolables a toda España.

Sobre una muestra de 682 personas representativas de las islas, el estudio señala que el 43.05% de la población canaria presenta rastros del pesticida DDT, usado en las fumigaciones agrícolas y ganaderas hasta fechas relativamente recientes (1978). También se indica que el 88% de la población canaria presenta restos de DDE, un residuo fruto de la degradación del DDT. Finalmente, en conjunto, el 99,3% de la población tiene concentraciones detectables del DDT o de algunos de sus componentes derivados.

La presencia del DDT y sus derivados en la sangre preocupa a los expertos, puesto que los pesticidas organoclorados son sospechosos de ser cancerígenos, y, además, son capaces de alterar el sistema hormonal e inmunológico y de provocar alteraciones en el feto (visibles al nacer o desarrolladas en enfermedades en edad avanzada).

Al igual que otros compuestos tóxicos persistentes – y pese a que éste ya no se utiliza-, el DDT no ha desaparecido de la cadena alimentaria. Y sigue siendo habitual detectarlo en los alimentos. Llega a nuestro organismo a través de la dieta a dosis muy bajas, circula por la sangre y se bioacumula en los órganos con más grasas del organismo, pues tardan décadas en degradarse. Aunque por lo general, en el conjunto de la sociedad, sus niveles van descendiendo, en cada persona las concentraciones de estos tóxicos van aumentando con el paso del tiempo.

Los niveles medios de DDT y DDE registrados en el estudio de la Universidad de Las Palmas son similares a los descritos para otros países occidentales. El problema es el alto porcentaje de muestras en que se detecte el pesticida prohibido. Los niveles medios de DDT se sitúan en torno a los 181 nanogramos por gramo de sangre y los de DDE están en torno a los 228 nanogramos por gramo.

En la población de los países occidentales es relativamente normal encontrar en sangre DDT y productos de su degradación. Pero lo que ‘es altamente preocupante es que casi la mitad de la población canaria tenga DDT inalterado, lo que demuestra que ha estado expuesta a este pesticida recientemente’, según Luis Domínguez-Boada, toxicólogo del departamento de ciencias clínicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y director del estudio, preocupado por las repercusiones que puede tener este problema sobre la salud de los isleños.

Además de ingestión de alimentos autóctonos contaminados, la presencia de DDT puede deberse a alimentos procedentes de África, Asia o Sudamérica – en donde este pesticida aún no está prohibido-; y, aunque es poco probable, tampoco puede destacarse un uso fraudulenteo del DDT. El investigador canario apunta además que – en el caso concreto de Canarias- puede influir que los territorios insulares sean como ecosistemas cerrados de difícil regeneración, de manera que la contaminación pasa sucesivamente al suelo, al agua, a las plantas, a los animales y al hombre sin dispersión o regeneración.
El estudio destaca que los mayores niveles de DDT se localizaron en la población de más de 30 años: desde 216 nanogramos por gramo en los menores de 18 años hasta los 511 nanogramos en los mayores de 65 años. Miquel Porta, catedrático de salud pública de la UAB, indica que ‘el factor de predicción número uno de los niveles que tenemos en el cuerpo es casi siempre la edad; luego viene la obesidad: cuanto más edad y peso se tiene, mayor cantidad de tóxicos se acumula’.

Los resultados del estudio, que han sido publicados en revistas científicas internacionales, serán presentados mañana en Maó (Menorca), en un encuentro de expertos que analizarán los informes existentes sobre compuestos tóxicos persistentes.

La reunión la promueve el Institut Municipal d´Investigació Mèdica (IMIM) y la UAB.
Miquel Porta, promotor del encuentro de Maó e investigador del IMIM, juzga ‘bastante impresionante’ que aún se detecten niveles de DDT en un 43% de la población canaria. Los hallazgos de la investigación muestran hasta qué punto ha sido contaminada la cadena alementaria. ‘Y no hablamos de trabajadores agrícolas expuestos, sino de una muestra representativa de la población general sana’, subraya. De todos modos, puntualiza, ‘lo que también reflejan estos resultados es que el DDT es extraordinariamente persistente en las grasas. Que se detecte no significa necesariamente que se siga utilizando en la agricultura, sino que no se ha eliminado de los piensos animales’.

Los expertos consultados juzgan que los niveles detectados en Canarias pueden ser similares a los del resto de España, porque la exposición principal (la dieta) es parecida. Sin embargo, no hay estudios rigurosos para corroborarlo. ‘Creo muy probable que sean muy parecidos, aunque se hallarán diferencias en las mezclas de tóxicos detectados en zonas más rurales o más industrializadas’, dice Porta.
Otros estudios destacan que en zonas urbanas la población acumula más PCBs, dioxinas, furanos y otros compuestos tóxicos de origen industrial, mientras que en áreas rurales predominan los contaminantes como el DDT y sus derivados.

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