El ataque contra las Torres Gemelas ha dejado un grave perjuicio medioambiental que aún perdura

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Nueva York, 11/9/2008, (Ecoestrategia).- A las 8 y 46 minutos de la mañana, hora de la costa este en los Estados Unidos, del 11 de septiembre de 2001 un grupo de terroristas islamistas secuestraron e hicieron estrellar el vuelo 11 de la American Airlines contra una de las torres gemelas del World Trade Center (WTC) de Nueva York. Posteriormente, a las 9 y tres minutos, la misma organización hacia impactar el vuelo 175 de la United Airlines contra la segunda torre. Alrededor de 3.000 personas murieron o desaparecieron el día del histórico atentado que dejaría, hasta la fecha, graves secuelas medioambientales que todavía siguen produciendo víctimas siete años después.

Depresión, ansiedad, problemas respiratorios e incluso la muerte. Éstas son las consecuencias que dejaron a un número indeterminado de personas (quizás cientos) los atentados del 11-S. Algunos son trabajadores de sector financiero de Wall Street; otros, residentes de la zona de Manhattan; y, los más, trabajaron en los equipos de rescate que acudieron al lugar del desastre conocida como la “œZona Cero”.

Los “œdaños colaterales” posteriores ocasionados por este atentado, sin precedentes en el país, hicieron que el Ayuntamiento de Nueva York crease en 2006, bajo el mandato del alcalde Michel Bloomberg, el World Trade Center Enviromental Health Center, para brindar asistencia a la gente que enfermó debido a la nube tóxica de polvo y humo que emanó de la Zona Cero.

Según un informe del Medical Group Working, 10.000 personas han pedido tratamiento hasta el día de hoy. El estudio indica que los síntomas de trastorno por estrés postraumático continúan teniendo una incidencia alta entre el personal de rescate y los residentes en la zona financiera, mientras que ambos grupos también sufren también asma y reflujo gastroesofágico.

Las graves consecuencias sobre la salud humana que provocó el aire contaminado, llevaron a los vecinos de la zona a presentar una demanda colectiva contra la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos (EPA) en el año 2004, acusando a este organismo federal de “œindiferencia deliberada a la salud humana” cuando tres días después de los atentados comunicó que el aire de la zona era seguro para respirar.

En este año 2008 la justicia determinó que no podía responsabilizarse a la EPA de asegurar a los residentes que el aire de la zona era respirable, y sólo profirió una amonestación contra el organismo ambiental gubernamental.

Una nube tóxica contaminó la Gran Manzana

Investigaciones independientes posteriores detectaron en la Zona Cero niveles de amianto (un reconocido cancerígeno) de hasta 64 veces superior al límite permitido para la salud humana. Asimismo, se detectaron niveles de mercurio que sobrepasaban en 662 veces los límites establecidos.

Tres días después de producirse los atentados contra el WTC, la directora de la EPA en ese entonces, Christie Whitman, aseguró públicamente que la calidad del aire era buena y apropiada para respirar.

La verdad fue que Whitman mintió presionada desde la Casa Blanca por el presidente Bush y desde el Ayuntamiento de Nueva York por Rudolph Giuliani, alcalde en ese momento de la ciudad atacada, quienes decidieron que era necesario “œsuavizar la realidad” para reabrir el centro financiero lo antes posible.

Posteriormente, la misma agencia federal determinó que la destrucción de los dos rascacielos liberó en el ambiente 2.000 toneladas de asbesto (que origina una enfermedad pulmonar conocida como asbestosis), de plomo procedente de unos 50.000 ordenadores (que puede causar daños cerebrales), de 424.000 toneladas de concreto pulverizado, del químico policlorobifenilo “PCB- (que afecta al sistema nervioso), así como de otras sustancias tóxicas.

El primer informe contundente al respecto fue presentado en 2006 por el prestigioso hospital Mount Sinai. En un estudio de 9.500 personas que estuvieron presentes en el WTC el día del atentado y días posteriores, el 70% sufría enfermedades respiratorias, muchas de ellas crónicas, lo que trasladado estadísticamente al total de los afectados arrojaba un balance de decenas de miles.

La codirectora del estudio, Robin Herbert, afirmó en ese momento que, sin duda alguna, los supervivientes del 11-S estaban enfermos y que necesitarían atención médica para el resto de sus vidas.

A todas luces, los más afectados por esta situación fueron los bomberos, policías y el personal sanitario, quienes inhalaron la mezcla tóxica de hollín, metales y otras partículas en sus pulmones durante jornadas de 12 horas que duraron semanas.

La primera víctima oficial por envenenamiento

Oficialmente la primera víctima post 11-S fue Felicia Dunn-Jones, de 42 años, que murió cinco meses después de los atentados a causa del aire contaminado respirado cuando volvió a trabajar a la zona financiera. El informe presentado por el Medical Group Working reconoce al menos otras diez muertes, básicamente entre los que participaron en las operaciones de rescate en primera instancia, que pueden relacionarse directamente con la exposición al aire del World Trade Center.

Sin embargo, el abogado David Worby, quien representa a varios de los afectados por la nube tóxica, aseguró que puede documentar al menos 23 muertes de trabajadores por exposición directa al polvo del World Trade Center. Entre ellas, la del policía James Zadroga, quien estuvo 470 horas al pie de la Zona Cero, muerto a los 34 años por una enfermedad pulmonar; al igual que el bombero Félix Hernández, fallecido a los 31.

Otro bombero, Timothy Keller, murió posteriormente a los 41 años por una afección cardiovascular, agravada con un enfisema y una bronquitis crónica que le impedía subir las escaleras.

Otro estudio de la Universidad de Columbia, sobre mujeres embarazadas que vivían en un radio inferior a dos millas del World Trade Center, determinó que sus bebés acusaron una tendencia a mostrar un tamaño y un peso inferior al de otros recién nacidos.

Los investigadores médicos que han estudiado las secuelas del 11-S, tanto sobre la salud mental como sobre la física, han llegado a la conclusión de que la gente afectada tendrá que ser monitorizada y atendida por varias décadas.

Toda la información de la EPA sobre el atentado del World Trade Center puede leerse, en inglés, en: www.epa.gov/wtc/

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