Curarse olvidándose de sí mismo

En Ecuador, un grupo de terapeutas se atreven a vivir y fomentar la sanación utilizando formas renovadoras de ver el mundo de la salud. Maêle Pigeard nos escribe “desde dentro”.

Un concepto nuevo, un método para sanarse de muchas enfermedades graves y menos graves, simplemente uniendo a “ese” sin cultura con “ese otro” impredecible que desborda del vaso de uno mismo. En ese lugar de sanación y de vida, la tendencia es “resbalar” a propósito, en lo desconocido de lo conocido, en lo perceptible de lo imperceptible, en el recuerdo de lo olvidado, y, sobre todo, en lo nuevo de lo que viene. El lugar se llama “El Jardín del Olvido”.

El lema es: “Curarse olvidándose de sí mismo”. Por esa simple razón el centro se llama: Un Jardín para Olvidar. Ahí, solo actividades y juegos insólitos llevan al enfermo a la distracción de sus hábitos, satisfaciendo inadvertidas necesidades y mejorándolo de múltiples enfermedades.
“Un día cualquiera en el centro… amigos sobre un césped realizan un ejercicio propuesto, que consiste en moverse lo más lento posible, acariciando la inmovilidad y sus límites… En el bosque, la luz fraccionada por los árboles y las hojas da a la mañana ese tono de luz verde particular, necesario para Tom… Una piscina de agua relaja a una señora, quien canta una melodía desconocida… Un espacio con arenas de colores acoge a nuestro amigo Francisco, quien realiza ceremoniosamente unos dibujos que revelan “lo desconocido de él mismo”… Tres personas se reflejan de cuerpo entero en unos espejos tratando de verse más allá de lo aparente… En un pequeño grupo cómodamente instalado, los integrantes comunican de “manera diferente” sus emociones… No muy lejos, un instrumento simple y de sonidos muy puros se escucha sonar discordante y delicadamente… Frutas y alimentos no elaborados se alistan sobre una mesa, permitiendo una relación de primera mano -hoy se trata de comer colores-… Dos mujeres respiran curiosamente sobre una colchoneta inhalando el “aire” del aire que se respira…”

LA PROPUESTA
“El ser humano no es capaz de entender las necesidades de su inteligente universo celular. ¡Muchas tradiciones, teorías, creencias, hábitos pesan tanto sobre él como en su genética! No todo es malo, pero muchas de nuestras ‘enfermedades’ son el resultado de esta larga y tortuosa historia… ¡Entre lo que realmente necesitamos y lo que creemos necesitar, generalmente hay un ancho trecho!”, señalan desde este curioso centro de sanación.
Para descubrir nuestras reales necesidades o mejorarnos de muchas “enfermedades” físicas, psicológicas u otras, “proponemos múltiples actividades y juegos que tienen como finalidad la de distraernos el tiempo necesario e interrumpir nuestra relación con el pasado y su inercia… (“el programa”). Para que esto suceda, en nuestro jardín todo está preparado para que la exactitud de una relación hasta entonces impensada sea una sorpresa… ¡Las técnicas previstas, lineales y lógicas quedan guardadas!”, aseveran. E insisten: “El punto que hace la diferencia es que jugamos con el tiempo y el espacio que nos limita, hasta lograr desestabilizar la continuidad de los acontecimientos y de los referenciales existentes. Esta manera de proceder hará aparecer ‘actualizada’ esa materia fundamental que permite existir a la naturaleza y la vida venidera, y con la cual podremos transformar nuestro cuerpo, satisfaciendo nuestras reales necesidades… “.

DESPERTANDO
“Utilizar esta materia que aparece cruda (todavía no utilizada), nos permitirá despertar nuestro sistema celular, dejando al descubierto un maravilloso y automático proceso de renovación de este. El resultado final será un nuevo cuerpo que aparecerá resplandeciente”, señalan los responsables del centro ecuatoriano.
Nos dice Maêle: “En nuestra práctica, proponemos una gran variedad de posibilidades en todas las áreas nutricionales de nuestra existencia. Nos encontramos con una alimentación cruda no escogida, aparecen los sonidos escondidos de una materia renovada, un tocar apropiado con todo nuestro entorno, sentimientos libres de nuestro pasado, una respiración variada y regeneradora, una luz dividida y siempre complementaria… El aire del aire… El movimiento preciso… y aparece finalmente el sonido de la luz, el movimiento del color, la música de la forma de la luz, etc. Una realidad más orgánica y completa que la que percibimos comúnmente!”… y cuando el viaje de curación llega a su fin en nuestro lugar, estamos en el umbral de una nutrición mínima para perseguir otros logros que simplemente existir para sobrevivir.”

Maële Pigeard
www.holisticalternativehealth.com
info@holisticalternativehealth.com

 

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