Control global de transgénicos se vuelve quimera

images-22.jpg
Por Diego Cevallos

MÉXICO, 27 feb (IPS) – Las negociaciones celebradas esta semana en México expusieron las dificultades casi insalvables para obtener un firme régimen internacional de responsabilidad y compensación por daños atribuibles al movimiento transfronterizo de transgénicos.

En ese diagnóstico coincidieron la activista Silvia Ribeiro, portavoz en América Latina del no gubernamental Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC), con sede en Canadá, y Sandra Piña, gerente de negociaciones internacionales de Agrobio México, asociación de empresas biotecnológicas que promueven transgénicos.

Ribeiro, una curtida crítica de las empresas que venden semillas transgénicas, y Piña asistieron como observadoras a cita del grupo de apoyo del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad de la Biotecnología, y dialogaron con IPS.

Los delegados de unos 30 países esperaban definir el régimen que aplicará al artículo 27 del Protocolo sobre “responsabilidad y compensación”, vigente desde 2003. Pero el debate que lleva cinco años no ha llegado aún el consenso requerido para este tipo de instrumentos.

Las negociaciones avanzaron en México, pero no llegaron a puerto, según las entrevistadas. La discusiones continuarán el año próximo, posiblemente en febrero en Malasia.

El objetivo es alcanzar un documento negociado antes de la conferencia de los 153 países que se han adherido al Protocolo de Cartagena, programada para octubre de 2010 en Japón.

El Protocolo, complementario del Convenio sobre la Diversidad Biológica, está destinado a proteger la biodiversidad de los posibles daños de los transgénicos, y establece que, ante la incertidumbre o falta de información, se debe aplicar el principio precautorio para evitar el ingreso o uso de esos organismos genéticamente modificados.

La biotecnología agrícola permite crear, manipulando genes, plantas tolerantes a herbicidas, resistentes a plagas y enfermedades, así como otras que pueden sobrevivir a suelos secos o salitrosos. Además, se están desarrollando semillas que, según sus promotores, darán lugar a cultivos alimenticios con más vitaminas y hasta vacunas contra enfermedades.

Científicos de todo el mundo todavía discuten si los organismos genéticamente modificados son peligrosos para el ambiente o la salud humana. Hay quienes sostienen que son totalmente inocuos, pero se ha llegado a documentar casos de alergias en personas y alteraciones en animales relacionadas a su consumo.

De acuerdo con Ribeiro, si llegase a concretarse en 2010 un acuerdo entre gobiernos sobre el régimen de responsabilidad y compensación al movimiento de transgénicos “tendrá tantos huecos que será inútil, estará vaciado de contenido”.

El problema de la negociación en marcha, apunta Ribeiro, es que requiere consenso, lo que impide que gane la postura mayoritaria de países que apuestan por un régimen que ordene compensaciones directas a las empresas que producen y venden semillas transgénicas y a los gobiernos que las autorizan.

En contraste, la portavoz de la empresarial Agrobio declaró que en las negociaciones se pudo observar que “afortunadamente” los participantes “están cada vez menos apasionados” en la defensa de sus posturas.

Piña sostuvo que las partes están “más abiertas” a alcanzar a un acuerdo sobre un régimen de compensación de carácter administrativo, que sea definido en sus detalles por cada país.

Dictar un régimen universal “sería muy difícil”, pues en la responsabilidad y la compensación de posibles daños “hay ‘n’ factores que considerar” como los ambientales de cada lugar, el transporte, el manejo, la presencia de otras especies y el mal uso de semillas, entre otras. Cada país debe analizarlo”, manifestó.

“A los activistas, cuya presencia y punto de vista es valioso y necesario, les gusta subir mucho la vara en este tema, pero eso no anima el consenso y hay que recordar que aquí mandan los gobiernos”, añadió Piña.

En su opinión, se busca un acuerdo “razonable que todavía tiene algún camino que recorrer”.

Entre lunes y este viernes, unos 150 delegados de 30 gobiernos se reunieron en salones de la cancillería de México, en la capital de este país.

En las afueras del edificio, activistas ambientalistas y campesinos realizaron manifestaciones callejeras en rechazo a los transgénicos.

Además, la oficina nacional de la organización internacional Greenpeace dibujó con mazorcas de maíz no transgénico un gigantesco mapa de México en la plaza del Zócalo, el centro histórico de la ciudad.

La Red en Defensa del Maíz de México, de la que forman parte ETC, Greenpeace y varias organizaciones campesinas, emitieron una declaración donde señalan que los “transgénicos son la expresión más exagerada y lesiva del dominio corporativo y para el lucro, de la historia de la agricultura”.

Desde su punto de vista, los transgénicos están “diseñados para garantizar la dependencia alimentaria de todos”.

Las compañías que los producen, “los científicos que trabajan para ellas, junto a las trasnacionales que los distribuyen y promueven, y los gobiernos que los permiten” son responsables de los daños que causan “a los pueblos, sus culturas y economías, a la salud, al medioambiente y a la biodiversidad”, afirmaron.

El área de cultivos transgénicos en el mundo viene creciendo sin pausa desde sus primeras autorizaciones comerciales en 1996 y ya abarca 125 millones de hectáreas en 25 países y 13,3 millones de agricultores. Las semillas de las corporaciones transnacionales BASF, Bayer CropScience, Dow AgroSciences, DuPont/Pioneer, Monsanto y Syngenta dominan ampliamente este mercado.

Una infinidad de alimentos procesados con esos productos circulan ya en el mercado y los consumen millones de personas. “La experiencia de los últimos años no indica que los temores sobre los transgénicos sean reales. En la actualidad hay más conciencia sobre sus potenciales beneficios y por eso su crecimiento exponencial”, dijo la portavoz de Agrobio.

Ribeiro, en cambio, indicó que existen evidencias claras de los impactos de los transgénicos y que, ante la imposibilidad de definir un “verdadero” régimen mundial de responsabilidad y compensación, lo único que queda es rechazar su presencia en cada país de forma puntual y usando los medios al alcance de activistas y campesinos.

El ETC reclama además regulaciones internacionales para impedir que ingresen transgénicos a los centros de origen de ciertas variedades, como el maíz en México, pues puedan alterar su presencia natural.

Aunque en México está prohibido el cultivo comercial y experimental de maíz transgénico, varias investigaciones han detectado ya trazas y mezclas con las variedades criollas.

México deberá decidir pronto la conveniencia o no de cultivar maíz transgénico, pero solo podrá hacerlo permitiendo primero la experimentación, dijo Piña, una posibilidad que los ambientalistas rechazan. (FIN/2009)

Seguici in Facebook