Calentamiento y provincianismo

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Gustavo Catalán
Natura / El Mundo sept 2007
Que España tenga 19 banderas, otras tantas cámaras parlamentarias y muchísima clase política y funcionarial para atender tanta cosa política, puede ser positivo. Pero que los bosques de Canarias tengan una gestión ridícula, que Andalucía repita machaconamente que los linces ibéricos son de ellos o que un oso pardo esté protegido en un monte de Asturias y sea abatible (por permitirse la caza) en el monte contiguo de León, no parece nada adecuado.

Esto de las autonomías le ha venido pero que muy mal a la ecología y al medio ambiente. Los ecologistas ya se echaron las manos a la cabeza cuando una ley obligó a dar la gestión de los parques nacionales a cada comunidad. Avisaron de que terminarían siendo todo menos eso: territorios gestionados y protegidos de forma unívoca como se hace en todos los países del mundo, y no como le parece a cada político regional, dependiente de su partido, con todo lo que de provinciano contiene el término y sin ánimo de ofender a nadie.

Cada día es un reto averiguar cuánta superficie forestal se ha quemado en España, porque los datos son de cada autonomía y los da cuando le viene en gana y tras maquillar las cifras. Si esto es así con el fuego, qué no ocurre con cosas que causan menos alarma. Por ejemplo, los vertederos. ¿Dónde va la basura de Valencia? ¿Qué se hace con los plásticos en Aragón? ¿Alguien lo sabe? Si es necesario el dato para publicar, no se obtendrá a tiempo y será de años atrás.

Eso sí, cada autonomía y ente local se rodea de un jefe de gabinete de prensa que le da al bombo de la propaganda y coloca cada rollo que no veas. Todo para promocionar al jefe, y no porque estén realmente preocupados por el medio. Hace unas semanas, el secretario general del Cambio Climático, Arturo Gonzalo Aizpiri, lanzó una alerta y reclamó a las autonomías y municipios españoles que hagan sus deberes para contener las emisiones de efecto invernadero. Cuando aún le quedan unos meses para aprobarse la Estrategia contra el Cambio Climático de la Nación, se tendrá que esperar a que la redacten y aprueben cada uno de los parlamentos regionales.

Hagan un cálculo de tiempo y entenderán por qué tanta descentralización no va nada bien para los asuntos generales, o mejor dicho, globales. Sobre todo, porque el cambio climático tiene una única forma de combatirse a nivel mundial, y será lo mismo en Galicia que en Murcia o en Escocia.

Pero no, como cada autonomía y gran ayuntamiento quiere brillar con luz propia, quitarán una coma de aquí, añadirán un acento allá, y mientras tanto la casa sin barrer. La atomización de la gestión en nuestro país impedirá que se llegue a tiempo para cumplir con Kioto antes de 2012.

La realidad lo demuestra. De las casi 200 medidas concretas de la citada estrategia, el Estado sólo puede poner en marcha 80, porque las otras 118 le corresponden a las otras administraciones. Por ejemplo: la gestión de los vertederos, grandes emisores de gas metano; o de ciertos productos agrícolas causantes del efecto invernadero; o del alumbrado de calles y autopistas regionales… o del ahorro de combustible y energía de las flotas de transporte urbano.

¿Cuándo se aprobarán esas estrategias? Y lo que es más importante, ¿cuándo estarán en vigor, restando emisiones al Reino de España en los balances anuales de la ONU, donde para vergüenza de todos vamos en el furgón de cola?

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gustavo.catalan@elmundo.es

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