Brasil en los albores de una petroquímica limpia

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Por Mario Osava *

Los subproductos del biodiésel pueden aprovecharse en industrias del plástico, cosméticos, medicamentos, plaguicidas, energía y maquinarias.

RÍO DE JANEIRO, 17 mar 2008 (Tierramérica).- La refinación de combustible vegetal a partir de oleaginosas está acumulando en Brasil una masa crítica de subproductos con los que puede nacer una industria petroquímica ajena a los hidrocarburos fósiles.

La glicerina, subproducto del biodiésel, es por ahora un problema ambiental y económico para las empresas pioneras en la producción del combustible renovable en Brasil y en otras partes del mundo. Sus excedentes no pueden ser simplemente botados, ya que afectarían la vida acuática, y su almacenaje tiene costos.

Pero lo que hasta ahora es un problema está promoviendo una carrera para desarrollar nuevos usos industriales de esta materia prima polivalente. La petroquímica es su destino principal.

Ya existe el “œpropeno verde”, materia prima de muchos productos plásticos, y su patente corresponde a una asociación entre la empresa estatal Nova Petroquímica y la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), lo que abre camino a la sustitución de parte de los derivados del petróleo usados en esa industria.

“œYa disponemos de glicerina en cantidad suficiente” para desarrollar esa “œruta sustentable”, aseguró a Tierramérica Pedro Bóscolo, gerente de tecnología de la empresa.

Brasil adoptó una mezcla obligatoria de dos por ciento de biodiésel en el gasóleo empleado por vehículos de motores diésel, el B2. Este genera un excedente de 105.000 toneladas anuales de glicerina, según Bóscolo.

Esa cantidad se multiplicará por 2,5 a partir de 2013, cuando Brasil pase a consumir el B5, con cinco por ciento de biodiésel, lo que permitirá una industrialización en gran escala, favorecida también por el abaratamiento de la materia prima.

Este país consume entre 30.000 y 40.000 toneladas anuales de glicerol, nombre técnico de la glicerina pura, que también es subproducto de la industria del jabón. Se emplea en la elaboración de cosméticos, alimentos, tintas y medicamentos.

De momento, la glicerina –casi 10 por ciento del biodiésel producido–, es “œun pasivo ambiental”, porque en los ríos hace proliferar vegetales y bacterias que agotan el oxígeno, provocando la mortandad de peces, explicó a Tierramérica el profesor Claudio Mota, del Instituto de Química de la UFRJ, que coordina la investigación del propeno verde.

Quemarla también es dañino, porque emite acroleína, una sustancia cancerígena, y el uso directo como combustible puede dañar los equipos, ya que la glicerina sale del proceso con impurezas, acotó el investigador. Las empresas productoras de biodiésel la están almacenando a la espera de una solución y ya hubo denuncias de derrame en los ríos.

Esta situación impulsó la UFRJ y a Nova Petroquímica a buscar su aprovechamiento. Se eligió el propeno por ser materia prima de muchas industrias de este país, producida a partir de un residuo “œy que no exige cultivo en tierras adicionales en competencia con los alimentos”, señaló Bóscolo.

Patentado el producto, su fase actual se desarrolla en una planta piloto en la UFRJ, le seguirá una planta un poco mayor en Nova Petroquímica, antes de lanzar la producción a gran escala en 2013.

La patente del propeno verde es inédita en Europa, que sin embargo produce más biodiésel que Brasil desde hace mucho tiempo, y por tanto dispone de mucha glicerina, pero destinada a otros usos y productos, aclaró Bóscolo.

La glicerina tenía un mercado restringido, porque era considerada “œun producto noble” y de precio elevado, dijo a Tierramérica el director de la Empresa Brasileña de Bioenergía (EBB), Marcelo Parente. Pero los excedentes del biodiésel cambian ese escenario.

Sin embargo, la industrialización exige un complejo proceso de purificación, al que se dedica la EBB, que ya obtuvo una glicerina “œprepurificada” que interesa a muchas industrias, pues reduce costos.

Es “œun paso hacia la bidestilación” para actividades como la petroquímica, observó Parente, cuyo padre, Expedito Parente, inventó el biodiésel hace casi 30 años y desarrolló el bioqueroseno, combustible para aviones a partir de aceites vegetales.

Los usos de la glicerina se multiplican. En los pesticidas mejora la pulverización y también la eficiencia, ya que permite mayor adherencia a las superficies de las plantas para mantener la actividad plaguicida, ejemplificó Parente.

Una empresa ensambladora de vehículos quiere usarla en sus sistemas anticalentamiento de motores, sustituyendo a un derivado del petróleo.

Con el crudo a más de 100 dólares por barril de 159 litros, los sustitutos renovables de los hidrocarburos se vuelven competitivos, sostuvo Mota, si bien el combustible fósil mantendrá su hegemonía por muchas décadas, debido al gran aprovechamiento que permite.

Pero ahora ya se justifica explotar inclusive las posibilidades energéticas de la glicerina. Uno de sus derivados oxigenados puede mejorar el octanaje de la gasolina con una mezcla de uno a cinco por ciento, y reducir las emisiones del venenoso monóxido de carbono, destacó el investigador.

Tantos productos en desarrollo indican que no se repetirán los errores cometidos por Brasil desde los años 70 en la adopción del etanol de caña de azúcar como sustituto de la gasolina. La lentitud para aprovechar residuos como la vinaza y el bagazo provocó algunos desastres ambientales y dificultades económicas.

Los subproductos, que Mota prefiere llamar “œcoproductos”, pueden ser importantes para consolidar al biodiésel y algunas oleaginosas como sus fuentes principales.

De momento predomina en Brasil el uso de aceite de soja, pese a la baja productividad aceitera de ese grano. Su ventaja es una amplia estructura de producción y de comercialización, además de la gran importancia de su afrecho, usado sobre todo como alimentación ganadera.

Los obstáculos del ricino son sus residuos contaminantes y la excesiva viscosidad de su aceite, apuntó Mota. Además, hay resistencias culturales a plantarlo en ciertas áreas del Nordeste, donde el gobierno estimula la pequeña agricultura de este vegetal, añadió Parente.

El babasú, palmera abundante en el Nordeste y la Amazonia oriental, tiene la virtud de que todas sus partes son aprovechadas por la población local. El efecto social de su elección para hacer biodiésel también sería inmenso, ya que más de 400.000 personas pobres sobreviven elaborando artesanía con su coco.

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