Biodiversidad: rentabilidad en especie

Madrid, 13 oct 2005 (Expansión).- Más de diez mil especies están amenazadas de extinción, lo que implica no sólo una gran pérdida en riqueza genética, sino también económica. La rentabilidad de proteger la biodiversidad supone un apoyo para la conservación de los ecosistemas. Si en la variedad está la riqueza, la Tierra está perdiendo su mayor capital: la biodiversidad. La desaparición de especies se ha acelerado en el último siglo y ha alcanzado cotas preocupantes: más de 1.500 ya están en peligro de extinción y más de diez mil seriamente amenazadas, lo que representa el 25% de los mamíferos, el 33% de los anfibios, el 12% de las aves y el 17% de las especies vegetales.

Aunque el proceso de desaparición de especies es continuo, ‘no hay duda de que hoy en día, a diferencia de lo ocurrido en otras eras, la alteración del entorno es imputable casi exclusivamente a la actividad humana’, explica Margarita Clemente, catedrática de Botánica de la Universidad de Córdoba.

Naturaleza frágil
La pérdida de biodiversidad tiene efectos directos en el control y regulación de los ecosistemas.

‘Está asociada a la estabilidad de los mismos. La pérdida de biodiversidad configura un modelo de la naturaleza más frágil, cuyos cambios serán menos predecibles para los seres humanos “afirma Antonio Gómez Sal, catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares”. Problemas como la proliferación de plagas y enfermedades en los cultivos, los ecosistemas o las especies silvestres de interés directo para los humanos o catástrofes debidas a la erosión y pérdida del suelo pueden derivarse del empobrecimiento de la biodiversidad’. Tanto Gómez Sal como Clemente son ponentes del ciclo Las amenazas de la biodiversidad, organizado por la Fundación Santander Central Hispano y el Instituto Francés de Madrid, y que se celebra hasta el 15 de diciembre.

Uno de los puntos fuertes del ciclo es analizar la incidencia de la pérdida de biodiversidad en el ser humano. En primer lugar, hay importantes implicaciones económicas, debidas, sobre todo, a la pérdida de recursos: ‘Gran cantidad de especies silvestres o semidomésticas tienen uso potencial para la alimentación humana, pueden ser empleadas en programas de mejora y selección de productos; producen materiales de construcción o materias primas para uso industrial (fibras, caucho, maderas), y tienen gran importancia en medicina y cosméticos’, señala Gómez Sal.

Margarita Clemente aporta un ejemplo ilustrativo de esta incidencia: en Malasia se cultiva el durión, una fruta muy demandada en los mercados asiáticos. En los años setenta se detectó que, a pesar de mantenerse el número de árboles frutales, la producción se redujo drásticamente e hizo peligrar los ingresos de 100 millones de dólares anuales de esa época. ‘El misterio se desveló al descubrirse que el durión era polinizado por un murciélago cuya población había mermado como consecuencia de que otra planta, típica de manglares, y su principal alimento, había desaparecido por la conversión de éstos en criaderos de gambas’.

Jacques Blondel, director de Investigación del Centro de Ecología Funcional y Evolutiva del CNRS en Montpellier, defiende la rentabilidad de la biodiversidad: ‘Primero, porque es la única manera de alimentar eficientemente al mundo; y segundo, porque su gestión y protección pueden ser objeto de programas muy beneficiosos. Por ejemplo, el ecoturismo es un medio idóneo para rentabilizar la biodiversidad’. Antonio Gómez Sal ofrece otro ejemplo de este filón: la bioprospección. Se trata de la búsqueda sistemática de compuestos químicos, genes, microorganismos y macroorganismos y otros productos naturales, valiosos por su uso potencial en las industrias farmaceútica, agrícola y biotecnológica.

Un referente mundial en este campo es el Instituto Nacional de la Biodiversidad de Costa Rica (InBio), que obtiene mucho de sus recursos de convenios con importantes empresas, principalmente del ámbito farmaceútico. Por ejemplo, en 2003, InBio consiguió de los ricos ecosistemas costarricenses 29 extractos químicos con actividad promisoria para el tratamiento del cáncer y algunas enfermedades tropicales. En España, el mayor provecho puede venir del ecoturismo y de la agricultura ecológica. ‘Muchas personas estamos dispuestos a pagar por visitar espacios protegidos bien gestionados, donde se aprecie el progreso de especies poco comunes o amenazadas o por consumir recursos agrícolas de calidad, sanos y variados’, opina Gómez Sal.

Por Javier Ansorena (Expansión).

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