Construcción sin reglas en Sudán

8 Gennaio 2008 · Architettura / Arquitectura

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JARTUM, enero 2007 (IPS/IFEJ ) – Un auge de la construcción, alimentado por el petróleo, le da a la capital de Sudán un barniz más brillante que nunca. Sin embargo, algunos temen su costo ambiental. “La industria de la construcción está cambiando el uso de la tierra. Están cortando las áreas verdes en Jartum y creando zonas residenciales. No está muy bien planeado, y ya está teniendo un impacto negativo en la calidad del agua y el suelo. El peligro a largo plazo es que esto lleve a una escasez hídrica y a otros impactos socioeconómicos y sanitarios”, dijo Mohamad Elmuntasir Ahmed, profesor en la Facultad de Ingeniería y Arquitectura en la Universidad de Jartum.

En ausencia de parámetros que regulen qué productos de la construcción pueden ser importados, ciertos contratistas utilizan materiales peligrosos, agregó.

“Estos materiales introducirán sustancias químicas que pueden perjudicar el ambiente y la salud de los residentes. Encontramos que los retardantes de llamas usados en la construcción son fuentes de toxinas que pueden transmitirse a los niños a través de la leche materna. También pueden causar cáncer. La atmósfera también es afectada por estos productos químicos”, continuó.

Además, “las tendencias de la construcción actualmente permiten que haya demasiado espacio entre los edificios. Si estos se construyen a menor distancia unos de otros, pueden conservar mejor el aire fresco. Pero no es así, lo que significa que necesitamos más electricidad para mantener en funcionamiento el aire acondicionado. Eso también crea más contaminación”, dijo Ahmed.

Ahmed también se desempeña como consejero de la organización de vigilancia ambiental de la universidad y ha trabajado en estudios de factibilidad de varios proyectos de la construcción en Sudán, desde fábricas hasta embajadas.

De estos puntos de vista se hace eco Sharaf Bannaga, propietario de Bannaga Consulting que además trabajó en el departamento de empresas públicas del estado de Jartum entre 1989 y 2001.

“Los contratistas tienen la libertad de hacer lo que quieran. No piensan en cómo están poniendo al ambiente en peligro. El gobierno administra todo. Una vez que se tiene su aprobación a nadie le importa, y nadie está supervisando al gobierno”, enfatizó Bannaga.

Ahmed coincidió en que es necesario que mejore el control del gobierno sobre la construcción. “Hay un abismo entre la legislación y el monitoreo de los proyectos. También tenemos legislación anticuada. Necesitamos nueva legislación que pueda aplicarse y hacerse cumplir”.

Pero opinó que debe recordarse que el manejo ambiental todavía está en su etapa inicial en este país. “El Ministerio de Ambiente de Sudán fue lanzado recién en 1995. No ha tenido mucho tiempo, pero está trabajando muy duramente. Necesita más tiempo para establecer y hacer cumplir un sistema completo”.

Bannaga destacó que la falta de consideración de la industria de la construcción es parte de una tendencia más amplia para hacer a un lado el ambiente en un país que lidia con una difundida pobreza, como pueden atestiguar los tugurios de Jartum.

“Tenemos dificultades para tratar el agua y los residuos líquidos. La mayoría de los hogares proporcionan sus propios medios para verter desechos líquidos en el suelo y el agua subterráneos. No hay redes de residuos líquidos”, explicó.

“Tampoco tenemos sistemas para negar la recolección en muchas áreas. La mayoría de nuestros desechos sólidos se quema en el lugar. Dependemos del aire acondicionado mecánico y no hay eco-construcción”, añadió.

Muchos pobres dependen del entorno natural para su sustento, “pero también agravan los problemas ambientales. Alguien que es pobre tala árboles para vender madera, y nadie vuelve a plantar los árboles”, dijo Bannaga.

Envuelto en una guerra con el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán, en el sur, hasta 2005, el gobierno nacional ahora se encuentra combatiendo a rebeldes en la occidental región de Darfur. Y también la condena internacional por los crímenes de guerra perpetrados en el curso de este conflicto, de los cuales se le acusa. Sin embargo, esto ha tenido poco efecto en las inversiones en Sudán.

Además de la sustentabilidad ambiental, el asunto de los derechos de la tierra también demostró ser algo con lo que lidiar en el desarrollo de Jartum. Esto incluye los esfuerzos para construir puentes hacia la Isla de Tuti.

Este proyecto aspira a vincular la isla, ubicada en el río Nilo, con la capital, que la rodea. También se construirá una carretera que atraviese la isla, para conectar los dos puentes y brindar otra ruta de tráfico que alivie la congestión en la metrópolis en crecimiento.

La iniciativa de 14 millones de dólares comenzó en 2003 y estuvo en marcha hasta que se produjo una demora de 13 meses en las obras de la carretera de la isla.

“Tuvimos que detener el proyecto cuando los residentes dijeron que la carretera atravesaría su tierra. Querían mucho dinero por la tierra y pasamos todo ese tiempo negociando con ellos. Hicimos un acuerdo”, relató Abdul-Wahid Abdul-Moniem Abdul-Aziz, quien dirige el Departamento de Carreteras y Puentes en el Ministerio de Planificación Física y Empresas Públicas del estado de Jartum y está encargado de completar el ambicioso proyecto.

Su división, dijo, crea conciencia en todos los contratistas sobre las leyes ambientales sudanesas. “Tenemos un departamento relativo al ambiente y tiene su propio tribunal para juzgar si los contratistas no obedecieron la ley”, agregó.

Pero para Bannaga claramente hay una necesidad de mayor control. “Puede haber legislación, pero no hay reglas”, observó.

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