Algunos científicos creen tener el arma definitiva contra el calentamiento global: la geo-ingeniería

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23/03/09

Proponen manipulaciones a gran escala “de nuestro entorno con el propósito de combatir o contrarrestar los efectos de los cambios en la química atmosférica”.

Una muestra: la creación de una gigantesca “pantalla solar” que filtre las radiaciones del sol. Pero otros expertos advierten de que tales megaproyectos pueden agravar la situación.

En el caso mencionado, los geo-ingenieros encabezados por el Nobel de Química Paul Crutzen parten del hecho de que las partículas de sulfatos suspendidas en la estratosfera pueden diseminar y devolver las radiaciones solares al espacio.

Y se preguntan: ¿y si inyectásemos esas partículas con la finalidad de provocar un enfriamiento global? Y se responden: seguramente contrarrestaríamos la subida de las temperaturas. Una variante de la idea consiste en el emplazamiento en una órbita terrestre de gran número de espejos reflectantes. Otra busca conseguir el mismo efecto aumentando la cobertura de las nubes estrato-cúmulus con técnicas similares a las empleadas en hacer llover.

Otras opciones “”no menos colosales”” se decantan por instalar enormes filtros que directamente extraigan el CO2 del aire; o por “fertilizar” los océanos sembrándolos con hierro o nitrógeno de cara a acrecentar su capacidad de absorción de carbono, estimulando el crecimiento de algas devoradoras de CO2.

Los investigadores británicos T. Lenton y N. Vaughan han calculado que sólo las “pantallas solares” podrían reducir en tan solo 50 años los niveles de gases de efecto invernadero a los valores previos a la Revolución Industrial. La fertilización marina, en contraste, tardaría 1.000 años por lo menos en presentar resultados homologables.

La geo-ingeniería tiene sus detractores. Un estudio de la ‘National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA)’ sostiene que la “pantalla solar” tendría el indeseado efecto de arruinar la generación de energía solar. Existen antecedentes: la erupción del volcán Pinatubo en 1992 causó un enfriamiento global de 1º C, con lo cual la producción de las ‘Solar Electric Generating Stations’ (California) bajó más de un 20%; y eso que las partículas volcánicas apenas redujeron el total de luz solar un 3%.

Peor aún: modelizaciones con ordenador indican que el enfriamiento de los trópicos inducido por la “pantalla solar” podría desbaratar el ciclo hídrico y los monzones de verano, reduciendo las lluvias vitales para miles de millones de asiáticos y africanos.

La polémica continúa, y yo me pregunto: ¿Cómo tomar estas proposiciones dignas de la ciencia ficción? ¿Cómo elaborados castillos en el aire? ¿Cómo una prueba más del empecinamiento en atacar los síntomas del mal, y no su causa: la insaciable avidez energética de los países ricos? Si algo ha demostrado la crisis ecológica es que los humanos no conocemos suficientemente los sistemas de la Tierra como para modificarlos y saber de antemano cómo responderán. Ni siquiera disponemos de predicciones climáticas fiables; ¿cómo fiarnos de las previsiones de los geo-ingenieros?

En parte, el resurgir de la geo-ingeniería es fruto de la desesperación: la que suscita la lentitud milimétrica en el control de las emisiones. Para algunos, sólo acciones técnicas radicales podrán revertir lo que parece irreversible. Cambiar el planeta les parece más factible que cambiar nuestra reacia organización social. Entiendo su impaciencia, pero la experiencia demuestra que, con frecuencia, los atajos tecnológicos resultan mucho más largos de lo pensado, cuando no desembocan en callejones sin salida.

Pablo Francescutti – www.soitu.es

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