A comerse el pez león


Por Desmond Brown

Escapado de un acuario, el arribo del asiático pez león a aguas caribeñas es calificado como la peor invasión marina de la historia.

ST. JOHN’S, Antigua y Barbuda, 30 jul (Tierramérica).- El viejo proverbio “Si no puedes vencerlos, únete a ellos” tiene una nueva versión en los países caribeños que enfrentan la depredadora invasión del pez león: “Si no puedes vencerlos, cómetelos”.

Por la voracidad de esta especie exótica, que está diezmando las pesquerías desde Bermuda hasta Barbados, los científicos creen que se trata de la peor invasión marina de la historia. Y las autoridades promueven una solución bastante inusual: hacer del vistoso pez león (Pterois volitans) un ingrediente central de la alimentación cotidiana.

Este colorido nativo del océano Pacífico es una de las especies ornamentales preferidas de los acuarios. Y fue eso justamente lo que hizo que acabara colonizando aguas del Atlántico y del Caribe. En 1992, el huracán Andrew destruyó un acuario del sudoriental estado estadounidense de Florida y permitió así que algunos especímenes ganaran el mar.

Sus espinas dorsales y pectorales son venenosas y su pinchazo es doloroso. Pero su carne es buena y delicada.

Matthew Strong, presidente de la organización ambientalista Groundswell de Bermuda cree que se debe incluirlo en los menús locales, lo que crearía el incentivo necesario para su captura comercial y recreativa.

“Se trata de comerlos para reducir su población. Esto sin duda ya ha funcionado: hemos comido meros de Nassau en tales cantidades que ya no se ven en las aguas de Bermuda”, ironizó Strong en referencia al Epinephelus striatus, una especie en peligro de extinción.

“Cada vez que esté en un restaurante o una pescadería, pida pez león. Si hacemos que la demanda aumente, los pescadores se dedicarán a su captura”, dijo Strong.

Son cotidianos y crecientes los reportes de la presencia de estos peces en los arrecifes de Bermuda. “Hay grandes cantidades en nuestro arrecife más profundo, y ahora aparecen más cerca de la costa, donde habitan los peces más jóvenes, y se los están comiendo implacablemente”, dijo Strong.

Las afectadas son especies comerciales importantes, pero aún más grave es que “podrían diezmar poblaciones de herbívoros como el pez loro (familia Scaridae), lo que sería un problema enorme, porque estos controlan la multiplicación de algas. Sin ellos, las algas desplazan a los corales y el arrecife muere”, agregó.

La explosión del pez león se detectó en Bahamas en 2010 y se la describió como “una plaga de proporciones bíblicas” que amenazaba la economía. A la fecha están depredados 97 por ciento de los peces arrecifales endémicos del archipiélago.

En 2011, el país inauguró un festival anual para crear conciencia sobre la necesidad de pescar el pez león. Este año se realizó del 13 al 15 de este mes y se capturaron 345 ejemplares.

Un encuentro similar que se lleva a cabo cada mes de julio en Dominica, el Festival de Buceo de la Asociación de Deportes Acuáticos de ese país, se empleó este año para pedir a la población que ayude a controlar la especie invasora. El lema fue “Salve el arrecife, coma un pez león”.

El biólogo marino británico Arun Madisetti hace campaña para alentar a la población caribeña a incluir al pez león en su dieta. “Este bicho no tiene ningún depredador natural en nuestra región”, dijo a Tierramérica. “Jamás ganaremos esta guerra. Podemos librar ciertas batallas y controlar algunos arrecifes, pero es un problema que no desaparecerá”.

Madisetti, que reside en Dominica, visitó Antigua y Barbuda invitado por el Grupo de Concientización Ambiental para dar una conferencia sobre esta especie.

Al menos un exponente del buceo de Antigua ya empezó a promover el consumo del problemático pez. “Debemos alentar a la comunidad a comerlos porque son realmente sabrosos”, dijo Shawn Clarke, director de una empresa de buceo recreativo en St. John’s.

Clarke y otros que se ganan la vida en el mar sostienen que la población de peces león aumentó drásticamente desde que se los detectó en estas aguas a comienzos del año pasado.

Puesto que es una especie venenosa, hay resistencia a comerlo, según Clarke. Pero “cuando se los cocina ya no tienen veneno”, explicó.

“Si los pescadores se hacen a la mar sabiendo que los clientes quieren comprar este pescado, lo capturarán. Y si no se lo pesca en abundancia, en los próximos 20 años no habrá otra cosa que pez león”, enfatizó.

El invasor consume a gran velocidad ejemplares pequeños que habitan los arrecifes coralinos y puede poner hasta 30.000 huevos cada cuatro días. Su arribo infundió temor en la comunidad marinera de Barbados.

“Como parte de nuestra campaña de concientización, nos dirigimos a los buzos, a sus asociaciones y comercios, porque son quienes pasan más tiempo en el mar”, dijo la bióloga marina Caroline Bissada-Gooding, cuya empresa East Coast Conservation Organization Inc. administra una línea telefónica especial para reportar el avistamiento de peces león en Barbados.

“Que participen es por su propio bien, porque a medida que el pez león se multiplique, las comunidades de peces arrecifales caerán” y de ellos dependen el buceo turístico y la pesca, como opinó.

Según la experta, la población de pez león todavía es baja en Barbados. Mediante las denuncias telefónicas, se capturan ejemplares y se llevan a la División de Pesca para su examen.

Bissada-Gooding también asegura que la carne es sabrosa, especialmente cuando se la prepara como filete. “Es muy rico, como la carne blanca, como el pargo”, dijo.

Madisetti insiste en que la invasión golpeará las pesquerías y las industrias turísticas de la región. “Hay que hacer algo”, reclamó.

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