Agricultura moderna conduce al desastre

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Por Hans R. Herren*

Invertir en nuestro sustento y en el de nuestros hijos debería ser el empeño fundamental de la humanidad, dice en esta columna exclusiva el premiado científico suizo Hans R. Herren.

WASHINGTON, 14 abr 2008(Tierramérica).- Para la mayoría de la gente en el mundo industrial y en las clases media y alta de los países en desarrollo, la agricultura moderna constituye un éxito sin precedentes en la historia humana. Pero la cruda realidad contradice ese juicio.

Entre 1960 y 2000 la población mundial se duplicó al pasar de 3.000 millones a 6.000 millones de personas, mientras la producción de alimentos se incrementó dos veces y media. Los beneficiarios de esta munificencia saben que sus alimentos son seguros y variados. Pero esos beneficios están distribuidos de forma desigual y tienen un precio cada vez más alto para los pequeños agricultores, los trabajadores, las comunidades rurales y el ambiente.

Es necesario un cambio en la ciencia y en la tecnología agrícolas.

La agricultura, tal como hoy se la practica, implica que nos estamos devorando nuestro patrimonio. Explota excesivamente el suelo, nuestro recurso natural básico, y es insostenible porque hace un uso intensivo de la energía proveniente de los combustibles de origen fósil y del capital, al tiempo que no tiene en cuenta los efectos externos de su actividad.

A esto se agrega el empleo de algunos productos básicos, como el maíz, para refinar biocombustibles, llevando a las nubes los precios de esos alimentos. El mundo en desarrollo va en la misma dirección, salvo que hace un uso menos intensivo del capital y emplea en su mayor parte energía humana.

Un estudio elaborado durante cuatro años, la Evaluación Internacional del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola (IAASTD, por sus siglas en inglés), fue acometido por el Banco Mundial y varias agencias de las Naciones Unidas a partir de una iniciativa nacida en la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible, celebrada en 2002 en Johannesburgo.

El informe final será divulgado el 15 de abril en Londres, Washington y Nairobi.

Nuestro cometido era analizar no sólo la producción de alimentos aisladamente, sino en relación al hambre, la pobreza, el ambiente y la equidad. Así que nos propusimos estudiar de qué modo la sabiduría agrícola acumulada de la humanidad –conocimientos, ciencia y tecnología– nos ha conducido durante el último medio siglo a la actual situación.

También debíamos sugerir opciones para enfrentar el desafío de alimentarnos de un modo sostenible, tanto social como ambientalmente, en los próximos 50 años.

Hemos llegado a la conclusión de que sin cambios radicales en el modo en que el mundo produce sus alimentos, el planeta sufrirá daños duraderos.

Nuestro informe está abiertamente a favor de los pobres. Toda nuestra evaluación giró en torno de los objetivos de rediseñar la agricultura para reducir la pobreza y mejorar las condiciones de la vida rural y la salud humana.

Pero eso no nos hace enemigos de los ricos, aunque debemos reconocer que algunos pueblos están consumiendo más de lo que les correspondería de existir un reparto equitativo de los recursos planetarios.

En el informe decimos explícitamente que China e India están ahora compitiendo por porciones cada vez más grandes de los recursos naturales globales, tal como han hecho los países ricos durante muchas décadas. La realidad es que cada país necesita vivir de acuerdo con sus medios, de modo que América del Norte y Europa deberían hacer ajustes y aprender a hacer más con menos.

Una de nuestras conclusiones es que los países más pobres del mundo son perdedores netos en la mayoría de los escenarios de liberalización comercial. Identificamos algunas “œactitudes políticas y económicas conflictivas”, en especial de los países desarrollados que se oponen profundamente a cualquier cambio en los regímenes de comercio o en los sistemas de subsidios.

Sin reformas en estos aspectos, muchos de los países más pobres pasarán tiempos muy difíciles porque necesitan en primer lugar proteger su propio desarrollo.

También somos críticos de la agricultura de las grandes corporaciones orientada al lucro, que continúa prosperando en el no reformado sistema actual. Ésta mantiene su dominio en el Norte y ahora es exportada cada vez más hacia los países del Sur.

El informe está dirigido a quienes deben tomar decisiones políticas y financieras y también al público. En muchos países, la disponibilidad de alimentos es algo que se da por sentado, mientras los agricultores son mal recompensados por su función de poner la comida en la mesa.

Las inversiones en ciencia agrícola y su puesta a disposición de los agricultores han disminuido con el tiempo, si bien se siguen necesitando con urgencia el desarrollo y difusión de soluciones sostenibles, ambientalmente seguras y equitativas para la producción de alimentos.

Si continuamos en las actuales tendencias de producción de alimentos, agotaremos los recursos naturales pondremos en peligro el futuro de nuestros hijos. Invertir en nuestro sustento debería ser el más básico empeño de la humanidad.

* Científico laureado y copresidente de la Evaluación Internacional del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola. Derechos exclusivos IPS.

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