¿Son reales todos los daños atribuidos al lobo?

Quercus, octubre 2010

Con regularidad y por diferentes motivos, algunas reclamaciones de daños al ganado atribuidas al lobo no son reales, e incluso en algunas áreas suponen porcentajes importantes del total de solicitudes de indemnización. Estas manifestaciones, si no se detectan y se reducen en lo posible, pueden fomentar una mayor conflictividad social con el depredador y obstaculizar su gestión y conservación.

por Javier Talegón, Ángel Nuño, Xurde Gayol y Jorge Echegaray

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Una de las necesidades más importantes en la gestión del lobo (Canis lupus) es disponer de datos fiables de las pérdidas numéricas y económicas generadas por los ataques al ganado. De hecho, las estadísticas de daños pueden ser útiles para el seguimiento de este depredador, a la hora de detectar su presencia o localizar unidades familiares. También sirven para valorar la efectividad de algunos sistemas preventivos o realizar, si llega a ser necesario, la traslocación o el control letal de ejemplares con argumentos sólidos. Sin embargo, en España las estadísticas de daños del lobo aún están muy lejos ser fiables y responden generalmente a estimaciones o extrapolaciones (1).

La ganadería sufre pérdidas derivadas de causas naturales, enfermedades, infecciones, trastornos metabólicos, traumatismos, intoxicaciones, picaduras de serpientes y accidentes, entre otros factores. Pero por motivos tales como recibir una compensación por esas pérdidas (en ocasiones no cubiertas económicamente), aumentar el valor de las indemnizaciones o evitar ciertas responsabilidades (por ejemplo, emanadas de un ataque de perros domésticos), a veces se intenta atribuir a los lobos pérdidas derivadas de otras causas (2).

La mayoría de los argumentos empleados en la gestión del lobo derivan de aspectos puramente sociales, como los ataques al ganado y la conflictividad emanada de éstos (3). Por eso es tan importante intentar excluir las reclamaciones falsas de las estadísticas de daños. Además, si no se atajan inicialmente, pueden convertirse en otras nuevas y reiteradas de manera que den lugar a un problema enquistado. También pueden distorsionar la gestión del lobo, por ejemplo al aumentar las autorizaciones de control de ejemplares para reducir daños que ni siquiera han existido.

Uno de los criterios orientadores de la Estrategia Nacional de Conservación y Gestión del Lobo es precisamente perseguir el fraude asociado a los daños ocasionados por la especie. Éstos tienen además su reflejo en los medios de comunicación como fruto de ataques del depredador, que acaban elevando la conflictividad social (ver la sección “œTribuna” en este mismo número de Quercus). El alcance real de las reclamaciones falsas es desconocido y sólo se han publicado algunos datos correspondientes a la provincia de Zamora (2).

Otras alternativas para reducir los daños del lobo al ganado
Última actualización 01/08/2006@00:00:00 GMT+1

Para que el lobo sea aceptado es imprescindible atenuar los daños que causa al
ganado. De poco sirven las indemnizaciones, a menudo caras, lentas y hasta ineficaces desde un punto de vista práctico y social, si no se adoptan medidas concretas para
evitar las lobadas. Algunos sistemas ingeniosos, como los descritos
a continuación, pueden contribuir a este propósito.
El conflicto del lobo con los animales domésticos constituye un serio problema para la conservación de este carnívoro y, de hecho, le ha llevado al exterminio en la mayor parte de su área de distribución original (1). Pero, de forma paralela al acoso encarnizado, han surgido algunas estrategias no violentas como los sistemas de prevención, los programas de compensación económica o el traslado de ejemplares conflictivos (2). En la península Ibérica se ha conservado todo un legado cultural asociado a la defensa pacífica frente al lobo, que incluye desde artefactos de prevención hasta construcciones específicas, pasando por la vigilancia con perros guardianes y ciertas costumbres pastoriles (3, 4).

Para conocer el uso, tanto presente como tradicional, de las estructuras móviles que reducen los daños del lobo a los rebaños, entre los años 2000 y 2005 fueron entrevistados 340 ganaderos de Zamora y áreas limítrofes de Salamanca y Valladolid. Pudieron inventariarse así hasta veinte sistemas de prevención, repartidos en siete categorías según la base de su funcionamiento, todos los cuales conviene conocer y preservar dado su alto valor práctico y cultural.

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