Sobre la creación y conservación de espacios naturales protegidos

AgenDa Viva. Félix inédito
Cualquier estudiante de primero de bachiller sabe que las vacas forman parte del biotopo del pastizal de montaña, si se las cría, por ejemplo, en las laderas del sistema Cantábrico, o del estepario, si viven en algunas dehesas de Extremadura. También se dijo que los espacios naturales protegidos limitarían el desarrollo de la ganadería extensiva. Resulta evidente al más mediano ecólogo que la oveja forma parte de los distintos eco-sistemas españoles en gran parte de la península ibérica.

Expondré un caso concreto: en los altos páramos que se encuentran en el límite entre la provincia de Burgos y la de Segovia, en la zona del río Riaza, pastaban hace solo 25 años unas 5.000 ovejas. Como consecuencia de la emigración de la mano de obra campesina y del incremento de los jornales, los antiguos rebaños fueron mermando, hasta el punto de que en el año 1974, tan sólo contaban con 500 cabezas. Las consecuencias han sido muy claras: los pastos se deterioran, los insectos coprófagos desaparecen, las aves y pequeños mamíferos que encuentran gran parte de su alimento en estos insectos se extinguen, los buitres que vivían de los cadáveres del ganado lanar abandonados en el campo disminuyen en gran número. En pocas palabras, el ecosistema se desequilibra. Para dar la razón a quienes critican al proyecto de ley con argumentos ganaderos, me atrevería a decirles que en los nuevos parques naturales en los que la ganadería haya desaparecido –no como consecuencia de la conservación sino de la emigración– habría que introducir nuevamente ganado, para evitar la degradación de los biotopos.
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Esperemos del buen criterio y sentido de responsabilidad de nuestros legisladores que no cierren las puertas a la conservación, la cultura y el desarrollo.

Publicado en 1975 en la revista Trofeo.

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