Satélites revelan caída de tala amazónica en Perú

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Por Stephen Leahy

La deforestación peruana, intensa en las áreas cercanas a carreteras y explotaciones minerales, ha tenido escaso impacto en las selvas protegidas, afirman investigadores.

TORONTO, 13 ago 2007(Tierramérica).- Las políticas de conservación de selvas redujeron el ritmo de la deforestación en la Amazonia peruana, afirma un nuevo estudio basado en detección satelital de alta precisión.

Aunque los bosques amazónicos de Brasil son los que concitan la mayor parte de la atención internacional, los 661 mil kilómetros cuadrados de selvas peruanas son reconocidos como un ecosistema único.

Pero los impactos de la actividad humana en toda la región han sido mal comprendidos hasta un estudio publicado el viernes 10 en la revista científica Science.

“Las reservas forestales y las áreas de conservación de Perú parecen estar funcionando bien”, dijo Greg Asner, director del estadounidense Observatorio Aéreo de la Carnegie Institution of Washington, con sede en California.

La deforestación y otras alteraciones de las zonas boscosas –tala selectiva, exploración petrolera y minería– aumentaron en un promedio de 127 mil 700 hectáreas por año entre 1999 y 2005. Pero apenas dos por ciento tuvo lugar en áreas protegidas, según el estudio de Asner y sus colegas.

En cambio, los cuatro millones de kilómetros cuadrados de la Amazonia brasileña pierden entre dos y 2,4 millones de hectáreas por año, y aproximadamente 10 por ciento de ellas están en áreas protegidas.

Las razones de la menor pérdida forestal peruana serían el aislamiento de las selvas y las políticas más eficaces en el uso de la tierra, dijo Asner a Tierramérica. Perú implementó hace mucho tiempo un sistema de permisos de tala, régimen que es muy reciente en Brasil, señaló.

Mediante un sistema satelital de detección de alteraciones forestales diseñado para medir la pérdida boscosa en Brasil, sumado a trabajo de campo, el estudio encontró que 86 por ciento de todas las pérdidas forestales se concentran en dos lugares: la zona maderera de Pucallpa, en el oriental departamento de Ucayali, y a lo largo de su red de carreteras.

Las imágenes revelan una gran “filtración” de la tala desde las áreas autorizadas hacia los bosques cercanos, señaló. Aunque es difícil saber con precisión qué está ocurriendo, Asner sospecha que cuando se permite deforestar una zona, los concesionarios u otros actores cortan también los árboles circundantes.

La investigación muestra también que la deforestación se debe a la construcción de la Autopista Interoceánica, directamente vinculada a 23 por ciento de los daños totales.

Quienes talan buscan árboles valiosos, como la caoba (Swietenia macrophylla) que todavía se encuentran en cantidades importantes en la Amazonia peruana, dijo David Hill, activista de la organización no gubernamental Survival, con sede en Gran Bretaña.

“El ‘lavado’ de árboles ilegales continúa. Se pretende de la caoba es talada dentro de las concesiones legales, cuando en realidad procede de fuera de ellas”, dijo Hill a Tierramérica.

“Las concesiones de terrenos para tala legal facilitan las extracciones ilegales”, agregó.

Hill tiene dudas de que los territorios indígenas concentren apenas 11 por ciento de las alteraciones forestales, como señala el estudio de Asner.

“Hay tala ilegal en cuatro de las cinco reservas autóctonas” de comunidades en aislamiento voluntario, dijo.

Estas tribus indígenas se niegan a mantener contacto con el mundo exterior. A menudo, un resfriado o una gripe resultan fatales para ellas, porque no han estado previamente expuestas a estas enfermedades. Los leñadores furtivos llevaron esos males a la comunidad nahua en los años 80, y más de la mitad de sus integrantes fallecieron, recordó Hill.

Aunque la tala es la amenaza más urgente para los pueblos aislados, la exploración petrolera y gasífera también son un problema significativo. El mes pasado, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana reclamó ante los tribunales la prohibición de la actividad petrolera en las áreas de la Amazonia habitadas por estas tribus.

Los indígenas obtendrían un gran avance si lograran derechos legales de propiedad sobre sus tierras, opinó Hill.

Pero mantener a raya a las industrias extractivas es un enorme desafío para cualquier país. Brasil quiso seguir ese camino durante décadas, sin mucho éxito.

“La tala es una industria multimillonaria en Brasil, y 80 por ciento es ilegal, según el gobierno”, dijo el especialista en selvas Bill Laurance, del estadounidense Instituto de Investigaciones Tropicales del Smithsonian, con sede en Panamá.

La deforestación cayó en los últimos dos años por la baja en el precio internacional de la soja y la carne vacuna, así como por una ofensiva contra la tala ilegal, declaró Laurance a Tierramérica.

Esa ofensiva sobrevino luego del asesinato, en 2005, de la monja estadounidense Dorothy Stang, que apoyaba a campesinos opuestos a la tala en el norteño estado brasileño de Pará.

Fueron arrestadas más de 100 personas de una red multimillonaria de tala ilegal, entre ellas 40 que trabajaban para Ibama, la agencia federal brasileña de aplicación de la ley ambiental, recordó Laurance.

Pero “incluso Canadá y Estados Unidos tienen problemas para hacer respetar sus leyes sobre tala en áreas remotas”, agregó.

Detener la deforestación en la Amazonia es un enorme desafío. El surgimiento de un mercado del carbono ofrece esperanzas reales, si un país como Brasil puede obtener pagos por no talar árboles y reducir por tanto la emisión de ese gas de efecto invernadero, dijo.

Brasil es el cuarto mayor emisor de gases invernadero por deforestación. Hace poco, el Banco Mundial anunció un fondo piloto de 250 millones de dólares para pagar a países tropicales por preservar sus bosques.

Evitar la deforestación es una manera barata y simple de mitigar el cambio climático, y genera beneficios que incluyen la preservación de los servicios ambientales y la biodiversidad.

Para que funcione ese sistema de compensaciones son cruciales los métodos de medición de bosques y de talas, y el equipo de Asner tiene la tecnología apropiada, dijo Laurance.

Datos satelitales y análisis realizados por el grupo ya habían revelado mayores proporciones de la deforestación en Brasil. Y aunque las regiones selváticas de Perú suelen estar cubiertas de nubes, las nuevas técnicas y supercomputadoras aportan soluciones.

Para 2008, funcionarios del gobierno, académicos y organizaciones no gubernamentales de Perú podrán actualizar el análisis de los cambios forestales desde computadoras personales, gracias a un plan de capacitación y a una versión comprimida del programa utilizado por Asner y su equipo.

El investigador cree que el programa puede ser adaptado a cualquier país tropical y lo presentará en la próxima fase de negociaciones del Protocolo de Kyoto sobre cambio climático, que se celebrará en diciembre en Indonesia.

“El estudio de Perú muestra que tenemos una herramienta definitiva para detectar la deforestación y el cambio”, dijo Asner.

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