Nacer en un mar cada vez más ácido: un reto para las especies

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Tana Oshima, Natura, 13 spt.2008

Era un mito más que dibujaba al mar como algo inmutable. Hasta hace poco se creía que los océanos podrían continuar absorbiendo el excedente de CO2 sin que su pH sufriera variaciones, gracias a sus mecanismos estabilizadores. Y en cierto modo es así, sólo que tardará siglos, o incluso milenios, en estabilizarse. El motivo es que el ritmo de ascenso de las emisiones ha sido tan elevado que el mar no ha tenido tiempo de asimilarlo. Dado que el CO2 disuelto en el agua salada se convierte en un ácido, el carbónico, el resultado es la acidificación generalizada de los mares.

La acidificación, junto con el aumento de la temperatura del mar, ha sido, hasta ahora, la temida asesina de corales. Pero científicos de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) han confirmado que la disminución del pH de la superficie del mar también afecta, y seriamente, a la fertilidad de una especie marina ecológicamente importante como es el erizo de mar (en este caso, Heliocidaris erythrogramma).

Los investigadores estudiaron en laboratorio los efectos de un medio acuático con un pH de 7,7 “tal como está previsto para el año 2100, frente al pH actual de 8,1” sobre distintas variables del éxito reproductor de la especie. Los resultados fueron contundentes: la caída del pH reducía drásticamente la motilidad “la capacidad de movimiento” (16,3%) y la velocidad (11,7%) del esperma, así como la fertilización (24,9%) y el desarrollo de las larvas (25,9%) del animal.

Los hallazgos podrían ser válidos para muchas otras especies, lo cual tendría unas consecuencias ecológicas “muy preocupantes”, escriben los autores del estudio, publicado en Current Biology. De hecho, los expertos temen que los resultados puedan generalizarse a otras especies que, como el erizo de mar, liberan sus gametos en la columna de agua para que sean fertilizados. “En un par de milenios el pH de los océanos volverá a ser del 8,1 o incluso del 8,2, como era hace dos siglos”, declara Jon Havenhand, coautor de la investigación. Mientras, la vida de los organismos con concha, la reproducción de las especies y los propios ecosistemas se verán comprometidos, concluye.

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http://www.current-biology.com

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