Luz verde a una medida que funciona

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Por Joan Mayol y otros autores 26/10/2009

Sin negar riesgos, errores y fracasos, la traslocación de ejemplares, como medida de gestión de las poblaciones de aves y en general de vertebrados, ha permitido que se recuperen bastantes especies amenazadas. Así lo entienden los firmantes de este artículo, profesionales y apasionados de la conservación, que abogan por el uso responsable de una técnica que, a su juicio, no debería reservarse sólo a situaciones urgentes o excepcionales.

Es bien conocido que la situación de conservación de la mayoría de las especies de aves ibéricas y europeas es desfavorable: la distribución geográfica o los efectivos poblacionales son más reducidos de los que existirían sin el impacto negativo de factores antrópicos. Por tanto, el objetivo de la gestión de especies debe ser conseguir una situación favorable de conservación : poblaciones estables o expansivas, distribución geográfica no fragmentada artificialmente y buen estado de los hábitats.

La gestión de las poblaciones de aves puede ser pasiva (por ejemplo, regulación de usos y protección legal) o activa (eliminación de depredadores o competidores, alimentación suplementaria y restauración de hábitats, entre otras medidas). En cada caso, hay que valorar en qué deben priorizarse esfuerzos, sin perder de vista que lo más eficaz es distribuirlos. Uno de los instrumentos de conservación activa es la traslocación, entendida como el desplazamiento artificial de ejemplares “tanto de origen silvestre como obtenidos mediante cría en cautividad” entre localidades más o menos alejadas

No debe confundirse traslocación con conservación ex-situ, concepto éste que se reserva al manejo que se hace de una especie fuera de su hábitat natural, por ejemplo en un zoo. Es cierto que un proyecto de traslocación puede incluir etapas ex-situ, como la cría en cautividad o la adaptación previa a la liberación, pero también puede prescindir prácticamente de ellas, al limitarse al traslado de los animales.

Algunos casos de fracasos concretos o de mal uso de traslocaciones han sido extrapolados para desacreditar esta técnica y han motivado tomas de posición radicalizadas en su contra (ver Quercus 264, págs. 28 a 33), de las que nos sentimos obligados a discrepar. La traslocación, bien utilizada, ha proporcionado resultados muy positivos en la historia de la recuperación de especies y, a nuestro entender, merece ser mantenida en la caja de herramientas de la conservación.

Como en cualquier otra ciencia aplicada “medicina, ingeniería” o incluso en la evolución biológica, el progreso en conservación se basa en la acumulación de información mediante la experiencia, incluyendo lógicamente los fracasos que la selección elimina. En todo caso, ni el mal uso de una técnica, ni la falta de éxito en todas las iniciativas desarrolladas, justificaría su rechazo, so pena de renunciar a ese progreso.

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