Las plantas se avisan unas a otras del peligro y actúan para protegerse

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Chivatos vegetales
Natura / EL Mundo, 13 de Octubre de 2007
Miguel Herrero Uceda

Las plantas nos sorprenden con cualidades que hasta hace poco tiempo se creían exclusivas de los animales, como por ejemplo la capacidad de comunicación. La historia de este sensacional descubrimiento comenzó en los años 80 cuando el zoólogo Wouter van Hoven (Universidad de Pretoria) buscaba una explicación lógica a la muerte por inanición de antílopes kudús en Sudáfrica en áreas acotadas donde podían comer libremente hojas de acacias.

La autopsia de estos animales reveló la existencia en su estómago de restos de hojas con una cantidad extraordinaria de taninos, muy superior a las hojas que se encontraban en los árboles de la zona. ¿Podía tratarse de un mecanismo de defensa del árbol? Para averiguarlo se estuvo golpeando las ramas de estos árboles y rompiendo sus hojas.

Van Hoven comprobó que las acacias se defendían segregando taninos cuya presencia aumentaba de forma regular en las hojas hasta alcanzar el 250% al cabo de dos horas de martirio. Pero lo más extraordinario fue que al examinar las hojas de los árboles próximos, árboles que no habían sufrido ningún tipo de agresión, los análisis indicaban también niveles altos de taninos.

Estos resultados sugerían la existencia de algún tipo de comunicación entre las acacias agredidas y sus compañeras, pues si no, ¿cómo se podrían haber enterado? Van Hoven pensó que quizás existiera algún tipo de transmisión por las raíces, pero por más experimentos que realizó, no logró demostrarlo.

Mientras tanto, de forma paralela, en Norteamérica, Balwin y Schultz habían descubierto que los arces son capaces de emitir una sustancia al aire, el etileno. Se trata de una molécula muy simple, pero que adquiere un comportamiento hormonal. ¡Ésa era la solución! Van Hoven comprobó que, en efecto, la presencia de esa molécula en el aire actúa como señal de alarma para desencadenar los mecanismos de defensa de las acacias.

Como buen zoólogo, estudió el comportamiento de los animales en libertad ante esta estrategia vegetal. Observó a jirafas que comían hojas de acacias y pasaban de largo por una decena de árboles sin tocarlos antes de volver a ingerir hojas y siempre en dirección contraria al viento. Los pobres kudús, al estar en un recinto cercado, no pudieron elegir árboles que no hubieran recibido la señal de alarma y optaron por una muerte lenta.

En la actualidad, la emisión de hormonas gaseosas es uno de los terrenos más fascinantes de la botánica. Más allá de la función de centinela, se ha descubierto que estos mensajes de alarma no sólo van dirigidos a miembros de su misma especie, sino que pueden constituir señales de ayuda y colaboración entre los más dispares aliados.

Por ejemplo, se sabe que el maíz, en caso de sufrir un ataque de orugas, emite un gas que atrae a avispas comedoras de orugas, sin duda un pacto de alianza beneficioso para ambas partes.

Esto mismo también ocurre con la col; para defenderse de las dañinas mariposas de la col, lanza su SOS para que acudan en su ayuda unos diminutos insectos parásitos de las larvas de estos molestos inquilinos.

Pero ésta no es la única forma de comunicación de las plantas con el reino animal. La genciana rosada de Sudáfrica (‘Orphium frutescens’) sólo libera polen en sus anteras si el zumbido de las alas del insecto que se le acerque entona una perfecta nota musical Do. Y eso es exactamente lo que hace la abeja carpintera para obtener su ración de polen.

Todavía estamos lejos de vislumbrar hasta dónde pueden llevarnos los estudios en esta rama de conocimiento que comenzó con unos extraños suicidios de animales en áreas remotas de Sudáfrica.
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Miguel Herrero Uceda es autor del libro ‘El alma de los árboles’ (Ed. Hedras).

INVESTIGACIÓN
COMUNICACIÓN ENTRE PLANTAS
Recientemente, un grupo de investigadores del CSIC, dirigido por Roberto Solano, ha dado un paso más para desvelar el mecanismo por el cual las plantas se defienden de sus atacantes y dan señales de alarma a sus congéneres.

El trabajo, publicado en la revista “˜Nature”™, ha logrado desenmascarar el gen y la proteína responsables de activar el sistema de defensa. Pero para llegar al nivel de especialización de este trabajo, la Ciencia ya había logrado desvelar hechos tan insólitos como que las plantas se defienden de sus agresores, que lo hacen volviéndose amargas o indigestas para quienes las ingieren y que, además, se comunican entre sí para avisarse de la presencia de amenazas.

Sobre estos fenómenos que los científicos ya conocían antes de la investigación del equipo de Roberto Solano nos ilustra el escritor Miguel Herrero Uceda con un artículo divulgativo.

ROBERTO SOLANO. Es doctor en Biología. Ha sido investigador en la Universidad de Pennsylvania (Philadelphia, EEUU). Actualmente dirige un grupo de investigación en el departamento de Genética Molecular de Plantas del Centro Nacional de Biotecnología.

MIGUEL HERRERO UCEDA. Autor del texto que reproducimos en esta página. Ha publicado diversos artículos y libros de divulgación sobre flora y es profesor en la Universidad Complutense de Madrid.

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