Las fundaciones creadas por el matrimonio Tompkins han comprado y donado al Estado decenas de miles de hectáreas

Madrid / Puerto Montt (Chile)
Pedro Cáceres. Febrero 2007

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Cuando el millonario Douglas Tompkins empezó a comprar terrenos en la Patagonia chilena hace 15 años nadie se sorprendió al principio. En un lugar donde la posesión de la tierra ha estado históricamente en manos de grandes latifundistas no parecía extraño que una gran fortuna empezara a acumular propiedades.

Las enormes fincas forman parte del paisaje de Chile y Argentina desde finales del XIX. Tampoco llaman la atención los apellidos exóticos, pues la Patagonia, una tierra de frontera, se pobló con emigrantes de decenas de países europeos. No, lo que sorprendió a todos fue que Tompkins anunciara que no pensaba explotar sus fincas, sino que las iba a dejar como estaban y las iba a convertir en reserva. Es más, afirmaba que su fin último era donar las tierras al Estado si éste se comprometía a preservarlas para siempre.

Parte de la opinión pública chilena puso en duda esos objetivos. “Intrusión extranjera”, “oscuros intereses especulativos”, “conspiraciones del capital internacional” eran argumentos que podían oírse entre los detractores. Incluso, se llegó a hablar de la seguridad nacional: algunos protestaron porque las tierras de Tompkins iban desde la cordillera al mar, cortaban el país por la mitad y “ponían en riesgo” las comunicaciones.

Pero esas críticas empiezan a suavizarse porque Tompkins y su esposa Kris, quienes trabajan codo con codo en la conservación de la naturaleza en Chile y Argentina, están cumpliendo.

El 19 de agosto de 2005, el Estado de Chile declaraba Santuario de la Naturaleza al Parque Pumalín, la zona de la provincia de Palena donde el Conservation Land Trust, la fundación creada por Douglas Tompkins en 1992, compró sus primeros terrenos. Ahora, esas 289.000 hectáreas adquiridas con el dinero del antiguo copropietario de firmas de ropa deportiva como The North Face, son administradas por una entidad chilena, la Fundación Pumalín, y gozan de una designación del Estado de Chile que les proporciona protección ambiental e impide que se realicen actividades industriales.

Nuevo Parque Nacional

Pero hay más. Unas decenas de kilómetros al sur de Pumalín, en el entorno del volcán Corcovado, se levanta desde el año 2005 el cuarto Parque Nacional más grande de Chile. Y este es también fruto de los desvelos del magnate, quien donó 85.000 hectáreas de terreno propiedad de Conservation Land Trust para que se constituyera la reserva. El presidente chileno Ricardo Lagos rubricó hace dos años ese acuerdo por el que se constituía un nuevo parque nacional formado por 209.000 hectáreas que pertenecían al Fisco chileno y las 85.000 donadas por Tompkins. El Parque Corcovado es seis veces más grande que el Parque Nacional de Doñana, en España.

El magnate no ha podido buscar un lugar mejor para instalarse, pues Pumalín y Corcovado son uno de los últimos bosques vírgenes del planeta y estaban siendo talados a toda velocidad. A diferencia de los páramos y estepas helados de la Tierra de Fuego, la zona de Pumalín, en la frontera norte de la Patagonia, es uno de los lugares más lluviosos del planeta. Alberga una selva húmeda y templada, similar en ecología a los bosques del Pacífico entre Canadá y EEUU, pero plagada de especies únicas del hemisferio sur. Ya Darwin, durante su visita a bordo del ‘Beagle’ en el siglo XIX, quedó consternado por la densidad y rareza de los bosques patagónicos de estos parajes.

Y estas tierras de fiordos, glaciares y bosques permanecieron vírgenes hasta los años 70. Entonces, el Gobierno de Pinochet se puso como objetivo “ganar el territorio para el país”. En la localidad de Chaitén se conserva el museo del Ejército dedicado a la construcción de la carretera austral. La apertura de la vía atrajo a los colonos y potenció las actividades extractivas, como las granjas de cría de salmón y la corta de madera. Y junto al comienzo de esa carretera austral, en Chaitén, se levanta también El Puma Verde, uno de los centros de recepción de visitantes del Parque Pumalín, desde el que se invita a conocer el terreno circundante adquirido por la fundación de Tompkins.

El magnate llegó a tiempo de comprar el área donde crecían los últimos ejemplares de alerces milenarios (‘Fitzroya cupressoides’), un émulo perfecto de las secuoyas que crecen, en el mismo ambiente y a similar latitud, en el hemisferio norte. Los enormes alerces son ahora una gran atracción turística. El Gobierno chileno, de hecho, ha dictado normas que impiden cortarlos en todo el país. Un vivero de Pumalín reproduce y recupera especies como esa mientras los gestores del parque pretenden dinamizar la economía de la zona promoviendo el ecoturismo y apoyando la producción sostenible de productos, no la extracción masiva de madera.

Pero Pumalín no es la única reserva que ha contribuido a crear el matrimonio Tompkins. Al otro lado de los Andes, en la provincia argentina de Santa Cruz, se levanta el Parque Nacional Monte León. Esta vez, fue la fundación Conservación Patagónica, promovida por Kris Tompkins, la que donó en el año 2002 al sistema de Parques Nacionales de Argentina las 63.000 hectáreas de una antigua finca ganadera adquirida previamente. Lobos marinos y pingüinos se reproducen ahora tranquilamente en los 50 kilómetros de litoral.

Por Argentina y Chile se extienden el resto de proyectos del matrimonio. Uno de ellos, sumamente ambicioso, es el de los Esteros del Iberá, en los humedales del noreste de Argentina, donde el Conservation Land Trust es dueño ya de 135.000 hectáreas. Su intención es crear un gran Parque Nacional en Argentina, uniendo sus tierras a las que ya forman parte del Parque Provincial creado por el Gobierno local. Los biólogos de la fundación asesoran a propietarios y empresas vecinos sobre técnicas de manejo que protejan la vida silvestre en sus fincas privadas mientras tratan de recuperar especies que se estaban extinguiendo.

“Se necesita de una mente enfocada en la filantropía para avanzar en la conservación de la vida salvaje y los lugares silvestres”, afirma Kris Tompkins a NATURA. “Es verdad que ciertos proyectos de conservación, como cuando hay donaciones involucradas, deben basarse en presupuestos muy bien definidos y sistemas de monitoreo para asegurarse de que cada dólar de conservación es gastado de la forma más eficiente y sabia posible. Hay tan pocos fondos disponibles para la conservación y restauración de áreas degradadas que cada dólar debe usarse a su máxima capacidad”, añade mientras sigue con su campaña internacional para adquirir terrenos en torno al Valle Chacabuco, en Chile, donde espera que el Gobierno cree un nuevo parque nacional. Su fundación, Conservación Patagónica, recauda fondos para comprar tierras.

– EL PERSONAJE

Biografía. Douglas Tompkins, un empresario estadounidense aficionado al montañismo y la naturaleza, hizo su fortuna gracias a las empresas textiles que fundó o en las que participó como The North Face, Esprit y Patagonia. Tras vender sus acciones, a finales de los 80, se retiró a Chile, comenzó a invertir su patrimonio en la adquisición de fincas en el Cono Sur y empezó a buscar acuerdos con los gobiernos para la protección legal de esas áreas.

– FUNDACIONES

Primera finca. En 1992, Tompkins creó Conservation Land Trust, una fundación financiada por él para adquirir tierras para su protección. En 2000, nació Conservación Patagónica, una nueva fundación dirigida por su esposa, Kris Tompkins, y que recauda fondos de instituciones y particulares para adquirir terrenos y dedicarlos a la “creación o expansión de Parques Nacionales o Provinciales”. Entre ambas gestionan una docena de proyectos.

Conservación Patagónica, el empeño de Kris Tompkins

Valle Chacabuco. La creación de un gran parque nacional en los Andes patagónicos es uno de los proyectos estrella que promueve Kris Tompkins desde Conservación Patagónica, la ‘fundación hermana’ del Conservation Land Trust de su esposo Douglas. Conservación Patagónica compró en 2004 70.000 hectáreas de Valle Chacabuco, una finca dedicada a la ganadería de ovejas erosionada por el pastoreo excesivo. Ahora, técnicos como Christian Saucedo intentan “restaurar los suelos erosionados, recuperar los pastos nativos y lograr que vuelvan a pastar herbívoros autóctonos” como el guanaco o el pequeño ciervo huemul, que figura en el escudo nacional chileno pero está en la Lista Roja de especies en extinción. “Hay que buscar una nueva forma de estimular la economía local, como el turismo, y respetar el legado cultural del gaucho patagónico, porque la historia no les condenará a ellos, sino a los dueños y encargados de las estancias que ignoraron toda señal ecológica de que la tierra no podía soportar el impacto de tantos animales”, afirma la Fundación. En un futuro, Conservación Patagónica quiere donar y unir sus tierras a otras reservas cercanas del Estado chileno para constituir un gran Parque Nacional, del mismo modo que hizo Conservation Land Trust en el Parque Nacional Corcovado.

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