Las estaciones de medición de CO2 en Noruega pueden detectar de qué país proviene contaminación

Detectives en la nieve

Alister Doyle / Reuters | Montaña Zeppelin (Noruega)
NAtura / El Mundo. Oct. 2007

Desde una remota montaña nevada del Ártico europeo es posible detectar las huellas de China en medio de la bruma. En el aire aparentemente puro de la región polar, una estación de estudio situada en la cima de una montaña de la isla de Spitsbergen (en el archipiélago de Svalbard) registra rastros dejados por las fábricas rusas y contaminantes que provienen de las centrales eléctricas de China o Israel alimentadas con carbón.

“Algunos días podemos darnos cuenta de que el aire ha venido de China”, dice Kim Holmen, director de investigaciones del Instituto Polar Noruego, desde donde se ve desfilar a los espectaculares fiordos, las montañas y los glaciares de la isla.

La buena noticia es que muchos de los peores contaminantes del aire, algunos de ellos vinculados a cánceres o a la lluvia ácida, han disminuido en las últimas décadas gracias a las nuevas leyes de aire limpio. Pero los gases invernadero están aumentando vertiginosamente, y las partículas contaminantes se acumulan incluso en un páramo a 1.200 kilómetros del Polo Norte y a 1.000 kilómetros de las ciudades y fábricas más cercanas de Rusia y Noruega.

Desde finales de los 90 se ha venido espesando una bruma de contaminación que llega a nublar la vista durante la primavera del Ártico. La razón se debe tal vez a un mayor número de incendios forestales o a la creciente polución de Asia, que según los científicos está liderada por el auge económico de China.

Zeppelin, situada sobre un pico montañoso de 474 metros de altitud, forma parte de una docena de estaciones dispersas en puntos remotos, desde Hawai a la Antártida, que examinan la atmósfera en una red de trabajo de la ONU. La estación fue bautizada en honor al Conde Ferdinand von Zeppelin, un explorador alemán del Ártico que es más conocido por sus célebres aeronaves. “Aunque el aire se mezcla, se pueden hacer trabajos de detective: las partículas son ligeramente diferentes en EEUU, Rusia, China, Europa o India”, añade Holmen.

Las emisiones de los coches, por ejemplo, tienen una característica química distinta según las mezclas de combustibles de cada país. A su vez, Israel es el único lugar en el que se utiliza un tipo de pesticida para los naranjos.

Las piras funerarias de algunos países asiáticos liberan mercurio tóxico procedente de los empastes dentales de los muertos. Si es detectado el mercurio, significa que el aire no proviene de Europa, Norteamérica o Japón, donde los crematorios cuentan con filtros adecuados. “Pero la mayoría de las partículas que vemos vienen de Europa y Rusia”, continúa Holmen en referencia a las mediciones. “Sólo el 20% llega de otras partes”.

Subiendo por una escalera hacia un tejado cubierto de nieve y repleto de sensores de aire de alta tecnología, Holmen toma nota del reloj para que los científicos ignoren todos los valores medidos cuando haya presencia de personas fuera, ya que éstas perturban la fiabilidad de las lecturas. “Cuando venimos aquí tenemos un impacto inmediato en los niveles de dióxido de carbono”, dice Holmen dirigiéndose a los visitantes. La gente libera ese gas cuando respira.

Lo que sí tienen claro en Zeppelin es que el nivel de gases invernadero en la atmósfera ha alcanzado su punto más alto en más de 650.000 años, según han podido concluir tras estudiar las burbujas de aire atrapadas en hielo antiguo. Los niveles de CO2 alcanzaron unas 390 partes por millón (ppm) este año, contra las 270 ppm previas a la Revolución Industrial del siglo XVIII, que marcó el comienzo del uso generalizado de combustibles fósiles.

Ahora Holmen quiere seguir perfeccionando las mediciones, ya que las principales alteraciones provienen de una base científica en Ny Alesund, en el valle de abajo, donde viven entre 30 y 130 personas. El científico asegura haber incluso sugerido que el personal dejara de fumar al aire libre en Ny Alesund por el impacto que el humo emitido por el cigarrillo tenía sobre las mediciones. “Pero a nadie pareció gustarle esa idea”, se lamenta.

RED MUNDIAL DE SENSORES

Midiendo el CO2 del planeta. Gestionado por la Organización Mundial de Meteorología de Naciones Unidas, el programa de Observación Global Atmosférica (Global Atmosphere Watch) reúne a más de 65 países con estaciones en las que se miden con precisión las emisiones de gases de efecto invernadero. La red cuenta además con centros de monitorización de datos sobre el ozono y la radiación ultravioleta, radiación solar y aerosoles. La lista de estaciones está disponible en internet. ‘www.empa.ch/gaw/gawsis’

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