La flora mediterránea llega a nuestros jardines

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Miguel G. Corral (Natura / El Mundo)

Cada día más sectores invitan al uso de flora mediterránea en los jardines públicos y privados. Gastan menos agua y reducen (o eliminan) el uso de pesticidas: son más sostenibles.

La brisa que viene del paseo de olivos y lentiscos se siente más fresca que la de la calle. “En este jardín sólo hay especies autóctonas y no le atacan las plagas y no necesita riego”, dice. La frondosidad del jardín y la humedad que se nota al caminar por él hacen impensable que no se riegue. “Es el jardín ecológico”, bromea Montoliú, “sólo es necesario hacer una charca donde haya anfibios, eso equilibra el jardín”.

Enrique Montoliú nos recibe con un sombrero de paja en la puerta del jardín mediterráneo de l”™Albarda, propiedad de Fundem (www.fundem.org), una fundación dedicada a la conservación de la flora y fauna mediterránea que él mismo preside.

La sequía de los últimos años ha cambiado el discurso de los gestores de los parques y jardines públicos. “Es imprescindible que cambiemos nuestro concepto de jardín”, afirma Federico Sepúlveda, ingeniero de Montes y director general de Patrimonio Verde del Ayuntamiento de Madrid.

Las praderas de césped de la España más seca se han reducido en el diseño de nuevas zonas ajardinadas, debido a que requieren grandes cantidades de agua durante el verano, cuando hay menor disponibilidad. En los parques de mayor tamaño se tiende a realizar plantaciones semiforestales con especies propias del bosque mediterráneo “como encinas (Quercus ilex) o pinos (Pinus halepensis y Pinus pinea) y aromáticas como cubierta arbustiva” que permiten reducir el consumo de agua de la plantación. Además, al estar adaptadas a nuestro medio, estas especies minimizan el uso de plaguicidas y de fertilizantes químicos que pueden llegar a contaminar el medio y el suelo donde se apliquen. “Lo más inteligente es utilizar especies autóctonas o mediterráneas y hacer una jardinería lo más parecida posible a lo que la naturaleza tiene a nuestro alrededor”, dice Sepúlveda. “Pero no debemos olvidar la función práctica de los parques públicos. Hay que proporcionar sombra en verano, luz en invierno y, además, conseguir un efecto estético”, recuerda.

José Manuel Sánchez de Lorenzo-Cáceres, coordinador de la obra monumental “y aún inconclusa, va por el quinto tomo de 12” Flora Ornamental Española, recuerda que también hay especies mediterráneas en otros lugares como California, Sudáfrica o Australia, entre otros. “A la flora autóctona española quizá le falte algo de colorido durante la floración”, dice, “pero hay especies mediterráneas preciosas como la Grevillea johnsonii, que es australiana, o la fucsia de California (Epilobium canum) que dan muchísimo color a nuestros jardines”.

Durante muchos años, las especies estrella de la jardinería en España han sido especies extranjeras y en ocasiones tropicales, como las plantas del género Hibiscus. Pero ya hay algunos viveros que producen únicamente planta autóctona española, sobre todo para reforestaciones, restauraciones “de taludes de vías de tren o medianas de carreteras” y grandes parques forestales. “Cada día se van utilizando más en jardinería especies como el Atriplex halimus o el romero (Rosmarinus officinalis), pero va muy despacio”, dice Juan Añíbarro, propietario del vivero Fuenteamarga, que sólo produce planta autóctona.

En las ciudades cada vez existen más cursos de jardinería ecológica. En el centro cultural La Casa Encendida “que pertenece a la obra social de Caja de Madrid” se imparte durante todo el mes de mayo un curso dirigido a jardineros, educadores o aficionados particulares que quieren hacer jardines más sostenibles. “Con la sequía se empieza a notar más preocupación, pero, desgraciadamente, no hay una actitud rigurosa y constante por parte de los gestores de los parques públicos”, asegura Luciano Labajos, profesor del curso.

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