El Ministerio de Agricultura de Brasil ya restringe algunas zonas cultivables en el sur del país, las más afectadas por las alteraciones climáticas de los últimos años.

Potencia agrícola brasileña recalentada
Por Roberto Villar Belmonte – IPS/IFEJ

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SÃO PAULO, 28 may (Tierramérica).- Brasil, una de las potencias agrícolas mundiales, verá alterado el mapa de sus cultivos más característicos, como el café y la soja, por efecto del recalentamiento global, indican las últimas investigaciones.

Incluso los escenarios más optimistas de los estudios del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) prevén que el termómetro continuará subiendo y alterará el régimen de lluvias de buena parte de América del Sur.

El investigador de agrometeorología de la Facultad de Agronomía de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Moacir Antônio Berlato, afirma que varios estudios ya demostraron que el recalentamiento afecta las prácticas agrícolas en todo el sudeste sudamericano. “En Brasil faltan aún experimentos de campo para conocer mejor el problema”, lamenta.

La Empresa Brasileña de Pesquisas Agropecuarias (Embrapa) realizó simulaciones con datos del IPCC para estimar el impacto del recalentamiento en cinco cultivos: soja, maíz, café, arroz y fríjol.

Los resultados de escenarios con aumentos de temperatura de entre 1,3 y 5,8 grados y proporciones de cinco, 10 y 15 por ciento de incremento de las precipitaciones hicieron evidente la necesidad de un fuerte reordenamiento geográfico de la producción agrícola de este país.

En las próximas décadas, los cultivos de granos serán cada vez más difíciles en el sur brasileño, mientras plantaciones perennes como el café tenderán a preferir zonas con temperaturas máximas más suaves, por lo que el eje de esa producción podría mudarse a las zonas sureñas, según el estudio de Embrapa.

El excesivo calor del verano condicionará el avance de producciones como las de arroz, fríjol, maíz y soja hacia la región centro-oeste.

“El recalentamiento ya genera en el sur eventos extremos como veranillos más intensos y lluvias más fuertes. Con menor intensidad, ocurre lo mismo en el centro-este y en el sudeste”, dice entrevistado para este artículo el jefe de informática agropecuaria de Embrapa, Eduardo Assad, responsable del modelo climático del estudio.

En función de estas alteraciones, la Embrapa ya trabaja en la divulgación de acciones para mitigar el recalentamiento global, causado por la acumulación de gases de efecto invernadero que liberan distintas actividades humanas.

Se promueven así la integración pecuaria y agrícola, los sistemas agroforestales, que combinan pasturas y bosques, y la mejora de la siembra directa, una forma de cultivo sin remover el suelo que, según Assad, puede capturar por hectárea hasta 500 kilogramos anuales de carbono, el principal gas invernadero.

En Brasil, con una superficie de 23 millones de hectáreas de siembra directa, esto podría representar 12 millones de toneladas anuales de carbono retirados de la atmósfera.

“El agricultor debe preocuparse por el recalentamiento y adoptar prácticas para reducir las emisiones de carbono a cambio de la remuneración de estos servicios ambientales, como ya sucede en (el meridional estado estadounidense de Texas) y en Canadá, donde se paga a los productores para que apliquen la siembra directa”, afirma Assad.

Otro enfoque de Embrapa son las medidas para adaptar la agricultura al clima mejorando genéticamente las variedades vegetales para hacerlas capaces de resistir el estrés hídrico y las altas temperaturas.

A fines de junio, el Ministerio de Agricultura divulgará la zonificación agropecuaria para la temporada 2007-2008 con restricciones a las plantaciones en el sureño estado de Rio Grande do Sul. “Se limitarán los cultivos en 68 municipios en la frontera sur y este, que tienen suelos de un tenor arcilloso de entre 15 y 35 por ciento”, anuncia el funcionario responsable Francisco Mitidieri.

La cartera no atribuye estas restricciones al recalentamiento global, sino que considera los registros climáticos históricos. Estos ajustes en el extremo sur comenzaron en 2005, cuando se limitó por primera vez la plantación de soja en suelos arenosos riograndenses, pues retienen menos agua.

Además, el Ministerio pretende ofrecer nuevas opciones de cultivos para los agricultores de Rio Grande, los más afectados por los cambios del clima. Por primera vez se definirán en la región zonas para plantar girasol, ricino y frutales templados como ciruelas, duraznos, nectarinas y peras.

Las temperaturas mínimas diarias están aumentando en el sudeste de América del Sur, una región que comprende la porción sureña de Brasil, Uruguay, Paraguay y el noreste de Argentina.

Registros climáticos entre 1960 y 2000 revelan un incremento significativo en la proporción de noches calientes y una tendencia a la reducción de las noches frías, sobre todo en el verano, entre diciembre y febrero, y en el otoño, entre marzo y mayo, con alteraciones más notables en las costas.

En Rio Grande ya se constató un aumento de 1,4 grados en la temperatura mínima anual entre 1913 y 1998, describe Berlato en una entrevista. Los datos indican más olas de calor y noches cálidas y menos días con heladas severas. Las precipitaciones anuales han crecido en los últimos años a un promedio anual de 6,2 milímetros para todo el estado, afirma.

Cayó la cantidad de días seguidos sin lluvia y aumentó la de jornadas con precipitaciones continuas en todas las estaciones, pero sobre todo en otoño, lo que desfavorece a los granos que en esa época del año están en fase de maduración y cosecha. En cambio, esto “puede ser bueno para la agropecuaria”, estima Berlato.

Además, la frecuencia de lluvias intensas (de más de 20 milímetros), y muy intensas (de más de 50 milímetros), está asimismo en ascenso.

Hay indicios firmes de alteraciones térmicas y pluviales en el vecino estado de Santa Catarina.

El análisis de los registros históricos, de entre 40 y 70 años, revela que no se trata de fenómenos temporales o cíclicos de orden natural, sino vinculados a la explotación intensiva de los recursos naturales y de los combustibles fósiles, además de alteraciones en el uso del suelo, según el Centro de Informaciones de Recursos Ambientales y de Hidrometeorología de ese estado.

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