Científicos de Granada descubren la riqueza orgánica del polvo que llega desde el Sáhara

1222860798_0.jpgIberulitos, bajo el microscopio electrónico. (Foto: UGR)

ROSA M. TRISTÁN

El Mundo- Parte del polvo del Sáhara que ensucia los coches durante las tormentas de verano tiene gran importancia para la composición de los suelos mediterráneos. Se trata de los iberulitos, unos agregados minerales que viajan desde el corazón del desierto cargados de agua, virus, placton, sales y hasta partículas vegetales, que han sido descubiertos por dos científicos de Granada.

Jesús Párraga, de la Universidad de Granada, y José Luis Díaz Hernández, del instituto andaluz de investigación IFAPA, llevan seis años realizando muestreos semanales del polvo atmosférico, que se analiza en el Centro de Instrumentación Científica de la Universidad.

El objetivo de Díaz Hernández, que fue quien inició el trabajo, era estudiar cómo afecta el cambio climático a los suelos.

Fue así como descubrió la existencia de unos agregados minerales esféricos, de no más de un milímetro, que llegan a la atmósfera peninsular tras realizar un largo viaje desde África central y que no se conocían hasta ahora. Según sus estimaciones, estos aerosoles suponen en torno al 30% de todos los que llegan desde el desierto.
Compleja estructura de un iberulito, vista por un microscopio. (Foto: UGR)

Compleja estructura de un iberulito, vista por un microscopio. (Foto: UGR)

Una de las rutas que han identificado los investigadores de Granada parte desde la depresión Bodelé, en Chad, donde hay diatomeas (esqueletos de algas microscópicas) que levanta el aire. “Como son muy porosas vuelan a gran distancia arrastradas por el viento”, explica Díaz Hernández. Estas partículas, lentamente, y según comprobaron los científicos, van aumentando de tamaño al chocar unas con otras.

En su recorrido, captan vapor de agua, que se condensa sobre los iberulitos en forma de gotas de agua. A su paso por Canarias se ha comprobado que también incorporan dióxido de azufre (SO2), captado del ambiente volcánico, del mismo modo que en la costa recogen plancton. Incluso han identificado sales, polen y virus, incorporados a lo largo de un viaje que puede durar varios días.

“Hemos descubierto que estos aerosoles no son sólo minerales, sino agregados de compuestos que reaccionan con gases en la atmósfera, provocando que se limpie de dióxido de carbono, es decir, acaba con la lluvia ácida. También tienen un efecto radiativo, es decir, reducen la radiación solar externa”, explica Díaz Hernández.
Un regalo atmosférico

Para este investigador “la atmósfera nos envía un regalo manufacturado por ella, que nos dice que las leyes naturales son capaces de sacar del caos formas muy bellas y estructuradas internamente, a pesar del régimen turbulento en el que se crean”.

La parte negativa de los iberulitos, llamados así porque se han descubierto en la Península Ibérica, sería que pueden llegar a salinizar los suelos y que los virus y bacterias que transportan pueden ser dañinos.

Pero, por otro lado, aseguran que pueden servir como indicadores ambientales o paleoclimáticos. Es más, según señalan en la revista ‘Geochemistry & Geophysics’, del Journal Citation Reports, también deberían tenerse en cuenta al estudiar la formación de los suelos mediterráneos, a los que llegan 23 gramos por metro cuadrado de polvo sahariano cada año.

Lo que aún no se sabe con certeza es si los iberulitos han existido siempre o son fruto del aumento global de las temperaturas. “En 1992, cuando comencé mis investigaciones, no los encontré. Por ello, creemos que pude tener que ver con que el polvo aumenta con el calentamiento. De hecho, este año que ha hecho menso calor, hemos recogido menos iberulitos”, concluye el científico.

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