EL FUTURO DEL PARQUE NACIONAL DEL GUADARRAMA


EDUARDO MARTÍNEZ DE PISÓN
(Febrero de 2011)
El valor de la Sierra.
A estas alturas debería ser innecesario decir que la Sierra de Guadarrama constituye una montaña llena de calidades naturales y paisajísticas, asistidas por una intensa aportación cultural, y que, por ello, constituye una prioridad la necesidad de guardar esos valores para bien de todos y por responsabilidad colectiva. Pero, por si acaso, arrancamos este
escrito con su explícita afirmación.
El 17 de febrero de 2011 el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobó el
documento conjunto con la Comunidad de Castilla y León de petición de declaración
del Parque Nacional de las Cumbres de la Sierra de Guadarrama, solicitud que se ha de
elevar en el siguiente paso al Ministerio de medio ambiente, medio rural y medio
marino. Sin duda es señal de que ha habido y aún está en curso un proceso concreto,
científico, social y político, para lograr la salvaguarda de tales valores serranos.

No se
trata, pues, sólo de una voluntad para conseguirlo, sino de un procedimiento específico
formal dentro de nuestras normas y categorías territoriales y de protección de espacios
naturales. Estamos, pues, en la normalidad procesal, salvo por sus retrasos, vaivenes y
algunas excesivas reacciones que, por cierto, no han sido los caracteres propios de otros
lugares propuestos como Parques Nacionales, aunque acaso hubieran sido más
explicables en ellos.
Sea como fuere, la puesta en marcha de ese procedimiento ha ido acompañada por
vicisitudes y metas provisionales recurrentes que han alejado y reconfigurado el
objetivo mientras iba pasando el tiempo. La primera iniciativa política de Gallardón,
que se remonta a 2002-2003, se desdibujó pronto, la asistencia al proceso tuvo luego
altibajos, el interés por él experimentó fluctuaciones, se alcanzaron en 2006 sus
primeros resultados técnicos, pero se modificaron entretanto las normas estatales, lo que
permitió abrir la fruta ocasionando que las propuestas fueran variando por nuevos
acoplamientos, y su oposición navegó con llamativa facilidad por el radicalismo
ideológico.
Pero hemos llegado a hoy, finalmente, con un proyecto último, un documento único de
las dos autonomías con territorio en esta sierra, Castilla y León y Madrid, que rebasa el
nivel regional para entrar en el nacional, como corresponde a un parque que lleva ese
calificativo. Ahora, sus páginas contienen los resultados alcanzados, los veamos con
crítica o con complacencia, y en ellos estriban las posibilidades no sólo de proteger el
bien que representa el Guadarrama sino la de hacerlo en el rango adecuado. Al otro lado
del río espera ya el ministerio para su examen. Esperemos que con más apego al
Guadarrama que a una lectura intransigente de sus códigos, que ciertamente no ha usado
para los demás Parques.
El momento actual en el proceso es, sin duda, el del balance de un esfuerzo. Pero no es
sólo eso, sino el de poner en práctica sus resultados. Son estos desenlaces fruto de un
trabajo, pero sobre todo son una posibilidad real de implantación de un modelo
territorial proteccionista en la Sierra de Guadarrama. Esos resultados no son ni óptimos
ni quiméricos. Tampoco rechazables por apriorismo o por oportunismo ideológicos. No
son óptimos porque había otras opciones especificadas que eran más ponderadas e
incluso porque las nuevas normas han estrechado las condiciones de acceso a la
modalidad de protección apropiada. Pero no son quiméricos porque no proponen
imposibles territoriales, administrativos, económicos o políticos, como ocurre con otras
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propuestas voluntaristas. Y, por ello, porque facilitan que fluya el curso de esta
protección en el nada fácil cauce que le ha tocado recorrer, constituyen, aunque sea con
peros, nuestro posible puerto. Por ello conviene su plasmación definitiva, sin más
demoras ni retornos ni pérdidas ya de oportunidades, después de tantos años, en
discusiones cada día más bizantinas.
Tras este proyecto hay, en el caso que yo conozco mejor, que es el de Madrid, 20 tomos
de conocimiento estricto de la Sierra, previos a las disposiciones del Plan de Ordenación
de los Recursos Naturales del Guadarrama que se presentó en 2006 y que ya contenía
una normativa territorial detallada para la montaña. Aunque hayan variado contenidos,
se hayan acortado extensiones o modificado composiciones en este nuevo documento,
nadie puede echar atrás esos tomos de estudio precedentes que constituyen una
contribución específica de síntesis valorativa de la que pocas montañas españolas
podrían presumir. La normativa, donde han radicado los problemas, formaba su
conclusión como un cuerpo trabado. Las variaciones y adelgazamientos que ha
experimentado desde 2006 hacen de ella otro tratado, con sucesivos consensos y
disensos, aprobaciones, desaprobaciones, apriorismos y posibilismos. Todo esto está
ahora nuevamente sobre la mesa en su definitivo formato en un documento tangible.
Tras él hay un esquema que podría ser más perfecto, pero no se ha alcanzado otro, y hay
un lugar, la Sierra, la montaña sin proteger aún al nivel debido, con años en la sala de
espera, que queda reglamentado, potencialmente protegido y de modo socialmente
viable.
Esas imperfecciones derivan sobre todo de diversos obstáculos materiales que cierran el
acceso al nivel óptimo. Son algunos de estos las estaciones de esquí, los montes
maderables, nuestra ley general de espacios protegidos, prohibitiva en campos que
expulsan excelentes áreas del Guadarrama, la inferioridad palpable de la superficie
propuesta como protegible a la realmente valiosa, la delimitación y definición de las
distintas tipologías o zonas de conservación, unos reglamentos mejorables en el detalle
y, finalmente, las intenciones y las diferencias políticas. En primer lugar, han sido
visibles en el proceso ciertos indicadores de falta de la necesaria voluntad política (y no
sólo en una parte de los poderes responsables) para remover determinados obstáculos y
para alcanzar óptimamente los fines propuestos. Pero además hay otras circunstancias
políticas actuales que también merecen un comentario.
La circunstancia política.
Entretanto, mientras navegaba el Plan de Ordenación por las mesas de los despachos,
como es natural los políticos han seguido haciendo política. Es decir, dando una de cal y
otra de arena. Una de cara al público y otra de cara a sus intereses. Una paletada a las
pretensiones mercantiles de los alcaldes y otra a las propuestas proteccionistas de los
expertos. Y así sucesivamente. A veces hasta extremos tan antagónicos a los que ya sólo
es aplicable aquel dicho de estar a la vez en la procesión y repicando las campanas. En
tales ambivalencias se han llegado a alcanzar verdaderos choques de ideas, de modelos
y de tratamientos territoriales surgidos de la misma raíz de poder. Los políticos parece
que pensaron en un momento inicial que procedía pedir una opinión a los expertos para
actuar en este campo. Pero en otro posterior concluyeron que les convenía más actuar
ellos mismos como si fueran expertos y a partir de entonces lanzaron sus propias
propuestas, desorganizando los esquemas, recortando protecciones y actuando como
motores empresariales de los aprovechamientos económicos. El ejemplo evidente es la
oferta casi simultánea, en una mano, de un Parque Nacional adelgazado y, en la otra, de
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la conversión productiva de la agrupación urbana y del conjunto de las estaciones de
esquí de los Puertos de Navacerrada y Los Cotos.
Por otro lado, hay también en diferentes polos quienes, por diversos motivos, no son
partidarios del Parque Nacional del Guadarrama. No sabemos si tampoco de la
reconversión del Puerto de Navacerrada, pues sobre esto no se pronuncian o no
trascienden sus pronunciamientos. Algunos, los más contados, no son partidarios porque
estiman que la conservación de la naturaleza y de los paisajes de la Sierra sería contraria
a determinados intereses económicos propios que, para ejercitarse, tendrían que ser
necesariamente agresivos con ese medio. Pero además los hay, los más ruidosos, que se
oponen por principio si no lo ejecutan ellos o porque alegan defectos incluso desde
antes de estar redactadas las propuestas. E incluso los hay que ponen y exigen requisitos
que cierran la posibilidad misma de una declaración si se presentan los bosques como
han llegado al siglo XXI, para reclamarlos en el estado que debieron tener en el inicio
del Holoceno.
Pero la mayoría de los ciudadanos sí somos partidarios de dicho Parque Nacional,
principalmente de su propuesta más ponderada y rica, pero también de la aminorada,
porque, al menos, algo es algo. Por razones también variadas, pero fundamentalmente
porque tenemos la convicción de que ese Parque Nacional será un bien para la Sierra,
sus partidarios somos abundantes y, aunque razonablemente escépticos, constituimos
un numeroso grupo de esperanzados. De modo que una negación de esta declaración,
siempre por causas de menor entidad que la consecución de ese bien, no sólo acabará
por ser un daño al Guadarrama sino también una colosal frustración para tales
ciudadanos. Al final nos tendríamos que conformar con aquello que escribió Zweig:
“œlos ideales irrealizados se muestran como invencibles. Lo necesario, aunque se dilate
su realización, no por eso es menos necesario”.
En definitiva, a este acto de la obra en el que los personajes son los políticos y el
decorado ya no es la sierra sino sus asambleas y parlamentos, corresponde, en
voluntaria redundancia, tomar ya la decisión sobre lo únicamente decisivo: es decir,
proteger la Sierra.
Plasmar la protección.
La coyuntura política es también digna de consideración. Sorprende que hayamos tenido
que esperar al final de la legislatura autonómica para que se culmine el proceso interno
de propuesta del Parque Nacional al Ministerio. Materialmente apenas queda tiempo
para ese trámite por el equipo político actual y, desde luego, no para esperar respuesta
del gobierno nacional. En suma, es un despacho de última hora al que poco le ha faltado
para quedarse en el tintero. Y a las confrontaciones y acuerdos pasados entre entes
locales y autonómicos, hay que añadir los no pequeños que serán necesarios entre
autonomías y estado, y entre partidos ya por sí confrontados. Por lo tanto, puede que ni
siquiera se alcance un sí o un no a la propuesta o un arreglo en el lapso de tiempo que
queda antes de las elecciones generales, sobre todo dadas las pocas prisas que todos
muestran en este asunto. Incluso podría parecerle a algún observador suspicaz que, en
ambos hemisferios de poder, algunos preferirían dejarlo, presente pero aparcado, a la
vista de futuros acontecimientos.
El hecho es que estamos al fin del proceso de intemperie del estatus de la Sierra y ante
la apertura de una nueva situación, derivada del afianzamiento de normas, con lugares
tipificados y procedimientos regulados. Es decir, ante el inicio de otro proceso. Y, una
vez la Sierra ya protegida en el nivel de Parque Nacional, eso comportará un notable
cambio de significados territoriales. A la importancia de ser Parque Nacional para la
conservación y como etiqueta de prestigio, seguirán adaptaciones en el proceso
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territorial inmediato y futuro, con re-equilibrios positivos en la región y en su
significado central en la Península, con rearticulación de sus piezas internas y con las
envolventes (administrativas, sociales y protectoras). Incluso con la formación de un
órgano de gestión necesariamente supra-autonómico, que calque fielmente la auténtica
unidad geográfica dibujada por la orografía y no sólo por la historia política.
Son muchos los contenidos de la consecución de un Parque Nacional del Guadarrama
envuelto por sus aureolas de Parques Regionales, suficientes para darles entidad formal
en este momento. Aunque sean demasiados para describirlos ahora, son sobre todo
sobrados para que se desprecie la oportunidad de lograrlos. Pero al menos debo enunciar
dos que me importan especialmente como geógrafo y como profesor: un cuidado
efectivo del paisaje y una puesta en uso prioritario de una función cultural. Pero,
además, el Parque Nacional conseguido debe ser un soporte para su propia mejora y
para su extensión, siempre factible, siempre más realizable a partir de su plasmación,
porque el parque se asentará e irradiará su modelo mejor. De este modo, el Parque
Nacional del Guadarrama está destinado a crecer como un ser vivo si le dejamos nacer.
A crecer rectamente si permanecemos entusiastas y vigilantes en su mantenimiento, en
la superficie que aún no ha logrado, en el contorno al que debe aspirar y en la entidad de
su función protectora. Él mismo redefinirá sus modos y sus nudos de protección en esa
vida creciente.
En el horizonte hay concretos terrenos que deberán sumarse a su núcleo, desde cumbres
inmediatas y cantones hoy discordantes, como las actuales estaciones de esquí, hasta los
montes y bosques de los Belgas y de Valsaín, que ninguna sinrazón de incompatibilidad
legal debería haber excluido del Parque Nacional. Merece la pena hacer una reflexión
breve sobre cierto contenido de la exclusión de los pinares de Valsaín y de los Belgas
en la propuesta del Parque Nacional del Guadarrama. En primer lugar, claro, está su
sentido en el conjunto de la naturaleza serrana como masas forestales de primer rango,
ante lo cual esa exclusión se vuelve un resultado administrativo incomprensible.
Además, son bosques claramente patrimoniales en su valoración y en su imagen social.
Y conceder valor de “œpatrimonio” a un lugar natural no es sólo consolidarlo o
formalizarlo, con todas sus consecuencias de prestigio, protección y atracción, sino
también añadirle una marca histórica, cultural. Así, la calificación tan adecuada, por
ejemplo, de “œbosque patrimonial” a determinados montes como éstos, sin entrar en sus
posibles aprovechamientos actuales, pero que incluye el interés histórico de sus
laboreos, resulta insólito que pueda ser antitética con la obligación legal de excluirlos si
se les propone como pertenecientes a Parques Nacionales, al mantenerse en ellos esos
usos maderables. En los paisajes hay valores aparentes en sus escenarios, como es el
caso de los aspectos renaturalizados de esos bosques, pero además hay valores
profundos en ellos que no sólo son forestales o biológicos, sino que entrañan sus
significados geográficos humanos como herencia material y cultural.
Los problemas territoriales del proyecto actual, como el estrechamiento en los puertos
entre pinares y estaciones de esquí, son objetivos a solucionar que se lograrán con más
facilidad si el Parque se consolida y fortalece, porque la experiencia dirá, no sólo la
teoría, que es mejor hacerlo a su manera. Que las mejoras, esas y otras, se desprendan
de la práctica y que rueden por su camino. Pero antes dejemos a nuestra montaña con
las espaldas cubiertas. Ciérrese, pues, en positivo el largo y a veces desabrigado proceso
de protección integral de la Sierra. Y que este Parque Nacional se inaugure con el
propósito explícito de emprender la mejora de sí mismo.

HEMEROTECA

Parque Nacional en Madrid
Presentado ya el PORN de la vertiente madrileña del futuro P.N. de Guadarrama, hemos conversado con el director del estudio, Eduardo Martínez de Pisón.
Lunes, 16 de Mayo de 2005 – EL País

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Un bosque de pino silvestre en las cercanías de Peñalara.
desnivelpress.com
Ya está en las manos de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN) que han presentado los expertos encargados de elaborar los estudios pertinentes para nombrar Parque Nacional a la Sierra de Guadarrama. La comisión encargada de realizar el PORN, dirigida por el Catedrático de Geografía Física de la UAM Eduardo Martínez de Pisón, ha propuesto en su estudio definitivo que el futuro Parque Nacional ocupe una superficie de 73.000 hectáreas, de las que 34.084 gozarán de protección máxima.

Esto supone, en esencia, que en este área especialmente protegida, actuaciones como la edificación o el desarrollo urbanístico estén prohibidas, si bien en el PORN se consideran “compatibles” con el Parque la presencia de instalaciones deportivas como las pistas de esquí de Navacerrada y Valdesquí y sus correspondientes infraestructuras, que se mantendrán.

Una vez que el Parque haya sido aprobado por el Consejo de Ministros, caso de que así sea, las directrices y el plan de gestión establecerán qué tipo de actividades deportivas relacionadas con la montaña pueden verse afectadas, aunque los responsables del PORN aseguran que, al redactarlo, han tenido en cuenta la “función cultural y de ocio que cumplen los espacios protegidos. Esa función se podrá realizar mediante la práctica de un montañismo respetuoso”.

Diferente protección

Una vista invernal de las cumbres de Cabezas de Hierro y Peñalara.
Foto: desnivelpress.com
Dentro del Parque Nacional se han propuesto, por el especial valor de la flora y la fauna presente en ellas, siete pequeñas zonas de reserva entre Peñalara y los Montes Carpetanos (la también llamada Sierra Norte de Madrid). Son zonas que, por su fragilidad, necesitan de especial cuidado “se las puede comparar con la UVI de un hospital”, asegura Martínez de Pisón. Además, habrá unas zonas de “preparque” y otras zonas “de transición”, ambas con una función de amortiguación ecológica.

El preparque estará dividido en tres grandes figuras de protección ambiental autonómica: un nuevo Parque Regional del Valle del Lozoya (25.000 ha.), un Paisaje Protegido del Monte Abantos y su entorno (8.600 ha.) y el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares (5.000 ha. que ya forman parte del actual parque). El área de transición o borde externo gozará de menor protección medio ambiental. La cota mínima del Parque se situaría en El Paular (1.150 metros) y la máxima, en el Pico de Peñalara (2.428 metros). En total, los expertos aseguran que la superficie total protegida equivaldría a casi el 10% de la superficie de la Comunidad de Madrid.

Castilla y León… se retrasa

Un paisaje singular de Guadarrama: La Pedriza.
Foto: Tino Núñez
La propuesta preliminar de los expertos madrileños debería haber sido conjunta con la que está realizando la Junta de Castilla y León en la vertiente segoviana, pero los trabajos de ésta parecen ir muy retrasados y ha sido acusada por diferentes colectivos de “tratar de torpedear, mantener una actitud oscurantista y secretista sobre el Parque Nacional y propiciar la difusión de información falsa sobre las supuestas limitaciones a los usos tradicionales en un Parque Nacional, con el fin de generar entre los habitantes locales desconfianza y rechazo hacia esta figura de protección”

En cualquier caso, antes de que el Parque sea aprobado, es preciso contar con ambos estudios, ya que hasta que no estén aprobados los PORN de ambas comunidades autónomas en los respectivos parlamentos autonómicos, no podrá elevarse al Congreso de los Diputados la propuesta conjunta de declaración del parque nacional.

En la Sierra de Guadarrama está representada el 45 por ciento de la fauna del territorio ibérico y el 18 por ciento de la europea. En ella aún es posible encontrar especies singulares, algunas de las cuales se encuentran en peligro de extinción, como el buitre negro o el águila imperial, que viven en amplias superficies boscosas de pino silvestre, roble melojo, encina y fresno. Algunos especialistas incluso aseguran que la creación del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama abriría las puertas a la vuelta de especies emblemáticas a la sierra madrileña, como el amenazado lobo ibérico.

El máximo responsable del PORN, el Catedrático Eduardo Martínez de Pisón, responde en esta entrevista algunas preguntas relativas al futuro Parque Nacional de Guadarrama.

El Catedrático encargado de dirigir el PORN, Eduardo Martínez de Pisón.
Foto: desnivelpress.com
¿Cuáles son los motivos que han pesado más a la hora de intentar nombrar Parque Nacional a la Sierra de Guadarrama?
Siempre hay un “por qué” y un “para qué”. Respecto a lo primero, porque tiene una naturaleza y un paisaje de notable entidad, aún no representados en la red de Parques española, como montaña del interior peninsular, por lo que conviene incluirlos en dicha red; además es un territorio amenazado por fuertes presiones de cambio. Respecto a lo segundo, para que sirva como lugar apropiado de extensión cultural y de disfrute a la sociedad, con todos sus beneficios instructivos, científicos, montañeros y hasta morales.
¿No cree que, al menos la vertiente madrileña, esta ya bastante deteriorada, con gran parte de su superficie urbanizada, pistas de esquí, carreteras, etc?
Sin embargo, hay una buena masa montañosa en buen estado y una posibilidad real de corregir ese camino al deterioro al que está abocada la sierra si no se la protege. No es cierto que la mayor parte de la superficie de la sierra esté urbanizada. Se puede coger un mapa y una regla y calcular sus espacios de suficiente dominante natural y salen casi las tres cuartas partes de superficie montañosa. Es un milagro que aún sea así al lado del avance urbano: lo que hay que hacer es que se haga lo necesario para garantizar que siga así y eso hay que hacerlo ahora mismo. Hay varios campos para hacerlo posible y la protección de la naturaleza es sólo uno de ellos, pero es el que los científicos podemos utilizar y lo estamos haciendo.

En el PORN se ha considerado “compatible” la existencia de estaciones de esquí dentro de de una figura tan sensible como es la de un Parque Nacional ¿Puede que en el futuro se replantee esto?, ¿cabe alguna posibilidad de que sean desmanteladas?
Si se estimara que las estaciones no son compatibles, como no son erradicables en nuestra competencia, quien sería incompatible ahora sería el Parque Nacional justo en el área núcleo de los puertos de alta montaña, por lo que éste no tendría toda la entidad requerida. Y más o menos eso sería en el centro del Parque cuando éste se extienda lógicamente por Segovia. Es una herencia con deudas, por tanto. Luego es mejor hacerlas compatibles, con sus condiciones, pese a la aparente discordancia que ello puede producir, de la que soy muy consciente, e integrarlas en un sistema que las va necesariamente no sólo a limitar y envolver físicamente como a unos islotes o enclaves contrastados, sino a convertir primero en algo menos agresivo y progresivamente en algo cada vez más parecido a un Parque Nacional. Esa influencia en tal dirección es evidente, no en la contraria y ya hay ejemplos positivos en la Sierra de Guadarrama, concretamente en Peñalara. Pienso que esto es un proceso explícito, pero es un proceso que hay que desarrollar ponderadamente con sus propios pasos y con los pies en la tierra. Me importa en este sentido más el escenario final que el presente.

Una ladera de la Sierra de Guadarrama.
Foto: desnivelpress.com
¿Hay algún tipo de actividad deportiva cuya práctica pueda verse limitada dentro del ámbito del futuro Parque Nacional?
Un Parque Nacional regula inevitablemente los usos públicos y da ofertas propias, que están compaginadas con la protección, a las demandas de usos. Pero esto es algo que corresponde aún establecer a las directrices, al plan de gestión y al funcionamiento futuros del Parque. Todavía no se está en este punto, sino en el de la zonificación del área madrileña, que es previo, porque sólo podrán abordarse cuando llegue a añadirse la parte de Castilla y León, para trabajar sobre el conjunto. Dicho lo cual, hay usos de cancha y de paisaje abierto que no se deben mezclar y hay usos con máquinas y otros a cuerpo limpio que no son lo mismo ni como actividades ni como efectos en la naturaleza. Por ello, hay que distinguir. Hemos hecho un análisis muy pormenorizado de los usos deportivos bajo la dirección de Pedro Nicolás que hace todas estas distinciones por deportes y por lugares, lo que permite detalles y matices suficientes para encauzar tales usos debidamente. Como reflexión general, nosotros creemos que es muy importante el servicio de extensión cultural y moral que deben proporcionar los espacios protegidos de montaña y el procedimiento idóneo para conseguir aquí que esa función se realice es precisamente mediante la práctica del montañismo respetuoso, si tiene senda por senda, si no la hay monte a través y si hay un escarpe, escalándolo.

¿Cuál es el motivo de no incluir dentro de la zona de máxima protección del Parque zonas tan valiosas como el Monte Abantos, la ya mencionada zona de La Herrería o determinadas zonas del valle del Lozoya?
Lo que está dentro del Parque es lo más adecuado a esta figura, que debe tener un límite. El procedimiento de selección que hemos seguido es un rompecabezas sumamente delicado con la suma de valoraciones espaciales sectoriales, para alcanzar una valoración global, a la que se corrige mediante investigación y en el terreno y en el mapa y en los textos y en debates internos y en los sistemas cartográficos automáticos, por razones de usos, compatibilidades, circunstancias administrativas, tipos de montes, lindes diversos, etcétera, a la que se acoplan las figuras previstas en las normas, que están fijadas de antemano y con sus requisitos precisos. Y de todo ello salen los espacios, graduados o jerarquizados, acoplados a las condiciones de las normas, que son muy exigentes. Si hay por ejemplo deterioros marcados, isleos o discontinuidades espaciales, o usos tan incompatibles que no hay modo de integrarlos, o posibles daños injustificables a terceros, o superficies de montes públicos que obligan a seguir sus límites, y otras mil cosas más, pues hay que definirse y concretar lo que se puede proteger. Esa es la realidad y no la quimera, que uno también querría hacer real y no se deja. No obstante, está recogido lo que aludes en los Parques Regionales propuestos y en el Paisaje Protegido, no dejado a su suerte, porque ahí estaba su adecuación mejor a la norma. Además no nos hemos salido del límite del PORN porque no debíamos hacerlo. Cada milímetro del mapa tiene su historia y su realidad concreta y ha sido sopesado con todo miramiento.

La hoya de Pepe Hernando, a los pies de la Laguna Grande, en Peñalara.
Foto: desnivelpress.com
¿Conoce cuál es la situación del PORN de Castilla y León y si hay verdadera voluntad política por parte de la Junta de la Comunidad Autónoma para sacar adelante el Parque Nacional? Hay numerosos colectivos que denuncian dejadez y falta de voluntad por parte de la Junta por sacar adelante el Parque.
Eso no puedo responderlo porque no me concierne. Sé que están trabajando, que el equipo es muy competente y que si lo hacen se supone que será porque tienen voluntad en hacerlo, cosa que he oído de sus propios responsables en las reuniones que mantenemos. Eso sí, será necesaria una cierta convergencia con nuestro trabajo para establecer el conjunto, que luego deberá andar solo.
Y la Comunidad de Madrid, ¿cree que tiene ahora verdadera voluntad política de nombrar Parque Nacional a la Sierra de Guadarrama?
Ahí está la Comunidad para responderos de sus voluntades mejor que yo. Pero todos los datos que tengo apuntan en esa dirección. Lo han afirmado incluso en público las autoridades, ¿qué más puedo decir como director del estudio sin meterme en lo que no sé ni me concierne? Ahora todos los signos son de confianza en que saldrá el Parque Nacional. Luego pasará por el refrendo público y por el Gobierno de la nación… También debería haber un explícito apoyo social, ciudadano, de la prensa, de los intelectuales, de los habitantes. Hay que arrimar el hombro.
Ahora que las competencias pasan a las Comunidades Autónomas, ¿no será difícil la coordinación entre dos comunidades diferentes, al igual que pasa en los Picos de Europa, por ejemplo, donde son tres las comunidades implicadas y es un “cachondeo”? (En una se caza, en las otras no…)
Ya, ya. Menudo despiece ha sido la sentencia del Constitucional de fines del 2004. Habrá que rehacerse después del golpe. Pero siguen existiendo unos procedimientos y unas directrices generales a las que es obligatorio atenerse. Está a punto de salir una nueva sentencia del Constitucional sobre el Plan Director de la Red de Parques Nacionales que esperamos que remedie la tendencia a la fragmentación generalizada a la que aludes. Los parques de montaña están lógicamente en divisorias orográficas, lo que puede dar lugar a su carácter transautonómico y ello obliga a una coordinación seria, muy seria, del posible Parque afectado, pero esto concierne a un proceso futuro, aunque inmediato, en el Guadarrama.

Al no haberse tomado medidas contundentes, ¿no cree que la “amenaza” del P.N. ha acelerado los planes urbanísticos de todos los municipios afectados por él?
Siempre hay quienes toman esto como carreras, lo que no es nada bueno claro está para el territorio. No te puedo decir qué medidas se han tomado ni cuáles serían las oportunas, pero un estudio lleva su tiempo y nosotros lo hemos hecho incluso antes de lo previsto, conscientes de la precariedad de la situación del espacio serrano. Cuando se culmina el trabajo presentas tu oferta y ahora es el tiempo de actuar en positivo. La Sierra necesita apoyo social explícito para culminar el proceso de protección en marcha. Quiero decir que ahora también os toca a vosotros.

En caso de ser aprobado, ¿para cuándo cree que podríamos tener Parque Nacional?
La presidenta de la Comunidad de Madrid ya dijo que antes de acabar esta legislatura esperaba que podría estar concluido todo el proceso hasta la misma declaración del Parque nacional y su entorno de figuras de protección.
Y usted, personalmente, ¿cree que saldrá adelante el Parque Nacional, que será aprobado?
Estoy convencido y , si no, no habríamos metido tanto esfuerzo, sacrificio e ilusión en ello. Pero no nos lo van a sacar sólo desde las nubes. Tenemos que arrimar el hombro todos, repito, hacer constar que hay una fuerte demanda social de dicho Parque, ejercer la democracia para reclamarlo, olvidarse de ciertos remilgos dejando la responsabilidad única a unos poderes indefinidos. Tenéis que hacer ver que queréis de verdad la conservación de la Sierra de Guadarrama y poner en ello todo lo que podáis por vuestra parte, como, por ejemplo, estáis haciendo ya mediante esta entrevista. Si os dormís, se podría pensar que no hay interés en ello… Y yo sé que no es así. Que lo sepan todos.

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