La Iglesia católica expone su decálogo ambiental.

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Ciudad del Vaticano, 19/3/2007, (Ecoestrategia).

Decálogo para resolver los problemas ambientales

Las intervenciones y acciones del Vaticano en materia de medio ambiente son continuas. A finales del pasado mes de febrero, por ejemplo, el obispo Giampaolo Crepaldi, secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz, participó en un congreso que convocado en la capital italiana sobre el tema “œMateriales para el programa medioambiental del próximo gobierno”.

En el encuentro, que reunió a diputados y senadores de varios partidos, así como 17 fundaciones, institutos y asociaciones empeñadas en la defensa del medio ambiente y en la promoción de la ecología humana, monseñor Crepaldi abogó por “œuna renovada y equilibrada cultura ecológica y ambiental, libre de condicionamientos ideológicos capaz de orientar una eficaz e inteligente acción de gobierno”.

El obispo Crepaldi urgió a “œuna obra de promoción educativa a todos los niveles, partiendo de presupuestos ético-culturales, no deudores de ideologías un tanto extravagantes y a fin de cuentas inhumanas”.

El Secretario del dicasterio vaticano explicó el decálogo para un medio ambiente a medida del hombre según la doctrina social de la Iglesia, partiendo de la Sagrada Escritura que indica los criterios morales fundamentales para afrontar la cuestión medioambiental, es decir “œla persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios Creador” y “œla encarnación de Jesús”.

Este decálogo ambiental de la Iglesia también contempla la no reducción de la naturaleza a mero objeto de manipulación y explotación; considera el planeta como “œpatrimonio común del género humano”; defiende la “œprimacía de la ética sobre la técnica”; califica de “œindeseables las intervenciones del hombre cuando dañan a los seres vivos o al medio ambiente natural, mientras que son loables cuando se traducen en su mejora”; y subraya “œla necesidad de armonizar las políticas de desarrollo con las políticas medioambientales, a nivel nacional e internacional”.

Asimismo, el decálogo plantea que “œla cuestión medioambiental exige que se obre activamente por el desarrollo integral y solidario de las regiones más pobres del planeta”; expresa la necesidad de que “œla responsabilidad hacia el medio ambiente encuentre una traducción adecuada a nivel jurídico”; sugiere estilos de vida “œinspirados en la sobriedad, en la templanza y la autodisciplina, a nivel personal y social”; y concluye que “œsi se llega a redescubrir la naturaleza en su dimensión de criatura, se puede establecer con ella una relación comunicativa y penetrar así en el horizonte del misterio que abre al hombre el paso hacia Dios, Creador de los cielos y la tierra”.

Para proteger el medio ambiente hace falta solidaridad

Nuncio MigliorePor otra parte, a mediados del mes de febrero, durante la 62 sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas, el nuncio apostólico Celestino Migliore afirmó que “œla solidaridad es el elemento clave para proteger el medio ambiente”.

El arzobispo Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, intervino el debate sobre el tema “œAfrontar el cambio climático: Las Naciones Unidas y el mundo a la obra”, recordando “œla ineludible responsabilidad de todos en promover un medio ambiente sano para las generaciones presentes y futuras”.

En cuanto al compromiso de la Santa Sede, el prelado subrayó que “œel empeño personal y los numerosos llamamientos públicos del Papa Benedicto XVI han suscitado campañas de concienciación por un renovado sentido del respeto por y de la necesidad de salvaguardar la creación de Dios”. Desde un punto de vista más práctico, la Santa Sede ha tomado ya medidas para reducir y compensar las emisiones de carbono en el Estado de la Ciudad del Vaticano, como el uso de paneles solares.

Según el observador permanente, el desarrollo sostenible “œproporciona la clave para una estrategia que tenga en cuenta armoniosamente las exigencias de la conservación ambiental, del cambio climático, del desarrollo económico y de las necesidades humanas fundamentales”.

A pesar de la degradación ambiental que se constata en muchas partes, el nuncio sostuvo que “œindividuos y comunidades han empezado a modificar sus estilos de vida, conscientes del hecho de que el comportamiento personal y colectivo tiene un impacto en el clima y en el bienestar general del medio ambiente”.

Esta actitud, comentó, es crucial también respecto a un factor especialmente importante del desarrollo sostenible: “œel uso de tecnologías limpias”. Por este motivo, “œpara ayudar a los países en vías de desarrollo a evitar los errores que otros han cometido en el pasado”, los altamente industrializados deberían compartir con ellos este tipo de tecnologías.

Con respecto al desafío del cambio climático, Migliore explicó que “œes al mismo tiempo individual, local, nacional y global”, y exigió por tanto “œuna respuesta coordinada a distintos niveles”.

Con vistas a la “œUnited Nations Framework Convention on Climate Change” (UNFCCC), que se celebrará en Bangkok (Thailandia), del 31 marzo al 4 de abril próximos, el prelado expresó su esperanza de que el evento “œfavorezca el lanzamiento de estrategias nacionales” y promueva “œun compartir más equitativo de recursos y tecnología para ayudar a los países vulnerables con menos recursos a comprender mejor y a valorar los riesgos que deben afrontar”.

Con relación a las informaciones que en días pasados han aparecido en la prensa mundial, anunciando la publicación de una “œnueva lista de pecados capitales”, las autoridades eclesiásticas vaticanas aclararon que se trata de interpretaciones confusas que los periodistas han realizado a partir de la entrevista concedida por monseñor Gianfranco Girotti, obispo regente del tribunal de la Penitenciaría Apostólica, al diario L’Osservatore Romano.

En la entrevista, publicada el pasado 9 de marzo, el prelado declaró que: “œHay varias áreas dentro de las cuales hoy percibimos actitudes pecaminosas en relación con los derechos individuales y sociales. Ante todo el área de la bioética, dentro de la cual no podemos dejar de denunciar algunas violaciones de los derechos fundamentales de la naturaleza humana, a través de experimentos y manipulaciones genéticas, cuyos efectos son difíciles prever y controlar”.

Dentro de estas “œactitudes pecaminosas”, que no pecados propiamente dichos, el entrevistado identificó también el tráfico de drogas, que deja a muchos jóvenes fuera del circuito eclesial; las desigualdades sociales y económicas, que alimentan una insostenible injusticia social; y el daño ecológico, de vital importancia actual.

Tanto en el papado de Juan Pablo II, como en el de Benedicto XVI, la Santa Sede se ha mostrado como una decidida defensora del medio ambiente y los recursos naturales, sobre todo en los países del llamado Tercer Mundo donde la destrucción de los ecosistemas afecta a los más pobres.

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