La economía verde alivia pero no sana


Por Danilo Valladares
GUATEMALA, ago (IPS) – Los países centroamericanos no encontrarán en la llamada economía verde respuestas de fondo contra la pobreza y los desastres naturales mientras rija el modelo de desarrollo basado en la producción y el consumo excesivos, advierten expertos de la región.

Germán Rodríguez, coordinador de la Red Nacional de Formación e Investigación Ambiental, dijo a IPS que todo esfuerzo encaminado a proteger el ambiente y los recursos naturales “es bueno”, aunque sobre la economía verde “tengo mis reservas”.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente definió la economía verde como un sistema de actividades relacionadas con la producción, distribución y consumo de bienes y servicios que resulta en mejoras del bienestar humano en el largo plazo, sin, al mismo tiempo, exponer las generaciones futuras a riesgos ambientales y escasez ecológica significativa.

“Estructuralmente no hay cambios reales porque sigue regida por un modelo económico que privilegia un modo de producción”, aunque “significa un camino hacia una economía más armónica con el ambiente”, señaló.

El experto guatemalteco cree que cambiar el modelo de desarrollo actual “será algo muy complejo” y para lograrlo “habría que comenzar por un cambio de actitud de parte de los consumidores” para armonizar su actitud y la producción con la naturaleza.

“Si el consumidor deja de comprar un producto, el productor tendrá que dejar de venderlo”, precisó.

En ese caso, consideró muy importante la promoción de la enseñanza ambiental a través de las distintas estructuras del Ministerio de Educación y las universidades, así como las regulaciones dictadas por el gobierno para que las empresas sean responsables con el uso de sus desechos.

La temática ambiental se convirtió en un asunto insoslayable para América Central, con 43 millones de habitantes, en especial porque esta región ha sido una de las más castigadas del planeta por los fenómenos climáticos extremos, si bien contribuye en muy poco con la contaminación global.

El estudio titulado “La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe 2009”, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, indica que el istmo contribuye con menos de 0,5 por ciento del total de las emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) a nivel mundial.

Paradójicamente, una sequía en 2009 y los ciclones Mitch en 1998, Stan en 2005 y Agatha en 2010, atribuidos al cambio climático, dejaron cientos de miles de personas damnificadas y severos daños a la infraestructura y agricultura de la región, principalmente en Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.

Estos desastres naturales no han hecho sino agravar la pobreza que afecta a cerca de la mitad de los habitantes centroamericanos, que aún no logran reponerse.

“El año pasado tuvimos un crecimiento del producto interno bruto de 2,8 por ciento, pero los fenómenos hidro-meteorológicos significaron un impacto de 2,3 por ciento sobre ese desempeño. Entonces, ¿de cuál crecimiento económico estamos hablando si no tomamos en serio las variables ambientales?”, se preguntó Rodríguez.

Ricardo Navarro, de la no gubernamental Cesta y Amigos de la Tierra de El Salvador, entiende que, “mientras no se cuestiona el paradigma de producir y consumir siempre más, los resultados de la economía verde serán apenas perceptibles”.

“Si bien con la economía verde se reduce el impacto en la naturaleza por cada dólar producido o consumido, ante un incremento de producción y consumo cualquier mejora se desvanece”, matizó ante la consulta de IPS.

Según este experto, es necesario construir un nuevo sistema político-económico basado en una relación armónica con la naturaleza.

“Esto significa producir y consumir dentro de los límites que permite la naturaleza, tanto en la utilización de recursos como en la disposición de los desechos, garantizando al mismo tiempo que se satisfagan los derechos humanos fundamentales”, explicó.

Para mitigar sus impactos ambientales, los países de América Central se replantearon acciones en distintos campos de la producción. En materia energética, por ejemplo, Costa Rica logró generar más de 80 por ciento de energía mediante fuentes renovables.

Su vecina Nicaragua aspira a que 90 por ciento de su energía sea producida para 2016 también a través de fuentes renovables, mientras que Guatemala pretende hacer lo mismo para 2022 y la apuesta es a 99 por ciento de le generado, según los ministerios de Energía y Minas de ambos países.

Pero los ambientalistas son escépticos al respecto, porque, incluso aunque se logre la meta con esos esfuerzos, aún distaría de alcanzar una economía verde.

“Los gobiernos de la región se debaten entre implementar políticas de desarrollo y, a la vez, proteger los recursos naturales”, pero están de por medio grandes intereses particulares, “los que al final ganan la partida e impiden una economía verde”, según Eddie Gallegos, de la Asociación de Municipios Integrados por la Cuenca y Territorios de la Laguna de Apoyo de Nicaragua.

Gallegos abogó por un cambio en los hábitos de consumo de modo que, “si tenemos cuatro pares de zapatos, habría que preguntarnos si en realidad los necesitamos”.

“La clave es disminuir el consumo de los que compran demasiado, mermar el crecimiento poblacional”, indicó a IPS.

El economista guatemalteco Fernando Carrera dijo a IPS que tan importante es la sostenibilidad como la reproducción económica.

Sin embargo, “China ha demostrado que hacer uso de todo lo que está a su alcance amén de la pobreza y el ambiente para que su economía crezca ha generado una gran contaminación allí y al resto del mundo, de modo que las restricciones de carácter ambiental preocupan cada vez más”, explicó.

De tal forma, Carrera cree que es posible superar el capitalismo, “aunque los seres humanos no sabemos ahora cómo sustituirlo por algo más eficiente”. (FIN/2011)

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