La degradación del suelo impide una agricultura sostenible

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Día Mundial de lucha contra la Desertificación 2008

“œNuestra supervivencia depende de este puñado de suelo. Trátalo con cariño y producirá nuestro alimento, nuestro combustible y nuestro cobijo y nos rodeará con su belleza. Abusa de él y el suelo colapsará y morirá, llevándose consigo a toda la humanidad”.


Naciones Unidas, 17/6/2008, (Ecoestrategia).- El Día Mundial de lucha contra la Desertificación y la Sequía, que en 2008 tiene como lema principal: “œLuchando contra la degradación de la tierra para una agricultura sostenible”, poniendo así de relieve la trascendencia de la tierra y su gestión para una de las actividades más importantes en el desarrollo de la civilización: la agricultura.

“œLa degradación de la tierra debilita la fertilidad del suelo, perturba el equilibrio del ciclo del agua y contribuye a la inseguridad alimentaria, el hambre y la pobreza, así como a la migración forzosa. Hacer frente a esta situación compleja requiere una respuesta global con el fin de aumentar la productividad de los ecosistemas terrestres y de hacer de la producción agrícola sostenible una prioridad a través de políticas a favor de los pobres con vistas a la adaptación al cambio climático y a la protección de la biodiversidad”, aseguró el Secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.

Amenaza para los objetivos del Milenio

Según el secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, Luc Gnacadja, “œel aumento global del precio de los alimentos y los subsecuentes disturbios subrayan el desafío al que se enfrenta el mundo, añadiendo todavía más obstáculos, si cabe, para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio establecidos por Naciones Unidas”.

“œAunque en la actualidad los elevados precios de los alimentos pudieran ser mitigados temporalmente por las perspectivas de una nueva producción agrícola, siempre continuarán las causas limitativas en la producción sostenible de alimentos que nutran la siempre creciente población mundial. Mientras población y demanda de diversos tipos de productos agrícolas aumenten, los enfoques de la gestión de la tierra que no sean sostenibles fracasarán de manera evidente”, subrayó Gnacadja. La conversión de la tierra en usos no sostenibles puede exacerbar el círculo vicioso de la degradación de la tierra, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.

Según la ONU, las tierras secas ocupan un 41 por ciento de la superficie del planeta, y en ellas habitan más de 2.000 millones de personas, un 90 por ciento en países en desarrollo, en condiciones económicas y sociales de máxima pobreza.

El suelo como depósito de carbono

En estos días, la Comisión Europea (CE) celebró una Conferencia de alto nivel sobre la relación entre suelo y cambio climático y el papel de la gestión del suelo en la mitigación y adaptación a ese fenómeno.

La materia orgánica realiza una función fundamental en el mantenimiento de la fertilidad del suelo, la retención del agua, el sostenimiento de la biodiversidad y la regulación del ciclo global del carbono. Pero la materia orgánica se está reduciendo y por ello en la Conferencia se habló de las enormes cantidades de carbono que se han perdido en la atmósfera en los últimos años.

Los miembros del Parlamento Europeo, el Presidente del Consejo de Medio Ambiente y otros participantes destacados reconocieron que tiene que reforzarse la función del suelo como depósito de carbono. También debatieron una serie de opciones estratégicas para conseguirlo, y abogaron por la adopción de una directiva sobre protección del suelo basada en la Directiva marco sobre esa cuestión, que el Consejo bloqueó en diciembre del pasado año.

A este respecto, el Comisario de Medio Ambiente, Stavros Dimas, afirmó: “œEn nuestros suelos están almacenadas 70 000 millones de toneladas de carbono, y cualquier pérdida, por mínima que sea, puede tener efectos muy importantes sobre nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. Insto, por tanto, al Consejo, a que reconozca la importancia del suelo para la sostenibilidad de toda Europa, y a que reconsidere la necesidad de proteger este valiosísimo recurso con legislación europea”.

Los suelos de la UE contienen más de 70.000 millones de toneladas de carbono orgánico, y la liberación, incluso de una pequeña fracción, podría anular las reducciones de emisiones realizadas en otros sectores. Los suelos del Reino Unido, por ejemplo, han perdido en los últimos 25 años 13 millones de toneladas de carbono.

El suelo está perdiendo materia orgánica por varias razones, por ejemplo los cambios a largo plazo en las prácticas de gestión de las tierras, la evolución de las técnicas de gestión del suelo, la modificación del régimen pluviométrico y el aumento de las temperaturas.

A manera de conclusión, la CNULD recuerda un viejo consejo de hace casi cinco mil años: “œNuestra supervivencia depende de este puñado de suelo. Trátalo con cariño y producirá nuestro alimento, nuestro combustible y nuestro cobijo y nos rodeará con su belleza. Abusa de él y el suelo colapsará y morirá, llevándose consigo a toda la humanidad”.

En 1994, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el 17 de junio como “œDía Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía”, buscando promover la conciencia pública y la aplicación de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en los países afectados por este fenómeno, en particular las naciones de África done el 66% de la tierra está afectada por la desertización.

El punto de partida de este proceso se remonta cuarenta y un años atrás, cuando la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Desertificación, celebrada en Nairobi (Kenia) en septiembre de 1977, abordó por primera vez este tema como problema de índole mundial.

En 1992, a petición de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro (Brasil), la Asamblea General de las Naciones Unidas pidió la creación de un Comité Intergubernamental de Negociación con el fin de elaborar una Convención de Lucha contra la Desertificación.

Y fue así como el 17 de junio de 1994 se adoptó en París la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) y el 17 de junio fue designado Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

La CNULD entró en vigor en diciembre de 1996, 90 días después de recibirse la 50ª ratificación. La Conferencia de las Partes (COP), que es el órgano rector supremo de la Convención, celebró su primer período de sesiones en octubre de 1997 en Roma (Italia). Desde 1999, la Secretaría de la Convención está radicada en la ciudad alemana de Bonn.

Más información en: www.unccd.int/

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