Heroes : Sabios

Natura / El Mundo febrero 2008

Edward O. Wilson
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El padre de la biodiversidad… “Por humilde e insignificante que sea, cada especie es una obra maestra de la biología que vale la pena conservar”. En su último libro, ‘La Creación’, Edward Osborne Wilson resume con estas palabras la visión que ha inspirado toda su obra. Desde sus inicios como explorador del fascinante mundo de las hormigas hasta su apasionada defensa de la naturaleza en auténticos clásicos modernos como ‘La diversidad de la vida’, al sabio entomólogo de Harvard le sobran méritos para ser considerado uno de los científicos que más han luchado por el medio ambiente.

A sus 78 años, con más de 20 libros y dos Pulitzer a sus espaldas, Wilson es quizás el biólogo más importante e influyente que ha surgido desde Darwin. Pero su inclusión en esta lista de héroes se debe a que no sólo ha sido un brillante investigador de la naturaleza, sino también un elocuente divulgador que se ha volcado en transmitir a toda la sociedad su convicción de que, como proclamó en una entrevista publicada por este periódico, vivimos en un paraíso amenazado al que le hemos perdido el respeto: “Lo tenemos ahí, es prodigioso, es magnífico. Se llama planeta Tierra y lo estamos destruyendo”.

Desde su infancia en el profundo sur de Alabama, siempre le fascinaron las maravillosas criaturas de este paraíso terrenal que nos rodea, y asegura haber tenido una época de fascinación por las mariposas, otra por las serpientes, otra más por los pájaros. Sin embargo, a los siete años, un anzuelo se le clavó en el ojo derecho cuando intentaba pescar un sargo, y esta grave herida selló su destino para siempre: con su vista limitada por el infortunio, las hormigas se convirtieron en el objeto de estudio ideal para aquel chico con insaciable vocación de naturalista.

Posteriormente, fueron los exhaustivos trabajos de Wilson sobre estos insectos los que desvelaron las sofisticadas señales químicas que utilizan para comunicarse, las claves de su compleja estructura social y el crucial papel que desempeñan en la estabilidad del medio, al remover más materia muerta que las lombrices. Sin duda fueron sus hallazgos sobre la importancia ecológica de las hormigas lo que llevaron a Wilson a percibir mejor que nadie las frágiles interrelaciones entre especies en el gran ecosistema de la vida terrestre, y a convertirse en una de las figuras más importantes que han alzado la voz en su defensa. De alguna manera, toda su obra constituye un intento de demostrar cómo el ser humano no puede considerarse como un ente ajeno a la naturaleza, sino que esta profundamente imbricado en ella.

Esta visión la plasmó en ‘Sociobiología’ (1975), su obra más ambiciosa y polémica, en la que propuso que la conducta humana está más condicionada por la influencia de los genes que por pautas culturales aprendidas. Aquella osadía le costó más de un disgusto: muchos colegas le ridiculizaron y un exaltado incluso le echó una jarra de agua fría en una conferencia para protestar contra su “determinismo biológico”.

El tiempo, sin embargo, le ha ido dando la razón en muchas cosas y hoy es uno de los científicos más respetados. Esperemos, por lo tanto, que su última plegaria por la naturaleza en ‘La Creación’, una carta dirigida a un pastor cristiano para unir a científicos y creyentes en la defensa de nuestro hogar planetario, sea escuchada antes de que sea demasiado tarde. Como dice el sabio entomólogo de Harvard, “el cielo o el infierno es lo que los hombres queramos hacer con la Tierra”. / PABLO JÁUREGUI

Carlos Duarte

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El cambio climático desde el mar… Es profesor de investigación del CSIC y presidente de la Sociedad Americana de Oceanografía y Limnología. Carlos Duarte, Premio Nacional de Investigación 2007, no ha perdido el tiempo. Viendo la cantidad de trabajos científicos que ha publicado podría pensarse que se trata de un anciano. Pero Duarte ronda los cuarenta y tantos. Los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas marinos de los polos se han convertido en su máxima obsesión científica y no duda en alertar de su magnitud este mismo verano. “La tasa de retroceso de hielo que vimos era del orden de 20 kilómetros diarios”.

Jane Goodall

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La dama de los monos… Jane Goodall es la primatóloga más carismática del mundo. Fue ella quien descubrió que los chimpancés eran capaces de realizar actividades cognitivas similares a las humanas, y con ello no sólo nos acercó más a los simios, sino que puso en evidencia la importancia de protegerles de una extinción más que probable. Su labor como defensora de los hábitats que ocupan sirvió para poner de moda las tareas de conservación cuando estos temas no formaban parte de los debates científicos. Casi medio siglo después, sigue trabajando por un empeño que aún no se ha debilitado. / ROSA M. TRISTÁN

Lonnie Thompson

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Un científico que escala montañas… Su laboratorio son los glaciares de alta montaña y su vestimenta, la de un montañero. Pero Lonnie Thompson ha estudiado mejor que nadie cómo han evolucionado los hielos perpetuos de las zonas tropicales ante el cambio climático. Y los resultados que ha obtenido, después de obtener centenas de columnas de hielo extraídas de los glaciares de montaña para analizarlas, es dramático. Fue el primero en dar la voz de alarma sobre el retroceso de este tipo de formaciones heladas y desde entonces no ha parado de trabajar para evitar que suceda lo que parece inevitable: su desaparición.

Mario Molina

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El salvador de la capa de ozono… En 1995, recibió el Premio Nobel de Química, junto con su colega estadounidense Sherwood Rowland, por sus cruciales hallazgos sobre el deterioro que estaba sufriendo la capa de ozono. Las investigaciones pioneras de este sabio mexicano demostraron que la acumulación de clorofluorocarbonos (CFC) en la atmósfera, procedentes de sistemas de refrigeración y otros procesos industriales, estaban ‘agujereando’ el escudo natural que nos protege de los rayos ultravioleta del Sol.

Sus hallazgos fueron la base científica sobre la que se estableció el Protocolo de Montreal, un tratado internacional firmado en 1987 que sirvió para reducir de forma eficaz la emisión de los CFC y frenar esta amenaza ambiental. En la actualidad, Molina es un destacado miembro del IPCC y lucha por conseguir un éxito similar frente al cambio climático. / P. J.

Glenn Murcutt
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El arquitecto del medio natural… En un estudio pequeño de Sidney, Australia. Allí trabaja sin socios, empleados ni estudiantes colaboradores el ya septuagenario Glenn Murcutt (Londres, 1936), el más atípico de todos los ganadores del Premio Pritzker de Arquitectura (considerado el Nobel de la disciplina) de 2002.

Vive pegado a la tierra. Murcutt intenta que sus edificios estén adaptados al entorno en el que se levantan. Estudia las corrientes de aire dominantes en el emplazamiento, la lluvia que cae y la escorrentía sobre el terreno e incluso la fauna y la flora del lugar. Sus proyectos no son trasplantables, pues nacen pensados para un sitio concreto. Usa las técnicas y productos locales. Tanto acerca la arquitectura al medio natural que en cada uno de sus edificios se respira la influencia del medio ambiente en el que están.

Dennis L. Meadows

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Los límites del crecimiento… Aunque inspirada en parte en las viejas teorías de Malthus, quien decía en el siglo XIX que la población mundial seguiría creciendo hasta colapsar, la obra que publicó Dennis L. Meadows, junto a otros, en el año 1972 fue absolutamente pionera. En los albores del movimiento ecologista, este experto en ‘management’ del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) advertía que nuestra especie no podría crecer sin freno porque el propio entorno en que vivimos, la Tierra, tiene recursos finitos. Y, cuando los esquilmemos, se acabó. La idea ha sido objeto de múltiples revisiones y reelaboraciones por parte de otros autores y del propio Meadows, quien sigue volcado en patrocinar la economía sostenible. Muchas de sus predicciones no se han cumplido, pero su filosofía está más en boga que nunca. / A.DÍAZ

Jared Diamond

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Los libros como arma… Sus clases en la Universidad de UCLA (EEUU) son una apasionante inmersión en la Geografía, la Historia, la Biología, la Antropología y el Medio Ambiente, al igual que sus libros, con un pie en las lecciones del pasado y otro en las palpitaciones del presente. Galardonado con el Pulitzer por ‘Armas, Gérmenes y Acero’, su última obra, ‘Colapso’, (editorial Debate) es un viaje al mundo de las civilizaciones perdidas y a las razones que precipitaron su caída. Es uno de los pocos héroes ambientales que trabaja desde la divulgación de la cultura. “Los desastres ecológicos causados por el hombre han estado detrás de los colapsos, pero casi siempre asociados a otros factores, como el cambio climático, la existencia de enemigos o la alteración en los intercambios comerciales con otras sociedades”, comenta. / C. FRESNEDA

James Hansen

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La NASA contra Bush… Como todo el mundo sabe, muchos de los mejores científicos del mundo trabajan en la NASA, pero ésta no es una universidad sino una ramificación del Gobierno estadounidense creada en plena Guerra Fría.

Esta doble condición provoca que los investigadores tengan que saber nadar y guardar la ropa en más de una ocasión, pero James Hansen, jefe del Instituto Goddard que tiene la agencia en Nueva York, consideró que la cosa había ido demasiado lejos y denunció que la Administración Bush le presionaba para que no hablara del cambio climático.

Fue una torpeza del Gobierno, porque Hansen siguió repitiendo lo que ya dijo a principios de los 80: el cambio del clima es una “bomba” a punto de estallar y la sociedad ha de conocer y enfrentarse a esta amenaza. / A.D.

James Lovelock

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El padre de ‘Gaia’… Quizá es el más sabio de los científicos con vida y no imparte clases en ninguna universidad. A la manera de quienes comenzaron a hacer Ciencia hace algunos siglos, James Lovelock trabaja como un artista. Solo y en su casa de campo. Y desde allí ha logrado comprender mejor la dinámica de la naturaleza que cualquiera de sus colegas de laboratorio.

La Hipótesis Gaia, que presenta a la Tierra como un sistema que se regula por sí sólo, es su aportación más reconocida. Pero algunos de sus inventos han resultado claves para detectar en la atmósfera los CFC y solucionar el agujero de la capa de ozono que provocan o para medir algunos de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático. Su enorme labor como divulgador completa la figura de uno de los mayores genios de nuestro tiempo. / M.G.C.

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