Héroes: Luchadores

Natura / El Mundo Febrero 2008

Jesús Garzón

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El valedor de la trashumancia… Comenzó luchando por la fauna silvestre y ahora defiende al hombre, a los pastores cuya labor considera fundamental para los ecosistemas de la Península. En realidad nunca ha dejado de abogar por lo mismo, porque su vinculación temprana al mundo rural y su formación en los 60, una época en la que el agro ibérico no había sido violentamente modificado por la intensificación y el despoblamiento rural, le hizo ver la íntima relación que existe entre el hombre y la naturaleza en paisajes tan intervenidos desde antiguo como el español.

Es esa la misma idea que inspiró ‘El hombre y la Tierra’ a Félix Rodríguez de la Fuente, del que fue colaborador. Porque Garzón es un veterano luchador que enlaza varias generaciones de defensores de la naturaleza, desde los pioneros que descubrieron la España todavía rural de la mitad del siglo XX hasta la hornada actual del ecologismo, surgida en un mundo de problemas urbanos y acostumbrada a que la administración, la empresa o los medios hablen habitualmente de biodiversidad, sostenibilidad y conservación.

La generación de Garzón lo descubrió todo por sí misma y luchó sola contra todo. Él era un joven biólogo que estudiaba Monfragüe, en Cáceres, cuando asistió a la llegada de los ‘bulldozers’ de ICONA, que aplicando vetustos criterios pretendía sustituir el “inculto” monte mediterráneo por árboles de rápido crecimiento. Pero esa sierras eran la mayor reserva de Europa de grandes rapaces y un hábitat de biodiversidad única. La diplomacia y los acuerdos con propietarios que promovió no dieron sus frutos en plena transición franquista. La administración seguía los planes y Garzón recurrió finalmente a la prensa y las grandes organizaciones internacionales para provocar un escándalo que había tratado de evitar. Una foto de un alcornoque con un nido de buitre negro abatido por una máquina demostró que la zona tenía los valores naturales que el ICONA negaba. Poco después, el nuevo Gobierno de Adolfo Suárez protegía la zona. El año pasado, el espacio que Garzón salvó se convertía en el Parque Nacional de Monfragüe.

Después, llegó la trashumancia. Tuvo la ocurrencia de llevar las ovejas a Madrid por la vieja cañada para denunciar la destrucción de miles de kilómetros de caminos públicos y para hacer ver que se estaba perdiendo una cultura milenaria y un modelo de gestión del territorio ejemplar. Logró que el Estado las protegiera con una ley en 1995, aunque ahora los hábiles políticos convierten la reivindicación en una mera fiesta folclórica. / PEDRO CÁCERES

ENTREVISTA
JESÚS GARZÓN: “La trashumancia es imprescindible para conservar la biodiversidad ibérica”

Es uno de los naturalistas españoles más reconocidos. Los estudios que realizó desde los años 60 sobre las poblaciones de águila imperial o el lince ibérico siguen siendo una referencia para los biólogos de la conservación. Tuvo un papel clave para la protección de espacios como el hoy Parque Nacional de Monfragüe. Después, fue director general de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura. Pero lo dejó pronto. Discreto y esquivo a los focos, es más fácil encontrarle en el monte que en un despacho. Acaba de volver de Cerdeña, donde ayuda a reintroducir el buitre negro y llega para acompañar en su paso por Madrid al rebaño de ovejas que recorre España. Porque de proteger a las águilas, ha pasado a defender a los pastores. Son, afirma, la clave para mantener la biodiversidad.

PREGUNTA.- En 1993 puso en marcha un proyecto LIFE de la UE para recuperar la trashumancia y ahora la sigue defendiendo desde la Asociación Trashumancia y Naturaleza. ¿Por qué? ¿Qué hacen esas ovejas en la Cibeles?

RESPUESTA.- Se trata de defender una actividad fundamental para conservar la biodiversidad ibérica. La trashumancia es apasionante porque hablamos de una cultura que tiene 7.000 años de antigüedad y que en términos ecológicos se remonta a 20 millones de años, cuando se unen Eurasia y África y comienza un intercambio de grandes herbívoros. Desde entonces, en la Península, que es un rinconcito en el extremo de Eurasia, se refugiaron muchas de las especies que en el resto del territorio desaparecían y que nos han dejado una riqueza biológica impresionante.

P.- ¿Por qué resultó tan especial la Península?

R.- Gran parte de Europa, hasta hace 10.000 años, estaba tapada de hielo. Toda la gran fauna, la que está pintada en cuevas como Altamira, habitaba la Península. Más al norte había hielos, era el Polo. Pero como en invierno nuestras mesetas se llenaban también de hielo, estos animales bajaban al sur, a lo que ahora es Extremadura, Andalucía o Portugal. Y cuando llegaba la primavera y empezaba a secarse el sur y se retiraban las nieves y los hielos del norte, volvían a subir a las montañas. Los cazadores paleolíticos seguían a las manadas en sus migraciones y, por tanto, los caminos de estas manadas fueron los primeros que existieron en la Península. Luego, hace 7.000 años, cuando el hombre domestica los rebaños, los herbívoros manejados por el hombre mantienen esos movimientos que hacía la fauna salvaje. Todo el mundo cree que la trashumancia es una cosa medieval cuando lo que hizo Alfonso X el Sabio fue legislarla. Existía desde mucho antes.

P.- ¿Y por qué habría de ser fundamental que continuara en nuestros días?

R.- Porque estas grandes manadas moviéndose entre el sur y el norte de la Península son las que han generado nuestra enorme riqueza en biodiversidad. Todo el ecosistema está adaptado a ese movimiento. Es una cuestión de capacidad de carga de ecosistemas. Con la trashumancia, todos los rebaños abandonaban las fincas a finales de abril camino del norte. Quedaba así todo el pasto en plena floración, lo que permitía conservar la diversidad de semillas para reponer la producción del año siguiente. Además, esa hierba que quedaba sin pastar protegía los nidos de las aves que viven en el suelo y también por supuesto las crías de los conejos, las liebres, los cervatillos, los reptiles y anfibios. Si no hay cobertura vegetal, el colapso del ecosistema es evidente. Si no hay presas, toda la cadena trófica (desde el águila al lince y todos los depredadores) se extingue, y todo es debido a la falta de trashumancia.

P.- ¿Cómo llegó esa conclusión?

R.- Cuando era director general de Medio Ambiente de Extremadura me preocupé por el envejecimiento de las dehesas. Hay ejemplares magníficos de encinas y alcornoques, pero todos centenarios. Buscando la explicación de por qué hace un siglo había renuevos de encina y después no, la explicación fue el tren. Con la llegada del ferrocarril ya no hizo falta salir a final de abril, cinco o seis semanas antes para hacer el camino, sino que bastaba un día para transportar el ganado en vagones. Con lo cual, todas las dehesas quedan esquilmadas, ya que el ganado aguanta hasta mediados de junio porque si sube antes las montañas están nevadas. Esa espera de mes y medio es fatal, pues ocurre en el momento en el que todo el ecosistema estaba adaptado al movimiento de los rebaños, con todas las aves en plena nidificación, los árboles brotando…

P.- ¿Sigue ocurriendo esto?

R.- La modernidad tiene otros condicionantes gravísimos y es que el ganado no es ya que vaya en tren, es que ahora se queda en las dehesas todo el año. El tren ha desaparecido. Lo que parecía la gran supermodernidad ya no existe. Las modernidades son efímeras.

P.- ¿O sea, que el ganado tiene un papel más importante de lo que parece en la vida silvestre?

R.- El ganado es fundamental para la biodiversidad. La fauna silvestre, como las aves carroñeras, aprovechan el ganado doméstico. Además, la ganadería extensiva emplea pastos que si no se aprovechan se convierten en matorral que acaba destruyendo los pastizales y que a su vez generan incendios forestales. No hay que olvidar que la biodiversidad de pastizal ibérico es de las más altas conocidas del planeta.

P.- ¿Pese al pastoreo?

R.- No, ¡gracias al pastoreo! Puede haber 40 especies distintas de flores en un metro cuadrado de terreno, pero tan pronto se deja de pastorear esas 40 se convierten en 10, en cinco y luego en una, puesto que las plantas más pequeñas, finas y palatables son invadidas por plantas más rústicas. La ganadería extensiva, además, hace que el suelo evolucione porque incorpora hojas secas y ramitas al pisarlas y, además, lo fertiliza con su estiércol. Tenemos una máquina gratuita y magnífica de limpiar, desbrozar y fertilizar suelos erosionados.

P.- ¿Y cuando el ganado se desplaza qué efecto produce?

R.- Por ejemplo, mueve semillas. Un rebaño de 1.500 ovejas y 150 cabras, desde Extremadura a Picos de Europa, transporta unas 4.500 semillas por cabeza y día, según un estudio realizado por la Universidad Autónoma. En un momento de cambio climático en el que muchas plantas van a desaparecer, cada planta transportada va a encontrar un nuevo nicho donde sobrevivir, teniendo en cuenta que los rebaños se mueven en un gradiente de latitud y altura amplísimo. Además, la trashumancia es imprescindible para conservar la Red Natura 2000, porque relaciona esos ecosistemas protegidos por la UE, creando unos corredores ecológicos, como son las cañadas, que tienen 125.000 kilómetros de longitud que, si no hay ganado, no valen para nada.

P.- ¿Y en qué estado se encuentra esa red?

R.- Tenemos la ley de 1995 que protege las vías pecuarias, que hay que deslindar y acondicionar, pero que es una ley muy conservacionista. El tema está en los problemas que estamos teniendo los trashumantes con las comunidades autónomas, la falta de permisos, los trámites veterinarios y las diferentes legislaciones que obligan en ocasiones a hacer las cosas dos veces. Los ganaderos trashumantes, que somos los indígenas ibéricos, los primeros pobladores de la Península, estamos considerados ahora como ilegales, sin papeles, expatriados. Y esto es todo fácil de corregir pero tenemos que dar el salto cualitativo para conseguirlo.

P.- ¿Hay viabilidad económica para la trashumancia?

R.- Lo mejor que puede decirse de la ganadería extensiva y la trashumancia es que es sostenible. Toda la ganadería aparentemente magnífica de la Europa occidental depende en un 80% o un 90 % de las exportaciones del tercer mundo, en forma de energía, piensos baratos de harina de pescado o granos obtenidos esquilmando los recursos. España debe jugar un papel fundamental cambiando de filosofía y siendo un ejemplo de desarrollo sostenible, cosa que tenemos perfectamente al alcance siempre que la mediocridad de nuestros políticos y técnicos no lo impida.

Hammer Simwinga

El azote de la caza furtiva… Para la población del Parque Nacional del Norte de Luangwa, en Zambia, la caza furtiva era una de las pocas formas de subsistencia antes de que Hammer Simwinga empezara a trabajar allí. Hoy casi ha desaparecido. Este agrónomo ha logrado encontrar una forma de ofrecer a los furtivos otra alternativa. La mayoría de ellos cultivan campos de girasol, cosen o tienen un molino gracias a un sistema de microcréditos que logró el programa de desarrollo impulsado por Simwinga. Hoy el 86% de ellos come tres veces al día, mientras hace 10 años sólo lo hacía el 20%.

Alexandra Cousteau

La nueva generación de ambientalistas… Nieta del famoso comandante francés, representa a sus 31 años una nueva generación de luchadores por el medio ambiente y de la conservación de los océanos. Licenciada en Relaciones Internacionales con la especialidad en Ciencias Ambientales por la Universidad de Georgetown, ha fundado junto a su hermano Phillippe la ONG EarthEcho International y colabora con otras organizaciones. Buceadora como toda su familia, el agua es su medio. El año pasado estuvo en Tenerife, donde reclamó medidas para salvar a los tiburones. G. C. D.

Jordi Miralles

Un luchador urbano… Ha decidido luchar por el medio ambiente en los entornos urbanos. Es biólogo y lleva más de 10 años al frente de Fundación Tierra, que trabaja para incentivar la cultura ambiental. Su máxima es que los pequeños cambios son poderosos. Y ese motor fue el que le llevó a convencer a 170 ciudadanos para instalar en Barcelona la primera planta solar popular de nuestro país. La poca cultura ambiental existente hizo que se necesitara un enorme esfuerzo para llevar a cabo una pequeña acción contra el cambio climático. Pero ahora el camino ya está abierto.

Obispo Luiz Flavio Cappio

Contra el trasvase… No duda en ponerse en huelga de hambre 10 días, 15 o un mes si siguen amenazando el río San Francisco que se ha propuesto defender. El obispo franciscano Luiz Flavio Cappio, el obispo verde, quiere evitar que el Gobierno brasileño lleve a cabo un trasvase faraónico de 6.000 millones de euros, que, en su opinión, favorecerá sólo a los grandes empresarios agrícolas. Para él la obra supondrá un desastre ecológico y agravará los problemas que sufren los 12 millones de personas que viven de sus aguas: los más pobres.

Wangari Mathaai

Una mujer contra el continente negro… Fue la primera mujer en obtener un doctorado universitario en todo el Este africano. Y también fue la primera de ese continente en ganar el Premio Nobel de la Paz. Se ha enfrentado a un presidente opresor que la encarceló varias veces y ha sido reprimida violentamente otras cuantas. Ha organizado protestas en Nairobi de mujeres desnudas para pedir la liberación de presos políticos y en 2002 fue nombrada ministra asesora de Medio Ambiente del Gobierno de Kenia. No es una mujer africana convencional. Wangari Maathai es la más laureada defensora de la democracia, los derecho humanos y la conservación del medio ambiente de todo el mundo.

De todos los frentes de lucha que ha abierto durante su vida, quizá el ambiental es el más conocido. En 1977 fundó el ‘Green Belt Movement’ (Movimiento Cinturón Verde), una iniciativa que ha plantado más de 40 millones de árboles a lo largo de todo África y que lucha contra la deforestación y la erosión del suelo. Pero, en un principio, el movimiento no surgió de la defensa del medio ambiente, sino para tratar de mejorar las condiciones de vida de las mujeres en las zonas rurales de su país. Como ella misma ha declarado en diversas ocasiones, fue trabajando con grupos de mujeres como se dio cuenta de que “la degradación ambiental y la pobreza van juntas”.

Los resultados de las acciones de esta organización sin ánimo de lucro se llevan dejando ver en el continente negro desde hace más de dos décadas. Miles de hectáreas de bosques ricos en biodiversidad y manejados por poblaciones locales se han preservado, la erosión se ha reducido de forma ostensible en muchas fronteras naturales y cientos de miles de mujeres y sus familias han conseguido una forma de vida más alejada de la extrema pobreza. Pero el trabajo del Green Belt Movement no se queda ahí. Su objetivo es plantar 100.000 millones de árboles por todo el mundo en la próxima década.

A medio camino entre la defensa ambiental y la política, Maathai se opuso en 1989 al gobierno del dictador Daniel Arap Moi para evitar la construcción de un complejo urbanístico -promovido por personas afines al partido único de Moi- en los terrenos que ocupa el Parque Uhuru en la capital. La oposición de la activista keniata llamó la atención internacional sobre un Gobierno que había dejado años atrás de tener ningún tipo de respeto por los derechos humanos.

Las declaraciones del juez que la divorció y que apoyó a su marido dan una idea del temperamento de la activista y del nivel de corrupción durante la época de Moi. “Es usted terca, de mucho nivel educativo, demasiado fuerte y difícil de controlar”. / M.G.C.

Isidro Baldenegro López

La defensa de Sierra Madre… Cuando era sólo un niño presenció el asesinato de su padre por el simple hecho de oponerse a la tala de los bosques de Sierra Madre (México) en los que vive su pueblo, los indígenas tarahumara. Lejos de asustarse y a pesar de las amenazas recibidas en una zona donde impera la violencia y en la que el Gobierno se lava las manos, Isidro Baldenegro, continúa el mismo trabajo que comenzó su padre. Su trabajo ha servido para que algunas miradas se dirijan a los valiosos bosques de Sierra Madre y hacia los tarahumara.

Wang Canfa

Un abogado contra la contaminación… En China no hubo ninguna ley ambiental hasta el año 1979. Pero aunque después sí han ido apareciendo, la contaminación ha crecido a mayor ritmo que la legislación. El Centro para la Asistencia a las Víctimas de la Contaminación que dirige Wang Canfa trata de aplicar esas olvidas leyes para defender los derechos de los ciudadanos chinos. En los ocho años que lleva funcionando la organización ha llevado más de 1.500 demandas. Y ha logrado importantes victorias como el cierre de contaminantes plantas químicas y papeleras.

Olga Tsepilova

Luchadora antinuclear… Es una respetada investigadora de la Academia Rusa de Ciencias. Durante mucho tiempo se ha dedicado a estudiar las consecuencias sociales de la contaminación nuclear en dos antiguas zonas nucleares. Pero eso no les gusta a las autoridades rusas. En no pocas ocasiones le han denegado permisos para investigar que ya tenía concedidos, le han registrado su propia casa e incluso han llegado a darle una paliza que la mandó durante un mes a un hospital. “Sólo me hace ser más valiente”. Ahora lucha con más fuerza por que su país no se convierta en un basurero nuclear.

Paul Watson

El pirata de la defensa ambiental… Quizá sea el tipo más temido por los cazadores de ballenas y pescadores ilegales. Fue uno de los fundadores de Greenpeace en los años 70 y miembro de la organización ecologista hasta que rompieron relaciones debido a la dureza de las tácticas de Watson. Es el último hombre de acción directa. Con la experiencia ya adquirida y su propia manera de hacer las cosas fundó la sociedad de conservación Sea Shepherd, que cuenta con una flota naval, pero cuyas intervenciones son bastante más contundentes que las del ‘Rainbow’ ‘Warrior’.

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