En medio de la batalla eléctrica, la sostenibilidad y los ciudadanos pierden


24.5.2012
SeñalesdeSostenibilidad

boletín informativo de Fundación Vida Sostenible • núm. 27 ? 24 de mayo de 2012

Conclusión de UNESA: la electricidad sería barata si no existieran las energías renovables. En ello abunda el presidente de Unesa, Eduardo Montes, en una entrevista reciente: “Uno tiene que ser coherente y si queremos un mundo idílico sin CO2 y con molinos de viento está muy bien, pero hay que pagarlo”. Con un panorama tan renovable y por lo tanto tan desastroso, cualquiera diría que Unesa está en la ruina, pero no lo está. Ha tenido 2.110 M€  de beneficios desde enero a marzo de este año.

Unesa estrena página web, muy bien diseñada, muy clara e ilustrativa. Hemos entrado en ella sedientos de información de primera mano sobre el confuso asunto de la electricidad comercial. Comenzamos por el principio, el recibo de la luz. Lo primero que hallamos es una calculadora de consumo, que te permite “descubrir a qué se destina lo que pagas en tu factura eléctrica”.

Ahí van algunos puntos clave: “En contra de lo que normalmente se cree, [el coste de producir] la energía, si no se incluyen las subvenciones a las renovables y a la cogeneración, representa menos de un tercio de lo que pagan los consumidores”. Vamos al apartado Subvenciones:  “El importe total que los consumidores tiene que pagar en concepto de primas [a las renovables y la cogeneración] es del orden de 7.000 millones de euros (M€) anuales. Más de 175.000 M€ durante la vida de las instalaciones actuales”. Impresionante: en la nueva unidad monetaria de uso en España, el recorte, inspirado en los grandes tijeretazos al estado del bienestar (1 recorte = 5.000 M€), equivale a 1,5 recortes al año o a 37,5 recortes en total.

Las piezas empiezan a encajar. Siguen impuestos, distribución, transporte, etc. y llegamos a la amortización del déficit, que se explica así: “Desde hace unos años los sucesivos gobiernos han preferido endeudar a los consumidores de electricidad en lugar de adecuar las tarifas eléctricas a los costes reales del suministro. A fecha de hoy, la deuda, por este concepto, asciende a 24.000 M€. El coste de amortizar la deuda y sus intereses ascienden ya a más de 2.200 millones de euros anuales”.

Conclusión: la electricidad sería barata si no existieran las energías renovables. En ello abunda el presidente de Unesa, Eduardo Montes, en una entrevista reciente: “Uno tiene que ser coherente y si queremos un mundo idílico sin CO2 y con molinos de viento está muy bien, pero hay que pagarlo”. Con un panorama tan renovable y por lo tanto tan desastroso, cualquiera diría que Unesa está en la ruina, pero no lo está. Ha tenido 2.110 M€  de beneficios desde enero a marzo de este año.

Como dice elegantemente Ecoticias, estos resultados “contrastan con la situación general del país”. La Asociación de Productores e Inversores en Energías Renovables (ANPiER) reprocha a la gran asociación eléctrica que exija más subidas del recibo de la luz con tan abultados beneficios. Los ciudadanos, mientras tanto, ven reducirse la distancia entre unos salarios en descenso y unas tarifas eléctricas en aumento (el Ministro de Industria anuncia nuevas subidas de la luz en los próximos meses).

La gran solución, según Unesa, consiste en eliminar de un plumazo todas las subvenciones a las energías renovables. Incluso sugieren ir un paso más allá, y eliminar a las energías renovables en sí mismas, en la versión eléctrica del dicho “muerto el perro, se acabó la rabia”. Así lo asegura en grandes letras un titular de El Economista publicado en la web de Unesa: “Las renovables tienen un coste y tal vez ahora hay que prescindir de ellas”.

Si prescindimos de las renovables, ya podemos ir cerrando venerables y ultra-rentables instalaciones como las centrales hidroeléctricas del tramo fronterizo del Duero, una verdadera epopeya industrial de su tiempo, o el gran parque de aerogeneradores que pueblan las serranías del sistema Ibérico. En realidad sólo se trata de acabar con la energía solar, la verdadera bestia negra de la gran asociación eléctrica, pero a este paso nos vamos a cargar el resto, tirando al niño junto al agua sucia de la bañera. Esto va justo en dirección contraria de la estrategia solar de entidades tan dispares como Apple y Arabia Saudí. Ambas saben que las energías convencionales son pan contaminado para hoy y hambre para mañana. Y en Extremadura muchos opinan lo mismo.

El ciudadano de a pie, mientras tanto, lo que sabe a ciencia cierta es que será él quien pague la factura final de todos estos forcejeos eléctricos. Y está descubriendo la creciente cantidad de dinero que se puede ahorrar tomando las medidas básicas del buen uso de la energía. Con las subidas previstas del recibo eléctrico, la eficiencia se va a convertir en un verdadero filó

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