El suelo como depósito de carbono

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Ecoestrategia, Junio 2008

En estos días, la Comisión Europea (CE) celebró una Conferencia de alto nivel sobre la relación entre suelo y cambio climático y el papel de la gestión del suelo en la mitigación y adaptación a ese fenómeno.

La materia orgánica realiza una función fundamental en el mantenimiento de la fertilidad del suelo, la retención del agua, el sostenimiento de la biodiversidad y la regulación del ciclo global del carbono. Pero la materia orgánica se está reduciendo y por ello en la Conferencia se habló de las enormes cantidades de carbono que se han perdido en la atmósfera en los últimos años.

Los miembros del Parlamento Europeo, el Presidente del Consejo de Medio Ambiente y otros participantes destacados reconocieron que tiene que reforzarse la función del suelo como depósito de carbono. También debatieron una serie de opciones estratégicas para conseguirlo, y abogaron por la adopción de una directiva sobre protección del suelo basada en la Directiva marco sobre esa cuestión, que el Consejo bloqueó en diciembre del pasado año.

A este respecto, el Comisario de Medio Ambiente, Stavros Dimas, afirmó: “œEn nuestros suelos están almacenadas 70 000 millones de toneladas de carbono, y cualquier pérdida, por mínima que sea, puede tener efectos muy importantes sobre nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. Insto, por tanto, al Consejo, a que reconozca la importancia del suelo para la sostenibilidad de toda Europa, y a que reconsidere la necesidad de proteger este valiosísimo recurso con legislación europea”.

Los suelos de la UE contienen más de 70.000 millones de toneladas de carbono orgánico, y la liberación, incluso de una pequeña fracción, podría anular las reducciones de emisiones realizadas en otros sectores. Los suelos del Reino Unido, por ejemplo, han perdido en los últimos 25 años 13 millones de toneladas de carbono.

El suelo está perdiendo materia orgánica por varias razones, por ejemplo los cambios a largo plazo en las prácticas de gestión de las tierras, la evolución de las técnicas de gestión del suelo, la modificación del régimen pluviométrico y el aumento de las temperaturas.

A manera de conclusión, la CNULD recuerda un viejo consejo de hace casi cinco mil años: “œNuestra supervivencia depende de este puñado de suelo. Trátalo con cariño y producirá nuestro alimento, nuestro combustible y nuestro cobijo y nos rodeará con su belleza. Abusa de él y el suelo colapsará y morirá, llevándose consigo a toda la humanidad”.

Más información en: www.unccd.int/

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