El problema del agua

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Aspecto del Río Segre en la parte norte del pantano de Rialb (Lleida). (Foto: EFE)

Antonio Ruiz de Elvira

9 de abril de 2008.- Estos días hemos conocido hasta la saciedad el problema del agua en Cataluña. Aunque esta semana está lloviendo y ésto supondrá un ligero alivio del problema, el mismo volverá corregido y aumentado el próximo verano. En el año hidrológico 2007/2008 hemos tenido hasta hoy un par de borrascas, en vez de las 20 anuales de la etapa entre 1900 y 1970. En España llueve menos, bastante menos, como consecuencia de un desplazamiento obligado hacia el norte del chorro polar forzado por el calentamiento del Polo Norte, según la ecuación del viento térmico.

Llueve menos, hace más calor, pero los seres humanos no aceptamos esta realidad, una realidad que hemos creado nosotros. La idea tras todos los problemas ambientales deriva de la doctrina, propuesta ya en el Libro del Génesis de la Biblia (Gen, 9:1): “Creced, multiplicaos, llenad la Tierra. Todo lo que hay en ella será de vuestro dominio”, lo que refleja el pensamiento de una gran cantidad de seres humanos desde al menos hace cuatro mil años hasta hoy. Aún hoy hay muchas personas que piensan que el planeta está donde está para disfrute y beneficio del ser humano, y que éste puede destruirlo a voluntad.

En Europa han desaparecido los animales salvajes y las plantas son todas domésticas. En todo el mundo quedan unos 1000 tigres, unos cuantos rinocerontes y muy pocas Jubartas o ballenas jorobadas. Hoy los atunes son piezas de lujo y hay especies marinas que ya no podemos comer, porque, como el mundo es del “dominio humano”, el ser humano los ha extinguido.

En España hemos secado acuíferos (La Mancha), hemos desertizado provincias enteras, (Almería y Alicante) y hemos contribuido al calentamiento del Polo. Hemos ensuciado y roto nuestra casa, y ahora nos quejamos de ello.

Ante estos problemas, ¿qué soluciones proponen unos administradores sociales imbuidos de las ideas de dominio del ser humano? Seguir destrozando el planeta. No contentos con haber secado La Mancha, ahora quieren cambiar a los ríos de curso, capturar sus aguas y dejarlas que se evapore en el aire desde las piscinas. En ninguno de los discursos de estos ignorantes administradores se escucha la menor palabra de condena al ser humano, ni de remordimiento por el ataque a su casa común. No. La única noción es la de seguir dilapidando recursos escasos. Si es posible, además del agua del Ter, del Llobregat, gastaremos el agua del Segre, del Ebro, del Ródano. Destruiremos las selvas, asesinaremos a las ballenas, a los atunes, nos desharemos de los tigres y de los leones, etc., etc., etc.

Hay hoy un principio “sagrado”, la exageración del otro de donde salió la frase del Génesis: Es el principio de “Yo hago lo que me viene en gana y yo exijo que cada persona en el planeta sea tan rica como Bill Gates”. Cada persona exige tener piscina en su jardín, varios coches en su garaje, dos o tres viviendas en el planeta, 4 televisores de pantalla de 4×3 metros en cada pared de cada cuarto de sus casas, etc. “Es mi -derecho-“. En los estatutos de la Universidad de Alcalá los estudiantes tienen un par de páginas de “derechos”, y una obligación: La de pagar la matrícula los no exentos de ello.

No está mal. Pero, ¿En qué mundo pueden garantizarse esos “derechos”? Si 7.000 millones de personas quieren comer atún todos los días, ese puede ser su capricho, pero ¿Dónde están los atunes? Si todos queremos tener piscina en nuestras casas, ese puede ser nuestro capricho, pero ¿Donde está el agua para ello?

Hay otra forma de enfocar el problema, y esa forma pasa por establecer un mandamiento nuevo, del siglo XXI, radicalmente contrario al del siglo XXI anterior a la era común: “No crezcáis, no os multipliquéis, compartid lo que hay en el planeta. Sed ricos sin destrozar la casa común”. La idea es conservar y producir, en vez de gastar. Se puede disfrutar de la vida sin destruir sus recursos. En Murcia, por ejemplo, se puede ser rico capturando energía solar mediante celdas fotovoltaicas, en vez de mediante tomates. El deporte en Alicante puede ser nadar en el mar o montar en bicicleta, en vez de jugar al golf. No vamos a proponer a los esquimales que jueguen partidos de fútbol en campos helados, ni a los habitantes de Uganda partidos de hockey sobre hielo. No tiene sentido inducir a un muchacho que mide 1.50 metros a que sea campeón de baloncesto, ni a otro que mide 2.20 metros que sea campeón de levantamiento de pesas, aunque cada uno podría reclamar su “derecho” a serlo.

Necesitamos a los animales y a las plantas de este mundo. No podemos convertirlas en propiedades “nuestras”. No es que no debamos hacerlo, es que al intentarlo las estamos haciendo desaparecer. Escuchar música es un placer que no consume recursos, como no los consume el leer (los árboles que proporcional la pasta para el papel pueden crecer indefinidamente, si el suelo se cuida bien). Pasear por el monte, por el campo, no exige agua como lo hacen las piscinas. Nadar en el mar es tan placentero o más que nadar en esas mismas piscinas. Así con todo lo que podamos imaginar. Podemos “crecer” en calidad, no en cantidad. Podemos, pensando en esto de las piscinas, darnos un paseo para poder nadar, en vez de exigir que esa posibilidad esté bajo nuestro mismo dormitorio.

Tenemos un planeta limitado. No tenemos agua en cantidad infinita, ni podemos ensuciar infinitamente el aire, ni destrozar los bosques de manera infinita, ni capturar en cantidades infinitas los peces del mar. Podemos vivir muy bien en nuestro planeta, si dejamos de derrochar sin beneficio recursos escasos como son el agua y el aire.

Tenemos que desechar el párrafo del Génesis, escrito desde y para una mentalidad tribal y substituirlo por: “No crezcáis, no os multipliquéis. Compartid la Tierra y lo que hay en ella”. En vez de dominio, cooperación, en vez de expolio, conservación. Aunque pensemos que no, seremos, realmente, mucho más ricos. Entre otras cosas, no tendremos hipotecas.

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