El mundo de ‘Matrix’

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Antonio Ruiz de Elvira
Físico, Presidente de Científicos por el Medio Ambiente

5 de marzo de 2008.- Ayer, tras varias semanas de calor anómalo en España, un meandro profundo de un chorro polar alejado de la Península arrastra aire helado sobre la misma. Durante 5 días se limpiará el cielo de Madrid que sin embargo volverá, tras esos 5 días, a los mismos niveles de contaminación por las nanopartículas que emiten los vehículos diesel que nos están convirtiendo los bronquios en pulmones de fumador.

Lleva años y décadas lloviendo mucha menos cantidad de lluvia suave, la que empapa y recarga los acuíferos, y mucha más cantidad de lluvia torrencial, que arrastra los suelos; y con periodos cada vez más largos de sequías. El clima esta cambiando 20 veces más deprisa de lo que lo ha hecho en los millones de ocasiones anteriores, y lo está haciendo por obra y gracia del ser humano, que sin embargo puede detener ese cambio. ¿Lo quieren detener realmente nuestros gestores públicos?

Anteayer dos de éstos gestores, que quieren ser, o permanecer, como jefes de la tribu española, se asignaron como logros el funcionamiento normal de la sociedad, rechazaron cualquier responsabilidad en su funcionamiento anormal e hicieron propuestas que ni empírica ni teóricamente tienen el menor sentido, propuestas esencialmente quiméricas. Uno de ellos propuso crear dos millones de puestos de trabajo en cuatro años. Esto quiere decir medio millón de puestos de trabajo anuales, 41600 mensuales, o 1389 empleos diarios.

Si pensamos en empresas de 20 personas, que precisan un capital de formación de unos 4 millones de euros cada una, eso quiere decir 69 empresas nuevas diarias, mas de una por provincia española. ¿Qué van a producir y vender cada una de esas empresas? Y 69 nuevas empresas diarias, ¿Son viables a lo largo de más de 4 años? Porque se trataría de empleos durables, no de crear dos millones de empleos que desaparecen al día siguiente de su creación.

Esto no lo ha hecho ningún país de 44 millones de habitantes, de 12 millones de empleos, nunca a lo largo de los últimos 100 años, salvo en casos de guerra (y entonces los empleos creados no han durado más allá de esa guerra, y eso solo en los EEUU). Y no es posible hacerlo dentro de un esquema de una teoría económica que solo considera el equilibrio y desprecia la variable tiempo.

El trabajo no es un problema en el mundo moderno. En nuestro mundo de hoy basta con que un 10% de la población trabaje realmente ( no se limite a rellenar formularios para pasar de una mesa a otra). El resto puede vivir, perfectamente, sin trabajar. Esta es la realidad actual.

El problema real con el que nos enfrentamos es la destrucción de nuestro habitat, del medio ambiente, empezando por el clima, siguiendo por la desertificación y acabando con la biodiversidad. Pero sobre estos problemas ambos gestores públicos pasaron de puntillas, pisando huevos. Sólo uno de ellos dijo “… nos ocuparemos del cambio climático…”, sin dar cifras, plazos de actuaciones, presupuestos, etc.

Necesitamos, como seres humanos, cambiar radicalmente, en un giro de 180º, nuestra forma de enfocar la vida. Es claro que tenemos los jefes que el ambiente social en que vivimos nos hace desear, tenemos los jefes que queremos y merecemos, fiel reflejo de una sociedad quimérica, virtual, ‘a la Matrix’, una sociedad que supone que todo lo que precisa cae del cielo, o sale del grifo que alguien, misteriosamente, ha instalado. Una sociedad que llama a la Virgen, o a Confucio, que en vez de llamarse a si misma, llama siempre a ‘otros’, no para sobrevivir, que es la esencia de la vida, sino para que se cumplan, sin esfuerzo, sus deseos.

Cuando el desafío, cambio climático, desertización, biodiversidad, está llamando a la puerta y amenazando nuestra propia supervivencia, la sociedad, y su fiel reflejo, los jefes que nos merecemos, lo que quiere es una semana en el Caribe, o unos días de esquí en los Pirineos.

Nos merecemos todo lo que nos está pasando. Cosechamos lo que sembramos.

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