El calentamiento global y la pereza mental

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27 de febrero de 2009.- Ayer daba El Mundo (con una magnífica foto de Gustavo Catalán) la noticia que los científicos que nos ocupamos de esto del clima conocíamos desde hace algunos años: los Polos (norte y sur) se están fundiendo mucho más deprisa de lo que el público en general suponía. ¿Por qué, y qué importancia puede tener esto?

El clima es un sistema no lineal. Casi todos los sistemas naturales son no lineales, pero la física y, sobre todo, la ingeniería de los últimos siglos nos han hecho pensar que las cosas son lineales: que a doble causa sigue doble efecto. Si esto fuese así no habría el menor problema con el cambio climático: nos adaptaríamos a él con facilidad.

Pero esto no es así. Los sistemas no lineales amplifican (o reducen) fuertemente los efectos de las causas, y lo hacen de manera retardada. La función no lineal más sencilla posible es la que aparece al dar repetidamente a la tecla x2 en una calculadora de mano: pongamos 1.0000000001 en la pantalla de la calculadora y apretemos la tecla x2 repetidamente. Durante mucho tiempo el 1 sigue siendo 1, y nos cansamos de apretar la tecla. Pero si perseveramos veremos que repente los números empiezan a crecer vertiginosamente y que en cuatro o cinco veces de apretar la tecla a partir de entonces los números estallan.

Éste es el problema del cambio climático: durante mucho tiempo sus efectos han estado disimulados dentro de las variaciones naturales, pero ahora empiezan a aparecer con fuerza. Cuando había que haber actuado (como con la crisis económica) no se actuó, se siguió emitiendo CO2 a la atmósfera de manera alegre y despreocupada (se siguieron construyendo y comprando casas para pagarlas mañana) y ahora vemos que el problema es muy difícil de arreglar (a ver cómo recuperamos hoy el dinero que nos gastamos ayer).

Y ¿por qué tiene que preocuparnos que se fundan los hielos? Hay dos razones: si se funde Groenlandia o, sin fundirse, si sus glaciares resbalan hacia el mar, el nivel del agua del mar sube 6 metros. Ahora bien, una enorme cantidad de viviendas de costa están a menos de 6 metros sobre el nivel del mar. La gigantesca inversión inmobiliaria de segundas viviendas cae al mar y se pierde. (Y se genera una costa llena de escombros, 2000 kilómetros de escombreras. ¡Bien!). Y no sólo las segundas viviendas. Cádiz, parte de Málaga, de Huelva, Almería, Cartagena, Alicante, Valencia, Tarragona y parte de Barcelona están a menos de 6 metros sobre el nivel actual del mar. Incluso partes de Sevilla. Esas partes quedarán sumergidas si se funde Groenlandia. Si se fundiese, o resbalasen los hielos de la Antártica, el nivel del mar subiría 150 metros.

La segunda razón es que las lluvias en España dependen de la temperatura del polo norte. Si esta temperatura sube 6 ºC, en España deja de llover de forma suave, la única que empapa el suelo y recarga los acuíferos, y sólo llueve de manera torrencial, que no sirve para almacenar agua y destroza ese mismo suelo.

Por cualquiera de las dos razones la fusión, o el deslizamiento de los hielos de Groenlandia hacia el mar, supondrán, si no se detiene el fenómeno, la inviabilidad de España como hábitat humano, al menos hasta que se produjese una readaptación que necesitaría algunos siglos.

Se avisaba de la crisis económica, y los bancos, y los sesudos economistas, acusaban a los que avisaban de agoreros maltusianos.

La crisis climática, si acaba ocurriendo, será 100 veces más drástica que la económica actual. Se nos acusa de agoreros.

Pero podemos parar la fusión o el deslizamiento de los hielos si dejamos de emitir CO2. Y podemos hacerlo y al hacerlo así entraremos en una nueva etapa de prosperidad económica para el 99.99999″¦.. % de los seres humanos (no para las petroleras o para los que venden carbón, evidentemente). Además entraremos, si nos decidimos a detener el cambio climático, en una etapa de una inmensa mejor calidad de vida: coches eléctricos o de hidrógeno, no contaminantes y silenciosos, energía superabundante, ciudades sin atascos, etc. etc.

Se plantea hoy la misma alternativa que se planteó en el siglo XVII con los arbitristas: podemos elegir seguir con nuestra antigua y derrochadora y contaminante vida, o podemos cambiar el paradigma.

¿Qué elegimos?

Por Ruiz de Elvira

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